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Historias del Crimen

Una relación clandestina, la última charla y un asesinato por ambición en Caucete

Es la historia de dos cauceteros que mantenían encuentros íntimos. Una noche de octubre de 1984 se reunieron y uno mató al otro de una manera brutal en un paraje en las afueras de Caucete.

Por Walter Vilca

Los dos habían llegado allí con la excusa de comer un asado, pero la idea era estar solos. Se percibía un clima tenso. Cada uno venía meditando en qué hacer y se quedaron sentados a hablar en la cabina de la camioneta.

“Ando mal con mi familia. Discuto mucho con mi mujer y estoy pensando en alejarme de la vida con los hombres”, largó uno de ellos. La otra persona asintió con la cabeza, pero ni lo escuchó. Por dentro se decía a sí mismo que esta era la noche indicada y no podía dejarla pasar.

“Lamento mucho decirte que no voy a poder comprarte la finquita y la incubadora porque ando más seco que nunca. Y mi hermano me está controlando la plata”, continuó diciendo el primero de ellos mientras bajaba la carne y la leña en ese sitio desolado. “Vamos a tener que cortar y no vernos más”, remató, esperando que la otra persona comprendiera la situación.

“No te hagas problemas, otra vez será”, respondió tranquilo el otro, simulando que no le importaba. En realidad, ya tenía todo resuelto. Nada cambiaría el curso al plan ambicioso y diabólico digitado hace meses y que esa noche del viernes 5 de octubre de 1984 ejecutaría sí o sí.

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Otros tiempos. Así se ve hoy la zona donde ocurrió el crimen. Es sobre la ruta 20, a 15 kilométros de la villa cabecera de Caucete.

Otros tiempos. Así se ve hoy la zona donde ocurrió el crimen. Es sobre la ruta 20, a 15 kilométros de la villa cabecera de Caucete.

Ambos prendieron el fuego y se pararon alrededor de las llamas, sin quitarse las miradas de encima. Uno, inquieto aún por su decisión de cortar abruptamente la relación. El otro, por los nervios, porque le sudaban las manos y tanteaba en qué momento actuar.

Ataque a traición

Hasta que éste último vio distraído a su acompañante y le largó una furiosa trompada entre la oreja derecha y el cuello. Su amigo cayó aturdido contra el piso e intentó pararse, pero el otro agarró una piedra que apenas cabía en su mano derecha y le partió la cabeza. Pero eso no noqueó a la víctima, que amagó otra vez con levantarse y recibió la segunda pedrada en el cráneo que lo dejó moribundo. “¡¡Ay, mamá!!”, se le escuchó decir, entre su llanto de dolor y su ahogada respiración.

El que agonizaba tendido en la tierra era Nicanor, un productor agrícola de Caucete. El atacante, Martín Pascual “El Loco” Aldalla, que parecía no conmoverse ante el sufrimiento de su amigo de años y también amante. Tanto que sacó la bolsa plástica en la que llevaban la carne del asado y le cubrió la cabeza de la víctima por la sangre que emanaba. Buscó la tela de hule que tenían en la caja de la camioneta y envolvió el cuerpo. Después lo sujetó con un cordel a la altura del pecho y lo arrastró un trecho hasta que lo lanzó al fondo de una hondonada de 10 metros de diámetro, por 50 centímetros de profundidad.

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El Lugar. Esta foto de Diario de Cuyo capturó los momentos en que la Policía inspeccionó el lugar donde encontraron el cadáver.

El Lugar. Esta foto de Diario de Cuyo capturó los momentos en que la Policía inspeccionó el lugar donde encontraron el cadáver.

Nicanor fue abandonado a su suerte en ese paraje desolado llamado Quebrada de las Flores, al costado de la huella que conducía a la vieja ripiera Paolini y a 500 metros de la ruta nacional 20, distante a 15 kilómetros de la ciudad de Caucete. El hombre de 39 años agonizó y murió allí en las últimas horas del viernes 5 de octubre de 1984.

La camioneta

“El Loco” Aldalla no quiso dejar huellas. Con una pala que había en el vehículo, levantó parte de la tierra con sangre y la cargó en un tacho. También subió la parrilla y la carne y apagó el fuego. A partir de ese momento continuó con el resto del plan. Ya frente al volante de la camioneta Ford F-100, tomó por la ruta hacia Caucete, bordeó el poblado y cruzó el departamento San Martín y Santa Lucía para desembocar en San Juan Capital. En el camino se deshizo del tacho, la pala, la carne y la parrilla para no tener nada comprometedor consigo.

