Pasaron más de tres años del brutal femicidio que le arrebató la vida de su hija. Sin embargo y para su pesar, el recuerdo del dramático momento que tuvo que atravesar sigue intacto. La protagonista es la mamá de Pamela Rodríguez, la joven que fue asesinada y degollada por su ex en Calingasta, y por primera vez en mucho tiempo cuenta su verdad.
Lorena Rodríguez es quien, pese al dolor por todo lo vivido, debió sacar fuerzas y reponerse para criar a su nieto, un pequeño que en un arrebato de furia demencial se quedó sin su madre y su padre, y por el que busca que sea amparado por la Ley Brisa. El hecho ocurrió el 23 de febrero de 2020 y fue el claro ejemplo de que con una resolución judicial no alcanza para evitar la fatalidad.
Es que el femicida, Ángelo Castillo, tenía una restricción perimetral y no podía acercarse a la joven de 17 años por las denuncias de violencia de género que pesaban en su contra. No obstante, nada lo detuvo para cometer uno de los crímenes más violentos que ocurrieron en el departamento y que convirtió a Pamela en la primera víctima de femicidio del lugar.
Es por esa razón que la madre todavía tiene resentimientos con la Justicia por no ofrecerle garantías a su hija. El femicida la hostigaba y pretendía regresar con ella. Era su vecino y todos los días la buscaba para hablar, a pesar de que por orden del Juzgado de Paz no podía. De todas formas, Lorena reconoce que era imposible cumplir con lo que había dictado la Justicia, ya que Castillo vivía a metros de la víctima y nada ni nadie pudo frenar el desastre.
Como si fuera hoy, la mujer que lucha contra el cáncer y que encuentra motivación en su nieto, el hijo de Pamela, recuerda cómo fue el traumático suceso, cuando Castillo ingresó a su casa mientras todos dormían y atacó a la muchacha a sangre fría. Cuenta que prácticamente su hija murió en sus brazos y confiesa que hasta el último segundo le pidió que resistiera. "Ella lo único que decía era el nombre del bebé, estaba desesperada por su hijo, pensaba que también le había hecho algo", relata.
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El asesino, que era puestero y como tal sabía cómo usar las armas blancas, le había cortado el cuello y la víctima se desangró. Pese a los intentos de su madre y sus hermanos por contener la sangre y del personal médico que la trasladó en ambulancia al hospital, Pamela murió.
Lorena reconoce que se cruzó con Castillo, segundos después de la brutal agresión, y hasta hoy no puede comprender con la tranquilidad con la que se marchó. "Me despertaron los gritos de Pamela y, cuando me levanté rápido, lo vi cuando se iba. Me fui atrás de él porque pensé que le había pegado, para recriminarle que no volviera y él muy tranquilo, sin decir nada, se fue caminando. No corrió ni nada", cuenta.
Lo que siguió después fue tremendo porque encontró a su hija en un mar de sangre y, en medio de un cuadro de desesperación, tuvo que ser fuerte para ella. "Le pedía que aguantara, le decíamos que su hijo estaba bien. Estuvo consciente en todo momento y no me despegué de ella hasta el final, hasta que la llevaron al quirófano", rememora la mujer que no pierde la compostura a pesar del profundo dolor.
El femicida fue condenado a cadena perpetua, pero Lorena nunca pudo tener ni siquiera una explicación, si es que la hay ante semejante atrocidad. En el juicio que se celebró en febrero de este año, Castillo evitó declarar. Incluso, no fue llevado a Tribunales, por lo que escuchó la sentencia vía Zoom desde el Penal de Chimbas. El último recuerdo que tiene la mujer de él es su cara en un televisor y por ello reconoce que esperaba alguna palabra de su parte. "No dijo nada, ni perdón, ni por qué lo hizo, ni nada. No lo entiendo", confiesa.
A pesar de que es el padre biológico de su nieto, Lorena asegura que mientras ella respire hará todo lo posible para que nunca lo vea. "Él no es nada, padre es el que cría, él no pensó en su hijo cuando mató a su mamá. No pensó que lo dejaba solo en el mundo, no le importó. Es por eso que para nosotros no existe y, aunque sea duro, cuando llegue el momento le contaremos a 'N' lo que pasó. Él tiene que saber lo que hizo", declara.
La abuela que tuvo que hacerse cargo del chiquito que hace poco cumplió sus cuatro años admite que el niño es la luz de sus ojos. Detalla que aunque tiene otros nietos, es especial y que con su inocencia y sus ocurrencias encuentra la felicidad, luego de tanto sufrimiento. A pesar del dolor físico por su enfermedad y del dolor en su corazón por la pérdida, descubrió que tiene motivos por los qué pelear. Es por eso que pretende que la ley que asiste a los hijos de las víctimas de femicidio ampare a su nieto.
"Él tiene cosas de Pamela, es muy intruso. Me estoy por ir a comprar y ahí nomás agarra las zapatillas y me dice yo voy con vos, no se quiere perder nada. Siento que se me fue una hija, pero gané un nieto maravilloso que me hace feliz, que nos da vida y ganas de seguir adelante", expresa sobre el nene que sabe que su mamá está en el cielo.
Acompañada por la Asociación de las Familias Unidas por el Dolor del Femicidio, que la apoya en sus luchas, Lorena vino a la ciudad por su tratamiento médico y también para asesorarse en el inicio de los trámites. "Espero que respeten la ley y me den la asistencia", sostiene quien debió recibir la ayuda de sus otros hijos para afrontar la dura situación.
Pasó el tiempo y por ello ahora decidió hablar con un medio en profundidad. Llama la atención que en ningún momento del relato se quiebra. Sorprende su entereza. Dice que tiene días buenos y días malos, que el dolor en los huesos la invade y que algunas veces la morfina no es suficiente. Reconoce que lo que le tocó vivir se podría haber evitado y por ello le recomienda a las madres, abuelas y hermanas sanjuaninas que hagan lo posible para que las jóvenes que sufren violencia no terminen como su hija.
Aunque que no puede volver el tiempo atrás, Lorena sigue adelante. El destino le propuso otros desafíos a superar y, en un contexto en el que la economía se torna de guerra, ella ya encontró los motivos por qué pelear.