La "pileta" de la muerte: cómo es el tramo del canal Benavídez que está entre dos populosas villas y se convierte en una peligrosa diversión
En medio de dos barrios populosos, un sector del canal se transforma cada tarde en un balneario improvisado. Tras la muerte de Pablo Araóz, el niño de 13 años que fue encontrado sin vida el domingo pasado, vecinos advierten que el riesgo es cotidiano y que los chicos se meten igual, pese a las advertencias.
Son las 17.30. El calor es cada vez más pesado en San Juan y, una vez más, el canal Benavídez aparece como una opción rápida y cercana para refrescarse. Los chicos caminan por la orilla del tubo a cielo abierto, bordean el cemento caliente, buscan un árbol o un poste para colgar la ropa. Zapatillas, remeras y toallones quedan amontonados al costado del cauce. En cuestión de segundos, los cuerpos se zambullen en el agua turbia y profunda. Para ellos es una diversión, pero para quienes viven en la zona es una postal diaria que estremece.
Ese mismo canal, el que muchos ven como una pileta improvisada, algunos lo llaman "el canal de la muerte". Allí, hace apenas unas horas, fue hallado sin vida Pablo Araóz Castelino, un adolescente de 13 años, en el tramo que está a la altura de calle Maradona, en el límite entre Chimbas y Rivadavia. Antes de él, los vecinos hablan de otras tragedias similares. Vidas que el agua se llevó y que todos recuerdan.
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Tiempo de San Juan recorrió el lugar este martes por la tarde, pocas horas después de que se encontrara el cuerpo del menor. Ningún vecino quiso salir en las imágenes, pero muchos contaron lo que ocurre a diario, especialmente en verano, cuando el canal se convierte en una atracción inevitable para niños y adolescentes.
“Esto es una pileta pública”, resumió un vecino con preocupación. Otro relató que, si bien ahora la policía pasa con mayor frecuencia para advertir sobre el peligro, los controles no alcanzan. “Pasan, les dicen que se salgan, pero ellos se meten igual. Acá pueden haber chicos de 4 años dentro del canal”, señaló.
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El tramo más crítico está ubicado entre Villa Lourdes y el barrio Costa Canal, por calle Colón, antes de llegar a Paula Albarracín de Sarmiento. Una zona súper transitada, con calles angostas, pasadillos y un canal, una tentación de la que a veces es difícil de escapar. Allí, cada tarde, la escena se repite: los chicos dejan la ropa en la orilla y se lanzan al agua. Algunos son arrastrados por la corriente y pasan por debajo del puente. Otros se deslizan por el borde de cemento y se sostienen de una soga atada a un árbol, en un intento precario por mantenerse a flote.
“Después de las 16 horas ya aparecen los niños bañándose. Acá del barrio ya fallecieron dos personas. Pero ellos no advierten los peligros, se bañan igual, lo ven como una diversión”, contó una mujer de la zona, resignada ante una realidad que se repite año tras año.
Embed - A días del accidente en el canal de Benavídez, ciudadanos se bañan libremente
Durante la recorrida, este medio utilizó un drone para dimensionar la magnitud del lugar y la cantidad de personas que se acercan a bañarse. Sin embargo, al escuchar el ruido del aparato, varios chicos comenzaron a largar piedras, y el fotógrafo de este medio debió retirarse ante las amenazas por las imágenes que estaba tomando.
Para los vecinos, la solución debería ser más contundente. “Lo ideal sería que lo cierren. Es impresionante la cantidad de chicos que vienen a bañarse”, expresó un habitante del sector. Otros aseguran que, si bien este punto es uno de los más visibles, la postal se repite a lo largo de todo el canal Benavídez, que atraviesa distintos barrios populosos de Chimbas, Capital y Rivadavia.
Mientras la Justicia investiga las circunstancias de la muerte de Pablo Tiziano, el dolor se mezcla con una advertencia que se repite en cada testimonio. "El canal no es una pileta", dice un vecino. En realidad es una obra hidráulica, con corrientes impredecibles y profundidad irregular, que ya se cobró varias vidas y que, pese a todo, sigue siendo escenario de una diversión tan peligrosa como cotidiana.