Testimonio exclusivo: Parte 1

La mujer baleada por el gendarme rompió el silencio y contó su vía crucis la noche del terror

Por primera vez, Victoria Manrique habla del momento en el que su pareja le disparó frente a sus hijas y luego se suicidó. El lugar dónde se escondió para salvar a las niñas y el balazo que no fue. Por Carla Acosta y Gerardo Bustos.
jueves, 07 de marzo de 2019 · 00:02

“Yo sentía algo raro, que algo iba a pasar o iba a hacer”. La frase demoledora es de la joven baleada por el gendarme hace casi un mes en una vivienda ubicada en Rawson. Sentada en el mismo comedor donde se desplomó tras recibir dos disparos Victoria Manrique recordó la dramática noche que vivió el lunes 19 de febrero. Está vestida con una solera azul, con el pelo recogido. Sigue conectada a un suero y usa dos muletas que se convirtieron en compañeras desde que le dieron la internación domiciliaria. A pesar de la tragedia, se la ve serena, en paz luego de vivir un calvario en siete años de relación con Mario Juárez, gendarme salteño y padre de sus tres hijas.

“El padre de mis hijas era muy bueno, nos brindaba todo siempre. La cosa era conmigo”. La joven de 29 años aún tiene grabada en su retina aquella tarde del ataque, cuando sintió miedo al ver a su pareja guardar el arma sin estuche en la mochila y cuando éste, tras pedirle que abandonara la casa porque estaba “cansada de la situación (celos, obsesiones y violencia psicológica)”, tuvo un brote psicótico que lo llevó a tomar su revólver y, sin mediar palabras, le disparara dos veces. “El tercero que me estaba por dar era en la cabeza pero se sintió que la bala se le trabó en el arma”, dijo. Obra del destino o del azar, lo cierto es que ese balazo que no fue le salvó la vida. 

Victoria cuenta que aquella pistola con la que le disparó en la pierna y en la cadera era vieja, y que el gendarme la debía haber cambiado hace un tiempo pero no lo hizo. Mientras la suerte estaba de su lado y el oficial forcejeaba con su papá, toda ensangrentada y casi sin sentir una de sus piernas, la joven escapó a una pequeña despensa junto a una de sus hijas: una de las dos menores, quien presenció aquella película de terror. Ambas se abrazaron y contuvieron las lágrimas y todo aquel dolor que las invadía, mientras el gendarme sin poder gatillar el arma, las buscaba por toda la casa con un cuchillo.

La joven de 29 años es una sobreviviente, una sobreviviente de la violencia de género, una sobreviviente del patriarcado, una sobreviviente que pudo compartir con Tiempo de San Juan un relato crudo sobre lo que pasó aquella tarde del 19 de enero. 

-¿Cómo fueron esos momentos?

-Mi papá intentaba sacarle el arma pero no podía. Después se puso el arma en su cabeza pero no funcionaba porque estaba trabada. Era un arma vieja que tenía que cambiarla pero no la había cambiado. Si él la cambia, yo no la contaba.

Después me fui a esconder a una piecita porque sabía que iba a salir a buscarme. Y fue así. Terminó de forcejear con mi papá, le quitaron el arma y él agarró un cuchillo que estaba en la mesa y decía “dónde está la Victoria”. Yo me había escondido en la piecita con mi hija. Le decía que no me mirara y que no hiciera ruido.

Yo no lloraba, no gritaba, no sentía nada. Pensaba en qué hacer para que no me encuentre. Cuando veo que él sale, ahí salí de ahí, me tiré al piso y empecé a sentir dolores. Empecé a gritar ayuda y a rezar. “Señor te pido que me des vida por mis hijas, son chiquitas y me necesita”, decía. A mi papá que entró después le pedía disculpas por todo lo que había pasado porque yo me sentía culpable de todo lo que pasaba.

-¿Estuviste inconsciente?

