Historias del crimen

“El Ventarrón” y el asesinato a golpes del abuelo Vargas en Santa Lucía

Fue un brutal asesinato cometido en 2004 en una finca de calle Balcarce. Un hombre apodado “El Ventarrón” y su sobrino fueron a robar, el anciano se resistió a tiros. El mayor de los ladrones igual entró a la vivienda y masacró al anciano.
domingo, 2 de agosto de 2020 · 10:05

“Este viejo no le dispara más a nadie…” No solamente fue un decir, literalmente fue así. “El Ventarrón” venía herido, con la ropa manchada con sangre y cargando un equipo de música y otras cosas. No se le notó preocupado; al contrario, estaba más bien enojado e interesado en vender ese centro musical. Se lavó un poco y cambió su ropa, y antes de marcharse sentenció a su hermana y sus sobrinos: “no cuenten nada”, mientras cargaba un revólver y hacía girar el tambor del arma en un claro mensaje intimidatorio.

Horas más tarde, sus parientes supieron que aquella frase que escucharon de boca del Pedro Humberto “El Ventarrón” Tobares era cierta. Ya era la tarde del martes 18 de mayo de 2004 cuando se enteraron por los medios noticiosos que en la casa de una finca de calle Balcarce en Santa Lucía, habían encontrado masacrado a golpes al anciano Belisario Vargas.

Así comenzaba el caso Belisario Vargas, la historia del conmocionante crimen de ese abuelo de 84 años que desde que enviudó vivía solo en su finca de viñedos sobre calle Balcarce, al Sur de 25 de Mayo. Un sobrino suyo llamado Américo Vargas fue a visitarlo pasadas las 14.30 de ese martes y halló un palo partido con manchas de sangre al lado de la vivienda. Le sorprendió que la puerta trasera estuviese abierta y destrozada, entonces entró a la vivienda y a los pocos pasos encontró a su tío Belisario tendido en el pasillo, con la cabeza ensangrentada.

El hallazgo del cuerpo

El hombre llamó urgente a sus primos y a la Policía para avisarles. Un equipo médico constató después que el anciano estaba muerto. Llevaba muchas horas de fallecido y lo que más impactaba eran las heridas. Tenía cortes y fracturas en el rostro y la parte superior de la cabeza. Lo habían golpeado de una manera brutal, incluso estando en el piso. El informe forense reveló que el abuelo falleció entre las 5 y las 7 de la mañana del mismo martes.

La puerta rota evidenciaba que entraron a la fuerza. Adentro todo era desorden. La hija y el yerno del Belisario Vargas confirmaron que faltaba un centro musical con sus parlantes, un mantel, una linterna, el control remoto de un televisor, un rifle y un revólver que el abuelo siempre escondía debajo su cama.

Al otro día, los policías de la Sección Homicidios de la Dirección de Coordinación Judicial con el apoyo de Infantería y otras divisiones allanaron con la orden del juez en turno los domicilios de posibles sospechosos en Villa Pedro Echague. Detuvieron a una pareja de evangelistas que solía visitar al anciano en su casa, pero no les encontraron nada sospechoso. También trasladaron a siete personas con antecedentes penales y los interrogaron. De entre algunos de ellos surgió una pista. Contaron que existían rumores que unos sujetos de apellido Tobares, que vivían en las cercanías, fueron vistos merodeando la casa de don Vargas la noche que se cometió el crimen.

Pasaron algunos días hasta que los investigadores pudieron averiguar quiénes eran. Los Tobares tenían su casa como a dos cuadras de la finca de Tobares. Fue así que allanaron dicho domicilio. No estaban errados. En esa casa secuestraron el centro musical, la linterna y el control remoto sustraído del domicilio de don Vargas.

La confesión del sobrino

A partir de ese momento empezó a develarse la trama detrás del asesinato de Belisario Vargas. Los integrantes de la familia Tobares contaron todo, o al menos aportaron testimonios que permitieron esclarecer el caso. En especial Juan Carlos Tobares, apodado “El Gordo” de 19 años, que confesó que estuvo en la finca de Vargas la noche del crimen, pero aclaró que fue su tío, Pedro Humberto “El Ventarrón” Tobares, el que entró a la vivienda y se enfrentó con el anciano.

El homicida. Este es Pedro "El Ventarrón" Tobares.

Juan “El Gordo” Tobares fue llevado detenido a la Central de Policía. Ni él ni sus familiares sabían dónde podía estar “El Ventarrón”, al que buscaron por cielo y tierra como el principal sospechoso del homicidio.

Lo delató ese sobrino, que contó con lujo de detalles cómo fue la secuencia esa noche. En principio, trató de desvincularse asegurando que no estaban en su plan ir a robar a la casa del anciano. Contó que su tío lo invitó a que lo acompañara a esa finca porque debía cobrar un dinero que Vargas le debía de tiempo atrás por un trabajo en esa propiedad. En una segunda declaración reconoció que, en realidad, “El Ventarrón” le propuso robar en la casa de Vargas, pero que éste le dijo que no había nadie.

