Historias del crimen

Un ataque a tiros, un femicidio que no fue y una muerte trágica en Chimbas

El caso sucedió en 2005, un hombre celoso acribilló a tiros a su ex mujer. Ella se salvó de milagro. Años después él tuvo un trágico final.
domingo, 28 de marzo de 2021 · 08:54

Dieciséis años de casados. Para Marcelo, eso valía más que el año que llevaban separados. Pero sus celos y la rabia por el embargo en parte de su sueldo, lo sacó de quicio. Entonces no fue casual que una noche buscara a su ex esposa y, al ver que un amigo la esperaba en la puerta de su casa, descargara toda su furia contra ella. Directamente la acribilló a balazos.

El sangriento ataque tuvo un final milagroso para esa mujer, que salvó su vida después de permanecer muchos días en terapia intensiva. El que cayó en desgracia fue Marcelo Tomás Luna -el agresor-, que fue detenido y al tiempo condenado. Y por esas vueltas de la vida, años más tarde murió trágicamente.

Así es la historia de ese matrimonio frustrado que vivía en un loteo de calle Salta, al Sur de 25 de Mayo, en Chimbas. Una pareja que tuvo hijos, que llevaba 16 años de casados y que a fines de 2004 se separó de hecho. Seguramente fueron muchos los motivos, pero el principal era que Marcelo Luna se había puesto por demás violento.

Pedido de divorcio

Su mujer tenía miedo y ya no lo soportaba. El 12 de abril de 2005 iniciaron los trámites del divorcio en el Juzgado de Familia N° 1. En el medio pasaron cosas, como otras agresiones y amenazas por parte del hombre. Según datos recabados ese año, los familiares contaron que un día de septiembre Luna volvió a atacar a golpes a la mujer de 35 años. Para ponerle un freno, un juzgado le impuso una restricción para que no se acercara a su ex esposa y a la casa.

Luna no se calmó. Peor se puso cuando le notificaron que le embargaban el 40 por ciento de su sueldo para cubrir la cuota alimentaria de sus hijos. En ese momento él trabajaba como maquinista en una empresa que construía el dique Caracoles.

Día a día, alimentaba su odio. Andaba desequilibrado, no por nada llevaba consigo un revólver calibre 32. Tampoco fue circunstancial que, la noche del 12 de noviembre de 2005, apareciera en su moto por su antigua casa. Lo que no planeaba era que, justo, encontrara a un amigo de la mujer aguardando en la puerta de la vivienda. Eso lo irritó y nadie lo pudo parar.

Primero largó unos golpes contra ese otro hombre, que prefirió evitar la pelea y escapó espantado mientras veía que Luna sacaba un arma. Ahí fue que éste último emprendió contra su ex esposa, quien en esos instantes se asomó a la vereda. Ella también se sorprendió al verlo, más todavía al saber que portaba un revólver.

Furioso ataque

“¡No, Marcelo! ¡Por favor, no!”, gritó la mujer, mientras forcejeaba y trataba de agarrarle la mano para que no disparara. Una vecina vio la escena. Pero ni las suplicas ni los intentos por sujetarlo, contuvieron al hombre despechado. En esos segundos se escucharon las detonaciones, una tras otra. Un balazo impactó en un costado del mentón de la señora. Otro tiro le dio a la altura de la cadera. Otro proyectil le pegó en una pierna.  Y un cuarto disparo le atravesó el pecho. Todo esto en presencia de uno de sus hijos.

Los vecinos relataron que se asustaron al escuchar los balazos. Que cuando salieron a la calle a ver qué pasaba, observaron que Luna guardó un arma en la cintura y fugó. Tan nervioso estaba que se alejó presuroso a pie y olvidó su moto, que estaba a un costado y con el motor encendido.

Esas mismas personas auxiliaron a la mujer que quedó balbuceando en el piso, con el cuerpo todo ensangrentado. Realmente estaba mal. Los médicos del Hospital Guillermo Rawson debieron operarla por la grave herida en el tórax, que afectó uno de sus pulmones.

Esa misma noche los investigadores de la sección Homicidios apresaron a Marcelo Luna en la casa de sus padres en Villa Paula, Chimbas. No tenía adónde huir. Además, apenas vio a los policías confesó el ataque a su ex mujer e indicó el lugar en el que ocultó el revólver.

Final inesperado

Su ex mujer continuó internada muchos días en terapia intensiva y, pese a que corría serios riesgos de morir, se recuperó. Su testimonio hundió más a Luna, quien fue acusado del delito de homicidio agravado por el vínculo, en grado de tentativa. Él nunca puso reparo en la autoría, pero aseguró que actuó desbordado por la situación.

En el juicio, realizado en mayo de 2007, el abogado César Jofré desplegó su estrategia defensiva en esa dirección. Presentó un informe psicológico que indicó que Luna atravesaba una crisis de nervios al momento del hecho. Por otro lado, resaltó que el hombre de 40 años era un buen padre, un trabajador y no contaba con antecedentes penales.

El juez Ernesto Kerman de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional tomó como atenuante todo lo expuesto por la defensa. Entendió que el ataque fue una reacción irracional de Luna producto de su mal estado anímico y la calificó como una circunstancia extraordinaria de atenuación. Fue así que lo condenó a la pena de 4 años y 6 meses de prisión.

Marcelo Luna no estuvo mucho tiempo preso. Al recuperar la libertad, intentó rehacer su vida. “No era una mala persona, era un hombre de trabajo”, explicó el abogado Jofré. Paradójicamente, el destino le tenía guardado otra suerte para él. Años después, Luna chocó arriba de su moto y murió trágicamente en una calle de Chimbas.

 

Comentarios

Otras Noticias