Historias del crimen

La niña de Chimbas que fue asesinada por un vecino molesto

Fue en el verano de 1971. El veterano se puso furioso porque unos jóvenes le hicieron una broma y salió a los tiros. El episodio tuvo un desenlace falta para una nena de 12 años.
domingo, 22 de noviembre de 2020 · 09:05

Las niñas jugaban en un bosquecito de Villa Observatorio. A lo lejos vieron la corrida de unos jóvenes y escucharon las primeras detonaciones. Nadie entendía nada. Qué podía saber esa nena, que asustada por la escena sólo se dio vuelta para mirar qué pasaba y de un segundo a otro cayó desplomada tras uno de los estampidos.

Detalles más, detalles menos, eso fue lo que sucedió la tarde del 1 de febrero de 1971 en aquella tradicional villa de Chimbas. Un día trágico por la acción tan incomprensible y absurda de un vecino que quiso amedrentar a unos jóvenes que le jugaron una broma y que acabó con la vida de la pequeña Rosalía López, de apenas 12 años.

La historia es recordada por los viejos habitantes del barrio, que no olvidan tampoco al jubilado Segundo Máximo Fernández, de 64 años. Ese hombre de poca paciencia, que caminaba dificultosamente por una malformación en la cadera y que tenía su propiedad cerca del canal que atraviesa la villa.

Una travesura

Cuentan que, al parecer, los adolescentes solían jugar en ese lugar y el viejo Fernández vivía rabiando. La sola presencia de ellos le molestaba. A veces le sacaban uva del terreno y eso lo exasperaba más al veterano, contó un vecino. Para los chicos no era más que un juego.

Esa tarde del 1 de febrero de 1971, no pasó más que eso. En la causa judicial se afirma que un grupo de jóvenes se metió a la finca de Fernández y supuestamente estaba provocando daño. Un diario de la época señaló que, en realidad, lo que ocurrió a las 14 de ese día fue que unos chicos sacaron la manguera que el jubilado tenía conectada al canal para regar su propiedad. Esto como una simple broma.

Fernández no lo tomó así. Y entonces quiso darles un escarmiento. Entró furioso a su casa y extrajo su revólver calibre 22. En ese arrebato de ira, comenzó a largar tiros. Después dijo que los disparos fueron al aire y que su intención era espantarlos, nada más.

La crónica de un periódico indica que los jovencitos comenzaron a correr y gritaron que el hombre mayor estaba disparando a matar. Alertaron también a esas niñas que jugaba en un bosquecito cercano. Entre ellas estaba la pequeña Rosalía, que corrió asustada. En un instante la niña se paró y se dio vuelta para mirar qué pasaba. Fue en ese momento en que sintió el impacto en el pecho, que la hizo caer al suelo.

Cuando la auxiliaron vieron que tenía un balazo. La nena intentó llegar a su casa, pero las fuerzas no le alcanzaron. Su mamá y otros familiares salieron a socorrerla y la levantaron. Estaba muy malherida. Primero la llevaron un centro asistencial de la zona de Chimbas, más tarde a la guardia del entonces Hospital de Niños en la capital sanjuanina. Fue tarde, la tragedia ya estaba consuma. Llegó sin vida.

Todos lloraron la muerte de esa niña y maldijeron al jubilado, que fue llevado preso por la Policía. La acusación: homicidio simple. En la investigación judicial se acreditó que efectuó 5 disparos con su revólver calibre 22 marca Pasper y que uno de esos proyectiles hirió mortalmente a la nena.

El juicio

 Segundo Fernández fue juzgado a fines de 1972 por el juez Carlos Zavalla, en el entonces Cuarto Juzgado de Nominación. El fiscal sostuvo la acusación de homicidio simple. Para él, el jubilado actuó de forma deliberada y sabiendo las consecuencias que podía tener su violenta acción de disparar su arma contra un grupo de jóvenes. En razón a esto, solicitó la pena de 9 años de prisión.

El jubilado y su defensor se aferraron a la postura de que los disparos fueron al aire, que nunca hubo intención de herir a nadie y que sólo se buscó espantar a los chicos. El abogado pidió que se cambie la calificación de homicidio simple por la de homicidio culposo. Esto es una muerte accidental.

Un punto que valoró el juez fue que la niña estaba a 80 metros de distancia del jubilado, que era ajena al incidente y no conformaba el grupo de jóvenes al que supuestamente pretendía intimidar el jubilado. Es que estaba jugando con otras nenas.

A la hora de dictar su fallo el 15 de diciembre de 1971, el juez Zavalla expresó que no existió un homicidio simple, que no se probó que hubiese intención de matar por parte de Fernández. Y que lo que hubo fue un homicidio culposo, que el acusado actuó con imprudencia y negligencia y que tuvo una actitud desproporcionada ante una travesura de chicos. En consonancia con esto, resolvió castiga a Fernández a la pena de 2 años y 6 meses de prisión. Con esto dejaron en libertad al hombre.

Un diario local título: “Treinta meses de prisión para el que mató un balazo a una menor”. La verdad es que para muchos fue muy leve la pena, teniendo en cuenta la perdida de la vida de una niña inocente. Pero era la penalidad establecida por el viejo Código Penal para el delito de homicidio culposo y para la Justicia no había pruebas para condenarlo por homicidio simple.

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