Llegó a la intersección de las calles España y 9 de Julio y estacionó la camioneta en las cercanías. Esa noche durmió en una vieja pensión de la zona y en la mañana del sábado 6 de octubre de 1984 buscó a Antonio Gutiérrez, el dueño de una agencia de auto que funcionaba en proximidades de esa esquina. El encuentro estaba pactado. Aldalla había prometido al comerciante traerle una Ford F-100 para que la ofreciera a la venta y éste le había dicho que podían obtener hasta 500 mil pesos.

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El único responsable.

El único responsable. "El Loco" Aldalla era trasladado por dos policías de civil tras su detención. Foto de Diario de Cuyo.

Aldalla le entregó el vehículo y volvió a Caucete en colectivo, con algunos pesos en sus bolsillos. El secreto acerca del crimen de su amigo era solamente suyo y lo guardó confiando que no sospecharían de él. No tenía testigos y nadie los había visto juntos esa noche.

El 6 de octubre de 1984 la familia de Nicanor denunció en la Comisaría 9na de Caucete la desaparición del productor agrícola. Debía volver esa misma noche del viernes o en la madrugada del sábado y su extraña ausencia despertó temor. El domingo 7 de octubre la Policía con la colaboración de la familia, los amigos y los empleados de su finca iniciaron rastrillajes en las afueras de la villa cabecera en búsqueda del finquero. No aparecía ni la camioneta.

El simulador

“El Loco” Aldalla continuó sobreactuando, incluso habló con un hermano de Nicanor y le dijo que podía andar por los campos de “Punta del Agua”, en 25 de Mayo. “Íbamos seguido para allá”, le comentó, y lo acompañó a recorrer esa zona. Su idea era distraer y alejar a todos de la Quebrada de las Flores.

En esos días en que buscaban a Nicanor por Caucete y los departamentos aledaños, los policías de la Comisaría 2da de Concepción obtuvieron el dato que una camioneta Ford F-100 como la que buscaban estaba puesta a la venta en una agencia de automotores de Capital. Los uniformados llegaron al negocio de España y 9 de Julio y confirmaron que la Ford que exhibían en la puerta del local pertenecía al caucetero desaparecido el 5 de octubre.

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Inspección ocular. Martín Aldalla explica al juez y a los policías todo lo que hizo después de matar a su amigo. Foto de Diario de Cuyo.

Inspección ocular. Martín Aldalla explica al juez y a los policías todo lo que hizo después de matar a su amigo. Foto de Diario de Cuyo.

Con orden del juez de turno, secuestraron el vehículo y detuvieron a Antonio Gutiérrez, el propietario de la agencia. El vendedor de autos fue interrogado por los policías y largó ahí nomás. Contó que un hombre “con barba en la pera” le entregó la Ford para que lo vendiera, pero no sabía el nombre de esa persona.

La detención

Los investigadores fueron a Caucete con esos datos y preguntaron entre los familiares de Nicanor qué amigo o empleado de la finca poseía barba tipo candado y solía tener confianza con el productor agrícola. De esas averiguaciones surgió el nombre de “El Loco” Aldalla, un exboxeador amateur y hombre de estrecha relación con Nicanor.

El miércoles 10 de octubre de 1984, los policías bajo las órdenes del juez Humberto Caballero -del Sexto Juzgado en lo Penal- apresaron a Martín Pascual Aldalla. Las sospechas caían sobre él porque había estado en la cárcel por robo, además otros empleados contaron que “El Loco” tenía una relación de apego con el finquero.

Aldalla se hizo el desentendido cuando lo entrevistaron, pero no pudo explicar con quién estuvo o qué hizo la noche de la desaparición de Nicanor. Los investigadores lo notaron cada vez más nervioso y preocupado, y le hicieron la psicológica hasta que “El Loco” cantó. Después de muchos rodeos, confesó que había matado a golpes al productor agrícola.

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Indagatoria. Aldalla confesó el asesinato y la motivación que tuvo durante la indagatoria. Foto de Diario de Cuyo.

Indagatoria. Aldalla confesó el asesinato y la motivación que tuvo durante la indagatoria. Foto de Diario de Cuyo.

Reveló que fue él quien se llevó la camioneta y la entregó al agenciero para que la vendiera. Ese día detuvieron a Carlos Corzo, otro caucetero que oficiaba de intermediario y comisionista con la venta de auto y con el cual Aldalla también había hablado por la venta de la camioneta.