No, no. Siempre estuve consciente. Desde que llegué al hospital hasta que me fui. Excepto en las cirugías. A mí ese día me llevan como a las 8 de la tarde de acá y despierto como a las 11. Lo primero que digo fue “¿qué hora es?”, “las 11”, me dicen. Después me preguntan si yo estaba bien y les respondí que sí, que estaba feliz porque estaba viva. Les agradecía por salvarme. Se portaron bien en el hospital.

-¿No sabías nada de la muerte de tu ex pareja?

No, nada. Cuando me estaban por trasladar al Hospital Privado, le pregunto a una de mis hermanas por Mario –el gendarme- y me dijo que yo tenía que ser fuerte con todo lo que está pasando y que estaba detenido. No me querían decir nada pero yo ya me lo imaginada.

Cuando me enteré, me dolió en el alma por él. Yo sí lo quería porque era el padre de mis hijas. Les daba todo a mis hijas, ayudaba a mi papá cuando podía. Amaba a mi padre porque él no lo tenía, entonces se aferró a mi papá.

-¿Por qué crees que tuvo esa reacción?

Yo me iba a ir a tomar mates a mi amiga con mis hijas pero no fui porque me quedé acostada, estaba cansada. Le digo a mis hijas que durmieran siesta sino se iban a quedar en la casa con su papá. Me levanto como a las 18, él se sienta en la cama y empezamos a charlar pero bien, no discutimos ni nada. En un momento me dijo “yo voy con ustedes a donde vayan”. “A dónde vamos a ir”, le dije. Ahí sentí miedo. “Era mentira -le dije- era para que las niñas durmieran siesta. Estoy cansada, soy un ser humano como vos que se cansa”. Le dije esa mentira porque me agarró miedo, no era su cara normal.

Hasta que en un momento le dije que yo estaba cansada, que por qué no agarraba sus cosas y se fuera. Ahí es cuando me dice, “pero no vamos a vernos nunca más”, y me lo repetía varias veces. “De vernos, nos vamos a ver siempre porque sos el padre de mis hijas pero nosotros no nos llevamos bien, nos estamos lastimando”.

-¿La pasabas muy mal previo a la noche del horror?

Era demasiado obsesivo conmigo. Dejé de hacer muchas cosas para no tener problemas. Nosotros ya no estábamos juntos y yo le dije que no íbamos a volver más. Si yo no daba lo que él quería, se ponía y me decía que andaba sin fuerzas, que no tenía ganas de seguir. Cuando hacía lo que él quería, se ponía bien. Me decía que yo era el motor de la familia, que sin yo no hacía nada, él tampoco hacía nada. Y era así. Yo me sentía ya muy cansada y tenía mucho miedo a la vez.

-¿Cómo fue volver a la misma vivienda donde ocurrió toda la desgracia?

Al principio me sentí re mal por volver al lugar donde estuve tirada. Me sentí nerviosa pero a la vez estaba bien porque veía a mis hijas. Cuando ellas me vieron se pusieron muy contentas y eso me dio fuerzas. Dije voy a darle para adelante. Yo en el hospital mejoraba pero siempre llegaba la noche y me sentía re mal, me agarraban ataques de nervios. Me tenían que poner calmantes.

-¿Cómo estás anímicamente?

Estoy bien. En la clínica estaba nerviosa, no estaba tranquila y acá estoy con mis hijas. Al verlas a ellas tengo fuerza para seguir adelante. Si yo me muevo, ellas andan, no paran.

-¿Qué esperas de ahora en adelante?

Salir de esta pero con más fuerza. Me siento ahora más tranquila. Siento que ahora ya no voy a estar atormentada. Ya no voy a decir “no salgo, porque ya va a llegar y se va a enojar, “no esto por tal cosa”. Siento esa libertad de ser “yo” de nuevo. Quiero ver crecer a mis hijas, ayudarlas y estar para ellas.

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