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HISTORIAS DEL CRIMEN

El trágico final de una partida de truco y taba en Médano de Oro

Fue una noche de 1954 durante el encuentro entre seis hombres, que bebían y jugaban. Alguien no le gustó perder y se suscitó una pelea que acabó en el asesinato de uno ellos.

Por Walter Vilca

Era domingo a la noche. Algunos ya estaban con unos vinos demás. Así, bien entonados, los tres amigos enfilaron para el viejo bar de la esquina de las calles Vieja y Florida. Allí comenzaron a jugar al truco con otros vecinos, después a la taba. Pero hubo alguien que no le gustó perder y se armó el alboroto. Una típica trifulca de pulpería en la que no faltaron las patadas, trompadas, algún que otro cuchillo y mortal golpe con un trozo de adobe que puso fin a la pelea.

Dicen que la timba siempre lleva a la perdición. Y en esta historia de la madrugada del 1 de agosto de 1954 sucedió justamente eso. Uno de esos hombres que se trenzó en la agria discusión y pelea por la apuesta en el juego, acabó con conmoción cerebral y minutos más tarde murió en el Hospital Guillermo Rawson.

Su nombre era Pedro Domingo Agüero y esa noche había ido junto a su hermano Juan Carlos y su padre a tomar unos tragos al bar de don Miguel Sánchez Amat en Médano de Oro, Rawson. A ese negocio llegaron también Agustín Hipólito Manrique, Higinio Benito Poblete e Isaac Quiroga, otros parroquianos y jornaleros de la zona.

A las cartas

Cada grupo por su lado había estado bebiendo, de modo que estaban animados, con ganas de seguir tomando y jugar a las cartas.  El encuentro fue casual entre Manrique, Poblete y Quiroga con los Agüero. Pero como se conocían de la zona se desafiaron a una partida de truco.

En el fondo, posiblemente había una pica entre ellos; pero claro, no se dijeron nada y tiraron las cartas sobre la mesa para demostrar quiénes eran mejores que los otros en el arte de mentir. Obvio, también hubo plata de por medio, lo que hizo más caliente el encuentro.

Imagen ilustrativa. El juego de la taba es muy tradicional en Argentina.

La cuestión fue que los Agüero perdieron las dos primeras partidas y empezaron las discusiones porque no quisieron pagar. No les gustó perder, entonces redoblaron la apuesta y propusieron dirimir la dispuesta tirando las tabas. Así fue que salieron del bar y caminaron hasta el patio de tierra en la parte delantera del negocio para armar la improvisada cancha.

Tirando la taba

La taba es un juego de antaño que consiste en la participación de dos competidores o dos grupos rivales que, cada uno en su turno, arroja un hueso desde de una distancia de aproximadamente 6 metros para hacer cruzar una línea marcada sobre la cancha de tierra a la que llaman “queso”. Ese hueso es particular por su forma y es extraído del talón de la vaca o del ternero, y se gana o se pierde de acuerdo a la posición en que la taba cae al suelo: si queda con la parte lisa para arriba es “suerte” y se gana. Si cae con la parte hueca del hueso para arriba, es “culo” y se pierde. Ahora, si la taba queda de forma vertical se denomina “pinino” y también se gana, pero además se paga doble, según el portal El Agrario.

De un lado se pusieron los Agüero y del otro Manrique, Quiroga y Poblete. Los ánimos estaban tan caldeados que gritaban y se provocaban cada vez que uno tiraba la taba. Parecía que en cualquier instante se pudría todo. El que perdió la paciencia fue Manrique que, molesto por las burlas de los hermanos, volvió a traer a la discusión la jugada de truco y exigió a Pedro Domingo Agüero que pagara la deuda.

El primer round

Quizás no lo expresó de buena manera o los otros lo tomaron a mal. Juan Carlos Agüero no dijo ni una palabra, directamente se abrió paso y le largó una patada en la cara a Manrique, que estaba agachado listo para tirar la taba. Este reaccionó de inmediato y se le fue encima tirándole una trompada a Juan Carlos. Por detrás apareció Pedro Domingo que, defendiendo a su hermano, respondió con una piña en la nuca a Manrique.

Imagen ilustrativa. Esta es una taba, es un hueso del talón de la vaca o el ternero. Hay quienes le ponen una chapa en ambos lado.

Higinio Poblete se metió rápido en el medio y los separó. Siguieron insultándose, pero los otros participantes consiguieron calmarlos y detuvieron la pelea. Pese a la gresca, se tranquilizaron y acordaron continuar el juego. Nadie quería perder ni marcharse para no quedar como los cobardes. La paz no duró mucho. Al rato, se cruzaron Higinio Poblete y Juan Carlos Agüero y de nuevo empezaron los manotazos.

El que primerio otra vez fue Juan Carlos Agüero, que le pegó una trompada en la cara a Poblete. Su hermano Pedro Domingo también saltó dispuesto a pelear y sacó el cuchillo. Ahí se interpuso Manrique, que gritó molesto: “¡Eh, ¡qué lo que pasa!”, según los testimonios recogidos de la causa.

Pedro Domingo Agüero, que ya estaba enloquecido, se le fue con el cuchillo en la mano buscando amedrentarlo. Los relatos señalan que Manrique dio algunos pasos retrocediendo para tratar de escapar, pero cuando vio que Agüero iba a atacarlo en serio, agarró un ladrillo de adobe y se lo lanzó directo a la cabeza.

Un golpe mortal

Fue un golpe seco, tan certero que impactó en medio de la frente de Pedro Domingo Agüero. Cómo será la fuerza que llevaba ese trozo de adobe, que éste cayó de espalda desmayado y no se levantó más. Todos quedaron enmudecidos. Juan Carlos Agüero y su padre fueron a levantar a Pedro, pero no respondía. Manrique se asustó y salió corriendo.

Los otros hombres auxiliaron a Pedro Domingo. Más tarde lo trasladaron a la guardia del Hospital Guillermo Rawson. Presentaba un grave daño cerebral del que fue imposible salvarlo. Ya estaba sin signos vitales cuando fue ingresado al nosocomio. El muchacho tenía 25 años.

Esa misma madrugada del 1 de agosto de 1954 detuvieron a Agustín Hipólito Manrique, de 22 años y apodado “Flor de Upite”, de acuerdo consta en el fallo judicial. Este joven trabajaba de jornalero en una finca de Médano de Oro, pero era oriundo de 25 de Mayo. Le imputaron el delito de homicidio simple, aunque desde un principio el caso apuntaba a que el crimen había sido cometido en medio de una gresca entre borrachos.

La absolución

Su abogado defensor, durante todo el proceso, sostuvo que Manrique actuó en defensa propia. Sus amigos y otros testigos dieron un pormenorizado relato de los hechos y apuntaron a los Agüero como los que originaron la pelea. El fiscal argumentó que, más allá de las circunstancias, se había configurado el delito de homicidio simple y solicitó la pena de 8 años de cárcel para el jornalero.

El 1 de febrero de 1956 se conoció la sentencia en el Juzgado del Crimen de Tercera Nominación. El juez del caso resolvió absolver de culpa y cargo a Agustín Hipólito Manrique. Entre sus fundamentos, concluyó que el joven se defendió de un ataque, que no hubo provocación de su parte y empleo un medio racional ante la seria amenaza de muerte. Con esos argumentos lo dejó en libertad.

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