HISTORIAS DEL CRIMEN

La casa del horror: trío sexual, abuso infantil y maltrato a 15 niños

Es la terrible historia de un hombre que tenía dos “esposas” y que sometían a la hija de una de ellas a todo tipo de abusos sexuales. En la misma casa vivían otros 14 chicos, hijos de esa inusual familia que padecían el hacinamiento y maltratos, además de que eran testigos de sus perversiones.
domingo, 10 de marzo de 2019 · 12:17

Por Walter Vilca

Algo no estaba bien en esa casa. En el baño se escuchaban carcajadas y se sentía que hablaba más de una persona bajo la ducha. La abuela no tardó en darse cuenta que era la voz de su hijo y de su nuera, y que estaban con una nena a la considera casi como una nieta. Claro que le resultó extraño y espantoso, pero la mamá de la niña -que permanecía sentada al lado suyo en el comedor- le dijo con descaro: “déjela, que vaya aprendiendo lo que es el cuerpo…”

No era la primera vez que la señora veía esas escenas. Recordó con pudor que en otra ocasión había observado a su hijo desnudo y acostado en la cama junto a la misma nena. Y también en aquella ocasión, la madre de ésta quiso explicar lo inexplicable: “Le está sacando la fiebre a la niña”, se excusó como si fuese algo normal.

En agosto de 2012, esa abuela formalizó la denuncia en una fiscalía convencida de que no podía consentir tan aberrantes situaciones y a partir de la investigación empezaron a revelarse los más oscuros secretos que ocurrían dentro de esa vivienda del barrio La Estación, en Rawson. Una historia de horror en una casa donde su hijo compartía el lecho con su esposa y otra mujer a la vez, que practicaban sexo grupal e incluían en sus depravados juegos a una nena de 11 años –hija de la segunda mujer-, que era sometida a diversos vejámenes. Un hogar en el que los adultos se paseaban desnudos frente a los otros catorce hijos de esa atípica familia, esos chicos que también padecían humillaciones, hacinamiento, maltratos, mala alimentación y respiraban casi con naturalidad ese aire viciado por la propia perversión sexual de sus padres.

“Yo no he criado así a mi hijo”, declaró alguna vez con sentimiento de culpa esa abuela, que no podía explicar en qué se había convertido su hijo, ese hombre de 45 años de oficio electricista, casado con una mujer que conocía desde joven y padre de diez hijos con quienes vivía en esa precaria vivienda del populoso barrio de Rawson. Ni ella ni nadie sabe cómo fue que en 2006 apareció esa otra mujer con sus tres hijos –luego llegaron dos más-, que se instalaron en ese hogar y acoplaron su familia con la otra como si fuese una sola. Esto en el sentido literal. El dueño de casa consiguió tener a las dos mujeres como esposas y no lo ocultaba, al menos dentro del seno del hogar. Los niños llamaran a una, “mamá M…”, y a la otra, “mamá E…” La abuela puso reparo en esto y preguntó a su hijo qué estaba pasando. Él sólo respondió: “mientras las doñas estén de acuerdo, no hay problema…y no te metas”.

Los tríos sexuales eran una constante y tanto el hombre como las mujeres caminaban desnudos por la casa ante la mirada inocente de sus hijos. Entre ellos una nena –hija de la segunda mujer-, que allá por noviembre de 2011 y con 11 años de edad empezó a ser “preparada” para transformarse en la tercera esposa del jefe del hogar. Primero con tocamientos. Al tiempo  los abusos fueron más violentos. La obligaban a bañarse junto al padre de familia. A veces también entraban al baño las dos mujeres, que la castigaban con un palo o una manguera si ella se resistía. Después fue sexo explícito. Las aberraciones llegaron al extremo, que le ponían cinta adhesiva en la boca o le ataban las manos y los pies para que el hombre la violara, mientras ellas se reían de tremenda tortura. No tenían escrúpulos: “es preferible que lo hagás con un conocido y no con otro”, se justificaban las mujeres, según declaró la propia nena. Esto lo hacían en horas de la siesta para que el resto de los niños los no vieran y al menos dos veces a la semana. Con los meses, la niña pasó a ser otra mujer más de la casa. Los adultos obligaban al resto de los chicos que la llamaran “mamá”.