En su relato explicó que eso fue la noche del lunes 17 de mayo de 2004. Que ambos fueron en sus bicicletas y las escondieron entre unos cañaverales. Juró que él se quedó vigilando a metros de la vivienda, haciendo de “campana”, y que su tío empezó a palanquear la puerta trasera y rompió el vidrio. Fue ahí que supuestamente Belisario Vargas se despertó, que ya estaba en cama, y agarró su rifle para defenderse.

De adentro de la casa, el anciano largó al menos dos disparos contra “El Ventarrón”. Un tiro le impactó en la cabeza, pero de refilón, y otro le dio en el pecho, entonces éste cayó. Juan Tobares relató que se asustó y salió corriendo creyendo que su tío había caído muerto. A los metros tomó las bicicletas y escapó en dirección a su casa. Al llegar allí, les dijo a sus hermanos y a su madre “todo salió mal… El tío está muerto”. No dio más explicaciones, tenía miedo.

Ataque demencial

Pero no, su tío no había muerto. Muy por el contrario, tras recibir esos dos disparos, “El Ventarrón” logró ponerse de pie y emprendió con furia contra la casa. Su bronca era tal que finalmente abrió la puerta y entró, en esos momentos atacó al anciano con esa traba de parral -un palo de algarrobo- que llevaba. Le pegó tanto que le partió el palo en la cabeza. Enceguecido por los balazos que recibió, le quitó el rifle al abuelo y también lo golpeó con la culata de esa arma hasta dejarlo moribundo. Eso explica las múltiples heridas que sufrió la víctima.

“El Ventarrón” Tobares revisó la casa y tomó el centro musical, el revólver, el rifle, la linterna, el control remoto y otras cosas que envolvió en un mantel y una sábana y escapó. Lo que se estableció en la causa fue que Belisario Vargas agonizó varias horas hasta que murió entre las 5 y las 7 de la mañana del martes 18 de mayo de 2004. Recién en la siesta, su sobrino dio con su cadáver en el pasillo de la vivienda.

A primera hora del día martes 18, “El Ventarrón” Tobares apareció por la casa de su hermana y sus sobrinos con la cabeza y su ropa con manchas de sangre, cargando el mantel y la sábana en los que traía envueltos el equipo de música, las armas y otras cosas. Lo único que le escucharon decir fue: “este viejo no le dispara más a nadie…”. Nadie le hizo preguntas, su sobrino Juan Carlos sabía qué había pasado.

La finca. La Policía en la finca donde ocurrió el crimen. Foto de Diario de Cuyo.

Pedro Humberto Tobares se limpió la sangre y se lavó, también se cambió de ropa y quemó el mantel en una estufa a leñas. En su corto paso por esa casa, ofreció a su otro sobrino venderle el centro musical, pero el joven no quiso. En tono amenazante, les dijo: “no cuenten nada”, a la vez que cargaba el revólver y movía su tambor. Después tomó el arma y lo que quedaba del rifle –cuya culata partió en el ataque- y se marchó en su bicicleta. Su hermana y sus sobrinos no lo vieron más. “El Ventarrón” vivía en La Bebida junto a su padre y una hermana. De allí también desapareció en los días posteriores.

Tras la detención de Juan Carlos Tobares, los policías de Homicidios allanaron el domicilio de Pedro Humberto Tobares en Rivadavia, pero no lo encontraron. En el domicilio sólo pudieron secuestrar el rifle, que lo había vendido a su cuñado.

La caía de “El Ventarrón”

“El Ventarrón” se esfumó y la Policía lo siguió buscando. Fue declarado prófugo. Los investigadores le perdieron el rastro y pasó casi un año hasta que tuvieron novedades de él. Fue algo fortuito. El 12 de abril de 2015, les llegó la noticia que Pedro Humberto Tobares había ingresado herido al Hospital Marcial Quiroga. Ahí se enteraron que había estado oculto por largos meses en la casa de unos conocidos en Calingasta hasta que regresó.

Al parecer, andaba robando cables del tendido eléctrico en la zona de Rivadavia y sufrió un inesperado accidente. Recibió una descarga eléctrica que le produjo serias heridas en un brazo; de hecho, perdió un par de dedos por las graves quemaduras y quedó internado. La médica que lo atendió y le tomó placas radiográficas descubrió que tenía un objeto extraño a la altura del pecho. Al extraérselo, descubrió que era el pedazo de plomo de un proyectil de arma de fuego.

Si bien Tobares continuó internado unas semanas, quedó en calidad de detenido y luego fue puesto a disposición del a  justicia. En noviembre de 2006, el tribunal de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional presidido por el juez Félix Herrero Martín juzgó a Pedro Humberto “El Ventarrón” Tobares y a su sobrino Juan Carlos por el asesinato de Belisario Vargas. La fiscal Alicia Esquivel planteó todas las pruebas que los involucraba directamente, en especial al mayor de los Tobares como autor del crimen.

Pedro Humberto Tobares, alías “El Ventarrón” y de 40 años, fue condenado a reclusión perpetua por el delito de homicidio agravado por criminis causa, o sea matar para consumar otro delito, y robo agravado por efracción. Su sobrino Juan Carlos fue sentenciado a la pena de 3 años de prisión en suspenso por robo agravado por efracción en grado de tentativa. Este último recuperó la libertad a partir de este fallo. dado el tiempo que llevaba detenido. “El Ventarrón”, en la actualidad, continúa purgando su condena en el penal de Chimbas.

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