HISTORIAS DEL CRIMEN

El femicidio a bordo del colectivo de la línea 36

La pareja llevaba dos años de separada, pero cualquier motivo era motivo de discusión. Una mañana de 1954, el hombre fue a buscar a la exesposa a su casa en Villa Flora, después la siguió y la asesinó en pleno viaje en micro.
domingo, 9 de enero de 2022 · 09:10

Dos años separados y el jardinero no estaba dispuesto a dejar en paz a su exesposa. La excusa fue ir a pedirle una documentación de los hijos de ambos. Eso dijo después, pero iba con una clara intención. En la cintura llevaba un filoso cuchillo. Es que sabía que todo terminaría con una nueva pelea con la mujer y él ya tenía una respuesta. Tan decidido estaba, que la siguió hasta la parada, subió con ella al colectivo de la línea 36 y, cuando vio que las palabras no daban para más, desató un baño de sangre arriba de ese coche ante la mirada estupefacta del resto de los pasajeros y el chofer.

Aquello fue un asesinato en público. Un femicidio con todas las letras perpetrado por un hombre que, en su impotencia por no poder reconquistar su exesposa, la mató salvajemente la mañana de 26 de enero de 1954 a bordo del ómnibus de la línea 36 en su recorrido por Rivadavia.

Los archivos judiciales permiten rescatar otra historia de las muchas de violencia de género que acabaron en femicidios. Con un hombre, que supuestamente no tenía el perfil de maltratador, pero que en el fondo sacó lo peor de él. Porque Juan Tomás “El Nato” Pizarro, de 47 años, contaba con “buen concepto” en su trabajo como jardinero de la municipalidad de la ciudad Capital y en su vecindario.

Una separación sin retorno

Pizarro no era la persona que todos conocían. Hacía dos años que María Cornejo había decidido separarse de él, con denuncias policiales de por medio por las constantes agresiones físicas. Antes, la pareja convivió durante doce años, tuvo varios hijos y después se casó, según consta en la causa penal. En los años siguientes la familia vivió sobre la calle Rivadavia, cerca de Urquiza, Capital. Ahí comenzaron los problemas matrimoniales, la mujer denunció a Pizarro en la Seccional 1ra y buscó asistencia en la Defensoría de Pobres.

La situación se hizo insostenible para María, fue así que en octubre de 1952 directamente se separó y abandonó el hogar junto a sus hijos. En ese entonces se mudó a otra casa en Villa Flora, en Rivadavia. “El Nato” concurría a ver a sus hijos, pero además insistía en reanudar la relación matrimonial, pero ella no quería. Y aparentemente, cada vez todo se tornaba más fastidioso.

Hay detalles de la violenta relación que nunca se sabrán. De lo que no existen dudas es que “El Nato” Pizarro iba acumulando rencor y, al no obtener la respuesta que deseaba de su exesposa, íntimamente comenzó a madurar en él la macabra idea de asesinarla. No fue causalidad que esa mañana del 26 de enero de 1954 tomara ese cuchillo y se lo pusiera en la cintura para ir a ver a la mujer.

Un encuentro fatal

Su versión fue que la intención era únicamente pedirle una documentación de los hijos que debía presentar en su trabajo. Pasadas las 9 de la mañana, llamó a la puerta de la casa de María Cornejo en Villa Flora. La mujer salió a atender y de nuevo se armó la discusión. Ella no quiso hablar más, le pidió que se fuese. Además, estaba apurada, tenía que ir al centro.

Pizarro hervía de la bronca. Se empecinó en que lo escuchara, de modo que siguió a su expareja hasta parada de colectivo mientras se reprochaban cosas. Al llegar el coche interno 3 de la línea 36, María subió al colectivo y por detrás lo hizo “El Nato”. Tulio Salvalaggio, el chofer, los vio nerviosos y alterados, pero no les dio importancia y siguió su recorrido.

Escenario. Así luce hoy la ex calle Correa, hoy Comandante Cabot. El colectivo transitaba por esta calle, metros antes de San Migue, cuando se produjo el asesinato.

María se sentó en los últimos asientos. Pizarro se acomodó a su lado, empeñado en continuar con la discusión. El colectivo tomó por calle Correa, hoy llamada Comandante Cabot, en dirección al Este. Transitó un par de cuadras. Metros antes de llegar a calle San Miguel, la actual Hipólito Yrigoyen, los pasajeros y Salvalaggio escucharon los aterradores alaridos de la mujer.

Salvaje agresión

Cuando todos giraron sus cabezas y miraron hacia la parte trasera, vieron a Pizarro acuchillando a María Cornejo. Fueron tres puntazos que ingresaron en zona vitales como el abdomen y tórax. Los testigos permanecían paralizados y no salían del asombro ante tan brutal ataque de ese hombre, que en silencio y desorientado bajó del colectivo y se alejó caminando.

Minutos más tarde, un policía de la Brigada de Investigaciones que andaba por la zona lo detuvo en las cercanías y le quitó el cuchillo manchado con sangre. El chofer Salvalaggio junto con algunos pasajeros auxiliaron a María Cornejo y si bien la llevaron al Hospital Guillermo Rawson, llegó sin vida. Tenía 45 años al momento de su muerte.

En su declaración en la Policía y en sede judicial, Pizarro aseguró que “se cegó” por la negativa de su exesposa a estregarle la documentación, que no pudo “dominar los nervios” y “fuera de sí” la agredió con el cuchillo que cargaba en la cintura. Reconoció que no se acordaba si ella quedó malherida en el asiento o caminó por el pasillo, sólo dijo que él caminó “aturdido” por la calle sin entender lo que había hecho.

Duro castigo

Su abogado defensor argumentó que “El Nato” Pizarro había cometido el asesinato en estado de emoción violenta. El fiscal del caso refutó esto, aseguró que el jardinero actuó de forma deliberada. La evidencia era el hecho de que llevaba consigo el cuchillo. Las denuncias y algunos testimonios respaldaban la versión de que había un conflicto entre la pareja y el posible hostigamiento por parte del hombre.

En aquella época no existía la figura del femicidio como agravante en estos asesinatos en un claro contexto de violencia de género. Fue así que calificaron el crimen como homicidio agravado por el vínculo. El titular del Juzgado del Crimen de Tercera Nominación compartió la fundamentación realizada por el fiscal durante los alegatos y condenó Juan Tomás “El Nato” Pizarro a prisión perpetua, pena que cumplió en la vieja alcaidía de San Juan. Lo demás es un misterio acerca de qué fue de la suerte de ese hombre. El caso pasó al olvido y hoy solo es un recuerdo en las viejas páginas de los registros judiciales y un recorte periodístico que traen en el tiempo el femicidio a bordo de la línea 36.

 

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