Martín Aldalla en persona condujo a los policías al paraje Quebrada de las Flores, al costado de la ruta 20. El cadáver estaba tal cual lo había dejado, pero en estado de descomposición. Conservaba el hule con el que lo envolvió, la cuerda alrededor y la bolsa de plástico en la cabeza. El médico forense confirmó que Nicanor murió como consecuencia de las fracturas y las lesiones en el cráneo.

La confesión

Con las horas y los días, “El Loco” Aldalla se fue soltando. En la indagatoria, relató en detalle los entretelones del crimen. Ahí contó que se conocían con el productor agrícola de cuando eran adolescente y que desde que él tenía 17 años mantenían “relaciones sexuales anormales” entre ellos, según se detalla en un documento judicial.

Aseguró que nadie sabía de esa relación prohibida, que Nicanor y él viajaron juntos a distintos lugares del país y, pese a que ambos estaban casados, se reunían periódicamente en un lugar alejado para compartir un asado y tener sexo.

En otra parte, confesó que tres meses antes empezó a pergeñar el plan para asesinar a su amigo. Según él, Nicanor había prometido hacía tiempo comprarle un terreno en la zona de las calles De Los Ríos y Juan José Bustos para que levantara su propia finca y pusiera un criadero de chanchos. Pero como veía que los años pasaban y esa promesa nunca se cumpliría, se cansó y decidió matarlo para apropiarse de la camioneta y la plata que pudiera llevar encima.

Tanto la víctima como el homicida eran casados y tenían hijos. Su relación fue mantenida en secreto durante años y salió a luz tras el asesinato.

Explicó que, por esa razón, los días previos al asesinato mantuvo contacto con el caucetero Carlos Corzo para que lo ayudara a vender la camioneta y lo mismo hizo con el agenciero Antonio Gutiérrez de Capital, con quien finalmente pactó la entrega del vehículo el 6 de octubre. En esa parte de la declaración desvinculó a estos dos hombres y aclaró que ninguno de ellos no sabía de la procedencia del vehículo y del asesinato que tenía en mente.

Se hizo responsable de todo. Aseguró que se encontró con Nicanor el viernes 5 de octubre en horas de la mañana en la finca y acordaron reunirse a las 21 para tener otros de sus encuentros íntimos. Él lo esperó sobre la calle (hoy avenida) De los Ríos, cerca de J.J. Bustos, y el productor agrícola pasó a buscarlo en su camioneta Ford F-100, con la carne, la parrilla y la leña para el fuego, aseguró.

Condena asegurada

Admitió que ya iba decidido acabar con la vida de su amigo. De acuerdo a su versión, llegaron a la Quebrada de las Flores y hablaron unos minutos dentro del vehículo. Nicanor le confió que deseaba terminar con la relación y que el sueño de comprarle la finquinta no sería posible porque no andaba bien económicamente, señaló en su descargo.

Con mucha frialdad, confesó que casi no le prestó atención a todo lo que le decía Nicanor porque sabía que esa noche lo iba a matar. Y que así lo hizo. Prendieron el fuego, la víctima saló la carne y lo atacó cuando ambos estaban parados frente a la fogata, describió. Dijo que primero le lanzó la trompada y, una vez que lo tuvo indefenso en el piso, lo dio dos golpes en la cabeza con una piedra de gran tamaño que encontró en el lugar.

Martín Pascual Aldalla, alías “El Loco”, fue procesado en mayo de 1985 por el delito de homicidio doblemente agravado, por la alevosía y criminis causa. Los otros detenidos, Gutiérrez y

Corzo, fueron sobreseídos de la causa y puestos en libertad. Aldalla fue enjuiciado por el delito de homicidio, agravado por la alevosía y criminis causa. Esto último por haber atacado a traición a su víctima y por cometer el crimen para ocultar el robo.

El juicio se realizó en 1987. La defensa quiso demostrar que Aldalla era inimputable por una supuesta alteración mental, pero los informes psicológicos señalaron que comprendía la criminalidad de sus actos y podía someterse al proceso penal.

El tribunal que lo enjuició llegó a la conclusión que fue el autor responsable del asesinato del productor agrícola, que lo llevó engañado a ese lugar aprovechándose de la relación que tenían, que lo atacó a traición y de una forma alevosa y que le quitó la vida para ocultar el delito del robo. El 26 de agosto de 1987 se leyó su sentencia y condenaron a Martín Pascual Aldalla a la pena de prisión perpetua. Según las averiguaciones, "El Loco" aún vive, se encuentra radicado en San Luis.

FUENTE: Sentencia del Poder Judicial de San Juan, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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