Nadie trabajaba en ese domicilio, se mantenían con el dinero que recibían de la Ayuda Universal por Hijo. La vida de esos niños no era vida, permanecían encerrados gran parte del día y eran humillados hasta para comer. A la hora del almuerzo o la cena, les hacían formar fila para darles una cucharada de comida en la boca y, una vez que recibían su porción, los obligaban a ponerse nuevamente en la cola para repetir. En cambio, el jefe de hogar y sus mujeres, incluida la nena de 11, se sentaban en la mesa.

Era un martirio lo que padecía esa niña, que era casi un juguete sexual para su madre y el matrimonio dueño de casa. La obligaban a quedarse hasta la madrugada frente al televisor para que vieran juntos películas pornográficas. O a dormir con los tres adultos dentro de ese dormitorio exclusivo de los mayores, que contaba con una cama de dos plazas y una cucheta. Los otros catorce chicos descansaban en un cuarto más reducido, en un hacinamiento increíble.

La degeneración era tal que cualquier cosa podía suceder. Uno de los chicos relató que su “madrastra” intentó abusar de él en el baño. Ese niño no soportó el acoso y lo que veía, y un día decidir fugarse del hogar. Todos ya se estaban corrompiendo. Los adultos no paraban; de hecho, llegaron a sugerirle a la nena de 11 años que iban hacer lo mismo con una hermanita suya.

A la denuncia penal de la abuela se le sumó la presentación del ex marido de la “segunda esposa”, y papá biológico de tres de los niños, lo que permitió la intervención de la Justicia que dispuso la detención del matrimonio y la otra mujer. A la par, un equipo de asistentes sociales del 102 rescató a los chicos y los reubicaron en otros lugares para su protección. El informe ambiental señaló que ahí adentro existía una desidia total, que el desorden y la suciedad se veían por cada rincón de esa vivienda por demás deteriorada. Por ejemplo, el baño estaba roto y  todos defecaban en un balde.

Los peritos que realizaron los exámenes psicológicos y psiquiátricos a los tres adultos revelaron que todos ellos tenían el mismo perfil con rasgos perversos, con tendencia a buscar la satisfacción sexual en el otro tomándolo sólo como un objeto y conductas depravadas que eran naturalizadas.

Sobre la niña abusada, explicaron que detectaron fuertes indicadores de abusos, desorden a nivel sexual y desdibujamiento de los roles de madre, hija, pareja y hermanos. Esto último demostraba cómo habían corrompido a la menor. La licenciada que trató a la chica fue contundente al afirmar que “el daño ocasionado en ella no tiene reparo” y eso podría traer consecuencias futuras en su vida. Esa profesional sostuvo ante los jueces que, en toda su experiencia judicial, nunca había visto un caso así.

En abril de 2015, el bígamo y sus dos mujeres fueron juzgados por los jueces José Atenágoras Vega, Juan Carlos Peluc Noguera y Ernesto Kerman de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional. Las mujeres y el hombre rechazaron los delitos que les atribuyeron. Como mucho, admitieron que los tres vivían bajo el mismo techo como una familia compuesta por el hombre, sus dos esposas y sus quince hijos. Una prueba incontrastable de esto fue que el acusado tuvo dos hijos con su “segunda mujer” y les puso su apellido.

Durante el debate, la defensa intentó desvirtuar la denuncia y apuntó contra la abuela paterna sosteniendo que todo era producto de una venganza y que hacía brujerías. Cuestionaron también al papá de la niña ultrajada, al que acusaron de abusador y de despreocuparse de sus hijos. La por entonces fiscal Alicia Esquivel Puiggrós fue lapidaria, pues pidió 40 años de cárcel para los tres acusados. Los jueces no llegaron a tanto, pero igualmente fueron duros: los condenaron a 24 años de prisión.

Actualmente, el hombre de las dos mujeres y pervertido sexual cumple su condena en el pabellón 10 – de abusadores- del Sector II del penal de Chimbas. Su esposa permaneció presa por un tiempo, pero murió de cáncer en abril de 2016. Su segunda mujer, su otra cómplice, está alojada en el pabellón de mujeres. Dicen que la visita otro hombre que sería su nueva pareja. Los dos condenados cumplirían su pena en 2036.

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