viernes 12 de agosto 2022

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
HISTORIAS DEL CRIMEN

La desaparición de “Pepa”, la mentira de su pareja y un femicidio descubierto 5 años después en Angaco

Es el caso de una caucetera de la cual se perdieron rastros en noviembre de 1990. Vivía con su pareja en el campamento de una cantera en Angaco. El hombre afirmó que ella lo había abandonado. En 1995 descubrieron la verdad tras el hallazgo de los restos de la mujer.

Por Walter Vilca 13 de febrero de 2022 - 09:00

Esa tarde lo vieron sentado sobre una piedra, con el rostro desencajado, compungido y con un tobillo hinchado. Le preguntaron por “Pepa” y respondió: “se ha ido. Peleamos y le dio otro de sus ataques de nervios”.

Orlando Del Carmen Valdivia era de pocas palabras, pero tampoco quiso decir nada. Todos sabían que “Pepa”, como llamaban a Julia Josefina Aballay, no estaba bien de salud. Sus trastornos mentales a veces la ponían agresiva o sufría crisis de epilepsia.

No resultaba entonces descabellado pensar que la mujer hubiese escapado hacia las quebradas o cerros que rodeaban la cantera “El Quemado”, en Pie de Palo, Angaco. Los otros dos mineros –compañeros de Valdivia- y la pareja de uno de ellos no estaban en el campamento desde el sábado, así que no había a quién más preguntar.

Era domingo 4 de noviembre de 1990. Ese día, su padre Lino Aballay y José Armando Calderón –el dueño de la cantera- salieron en una vieja camioneta Dodge por las huellas y recorrieron los alrededores del campamento buscando a la caucetera de 35 años por ese inhóspito terreno de la zona de Pie de Palo. No encontraron ni un solo rastro.

La denuncia

En las primeras horas del lunes 5 de noviembre de 1990, Calderón junto con Aballay se presentaron en la comisaría de Angaco y denunció la desaparición de “Pepa” Aballay. Se abrió una causa, pero mucha importancia no le dieron. Supuestamente la Policía la buscó. Y Valdivia siguió encerrado en afirmar que ella lo había abandonado y que no sabía sobre su paradero.

La víctima. Esta era Julia Aballay. Foto publicada por Diario de Cuyo.

Le creyeron. No hacía mucho que convivían. Los testimonios indican que la mujer llevaba menos de un mes en pareja con el minero Orlando Valdivia. Ella tenía tres hijos, pero éstos estaban a cargo de su anterior marido. Además, “Pepa” cargaba con el estigma de sus problemas mentales y por ahí perdía noción de tiempo y lugar. Quizás eso restó el interés por ella. “Ya va a aparecer”, supusieron.

A decir verdad, Julia Josefina Aballay no regresó. Y desde ese día se instaló el misterio entre sus familiares y sus conocidos sobre su suerte porque pasaron semanas y meses y nunca más supieron de ella. Las autoridades policiales y judiciales minimizaron la gravedad de la desaparición de “Pepa” y el caso fue dejado de lado, tanto que pasó al olvido.

En la actualidad, es posible que hubiesen detenido al minero hasta que apareciera la mujer. Era la última persona que había estado con “Pepa”. En aquel entonces, de acuerdo a la causa, hubo un dato que pasaron por alto: días antes de la desaparición, la esposa de otro de los obreros que vivía en el campamento había pedido a la familia de “Pepa” que se la llevaran porque había visto que Valdivia le pegaba. Pero los investigadores no hicieron nada, el hombre siguió su vida como si nada.

Hallazgo inesperado

Pasaron casi cinco años hasta que, por un hecho fortuito, surgió una información que estremeció. El 26 de junio de 1995, el minero Segundo Guillermo Molina caminaba rastreando la veta de laja amarilla en la “Quebrada del Gato”, también en Pie de Palo, halló restos óseos a unos 20 metros de una huella. Se trataba de un esqueleto humano, estaba casi completo y conservaba parte de lo que parecía un vestido.

Hallazgo. Los policías bajando los restos encontrados entre los cerros de Angaco. Foto de Diario de Cuyo.

Ese mismo día alertó a la Policía, que se trasladó a ese lugar distante a 10 kilómetros del campamento de la cantera “El Quemado”. Los policías de la sección Seguridad Personal y los peritos de la entonces División Criminalística confirmaron que eran restos humanos, que pertenecían a una mujer y detectaron que algunos huesos presentaban fracturas. Del primer momento se instaló la teoría de que podían estar en presencia de la víctima de un asesinato.

En los días siguientes, los médicos legistas de la Policía establecieron que, a partir de las evidentes quebraduras, esa mujer había sido atacada a golpes. Era un crimen. Mientras tanto, otros policías revisaron los registros de las mujeres desaparecidas en los últimos años y surgió la pista de que podía tratarse de Julia Josefina “Pepa” Aballay. La denuncia en relación a ella indicaba que había sido vista por última vez en esa zona de Angaco.

Por otro lado, a través de los estudios sobre los restos y el análisis de una planta que había crecido entre los huesos, determinaron que esos huesos permanecían allí desde al menos tres años. Llevaba un vestido manga larga color azul, con flores blancas y pétalos rosados. Todo daba a entender que sería “Pepa”, la mujer perdida en noviembre de 1990. Posteriormente, hicieron un cotejo de las piezas dentarias con los testimonios de personas que afirmaban que a la mujer le faltaban algunos dientes y también coincidían. El esqueleto indudablemente pertenecía a Julia Josefina Aballay.

La detención

El 6 de julio de 1995, los investigadores policiales detuvieron al minero Orlando del Carmen Valdivia como sospechoso del asesinato de “Pepa”. Una versión policial consignó que el obrero reconoció el crimen: “se me fue la mano”, habría dicho, e involucró a José Calderón –el dueño de la cantera- como cómplice en el momento de deshacerse del cadáver.

Traslado. Los peritos trasladan los restos. Foto de Diario de Cuyo.

Después lo confesó ante el entonces juez Carlos Reinoso, en el Primer Juzgado de Instrucción, y despegó a Calderón, que nada tenía que ver con el homicidio. Valdivia relató en la indagatoria que siempre mantenía discusiones con “Pepa” porque él se emborrachaba. Que aquel día él llegó ebrio, que ella se disgustó y escapó del rancho que compartían en el campamento de la cantera “El Quemado”.

Su versión fue que luego él salió a buscarla y la persiguió por las quebradas hasta que le dio alcance. “Yo la golpié con los puños hasta que cayó y quedó quieta”, de acuerdo a un documento judicial. Según Valdivia, la dejó inconsciente, bajó del cerro y se dirigió a Angaco. De ahí no supo qué pasó con “Pepa”.

El misterioso caso se develaba cinco años después y había una declaración en la que el autor se autoincriminara. Esa confesión fue una prueba contundente para que quedara preso. En esa época no existía el agravante de femicidio. Lo llamativo fue que ni siquiera le agregaron el agravante del vínculo, dado que eran pareja. El delito que le imputaron fue sólo el de homicidio simple.

El juicio

Orlando del Carmen Valdivia González, quien era oriundo de Calingasta y tenía 42 años al momento de su detención, fue llevado a juicio dos años más tarde en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional. En el debate hubo polémica. En primer lugar, el obrero se retractó y aseguró que sufrió apremios ilegales por parte de los policías para que se declarase autor del asesinato. “Yo no la maté”, juró ante los jueces, mientras que declaró que era verdad que aquel día pelearon, pero que ella abandonó voluntariamente la casa.

El femicida. Orlando del Carmen Valdivia González durante el juicio. Foto de Diario de Cuyo.

La defensa, encarada por la defensora oficial Alicia Pontoriero, apuntó en esa dirección y argumentó que la primera declaración no era válida. Así también planteó que a su entender no existían pruebas científicas que respaldaran que ese esqueleto perteneciera a Julia Josefina Aballay, como tampoco que se estableció con certeza que esa persona haya sido víctima de un asesinato. Esto porque solo encontraron restos óseos y la sola existencia de fracturas en los huesos no era prueba suficiente de un crimen.

La teoría oficial

El fiscal de cámara Gustavo Manini dijo todo lo contrario y dio una explicación sobre cómo sucedieron los hechos, tomando también la primera declaración del acusado. Su conclusión fue que la pareja discutió entre los días 3 y 4 de noviembre de 1990, que no había nadie más que ellos dos en el campamento y que “Pepa” decidió abandonar para siempre a Valdivia.

En el marco de esa teoría, afirmó que la mujer caminó por un sendero en dirección a Angaco. Que Valdivia salió por detrás, que después de un largo trecho la alcanzó y la dio una brutal paliza. Los médicos legistas y forenses declararon que la víctima presentaba fracturas de costillas y de pelvis, que esas heridas eran producto posiblemente de golpes de puño y puntapiés.

Declaración. Valdivia dando su declaración. Foto de Diario de Cuyo.

En base a esto, el representante del Ministerio Público sostuvo que eso explicaba de por qué, ese día que desapareció la mujer, Valdivia tenía un tobillo hinchado. Era a consecuencia de las patadas que le había propinado. Su hipótesis fue que una vez que el minero mató o dejó moribunda a la víctima, la cargó por varios kilómetros y lo abandonó al costado de esa huella en el paraje de la “Quebrada del Gato” con la idea de que nadie encontrara el cadáver.

Fallo dividido

El juez Héctor Fili, que presidía el debate, dio por acreditado que los hechos sucedieron tal como describió el fiscal. No así el juez Enrique Domínguez, que cuestionó la investigación y consideró, al igual que la defensa, que no se probó que hubiera un asesinato y que ese esqueleto perteneciera a Julia Aballay. En ese sentido expuso que, ante la duda, debían absolver a Valdivia.

El voto que decidió fue el del juez Ricardo Conte Grand, quien compartió la postura del primer magistrado y avaló todos los argumentos que respaldaban que esos restos eran de Julia Aballay, que se trató de un asesinato y que el autor fue el obrero minero. El 26 de mayo de 1997, el tribunal condenó a Orlando del Carmen Valdivia González a la pena de 8 años de prisión.

Esto fue menos de lo que había solicitado el fiscal, que pidió 9 años de cárcel. De todas formas, fue poco para tan horrendo crimen. Causó extrañeza la postura de los jueces, incluso del representante del Ministerio Público, que no le atribuyeron ningún agravante a Valdivia. En contra sentido, el tribunal tomó como atenuante la carencia de antecedentes y falta de instrucción en el acusado y por esa razón le dieron la pena mínima por un delito que tiene una escala penal de 6 a 25 años de prisión.

 

Tiempo de San Juan

Suplementos

Contenido especial

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
aqui no paso nada: volvio a zafar el sanjuanino adinerado de las multiples causas penales

Las Más Leídas

Fortísimo accidente entre un colectivo y un tren en San Martín video
Mirá cómo estará el tiempo este viernes en San Juan
¡Paren chicos!: el reflexivo mensaje en las redes de la Noriega por su cumpleaños
Mineros atrapados: suspenden el rescate por falta de seguridad
Aquí no pasó nada: volvió a zafar el sanjuanino adinerado de las múltiples causas penales

Te Puede Interesar