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¿Cómo fueron los últimos momentos del gendarme que baleó a su esposa y se mató?

Tiempo de San Juan pudo acceder a una crónica de cómo transcurrieron los últimos momentos de Mario Juárez. El gendarme que le disparo a su esposa y luego se quitó la vida. La mujer está estable pero continua en terapia intensiva.
miércoles, 20 de febrero de 2019 · 07:00

El pasado lunes nadie sabía que Mario Juárez (32), un gendarme salteño que viajaba en colectivo de Mendoza a San Juan, terminaría disparándole a su esposa Victoria Manrique (29) frente a sus tres hijas y familiares. El ataque del hombre dejó a la mujer en grave estado en terapia intensiva del Hospital Privado y terminó con el uniformado quitándose su propia vida.

Aquella media mañana el gendarme había viajado 400 kilómetros desde la localidad mendocina de La Paz, al límite de San Luis, donde prestaba servicio en un control de seguridad de Gendarmería. Viajó con el uniforme de la fuerza para poder “chapear” y no pagar el pasaje del transporte.


Llegó al domicilio ubicado en el Barrio Capitán Lazo en Rawson, y no alcanzó a sacarse el uniforme y el arma reglamentaria cuando empezó a discutir con su esposa. La pelea fue alcanzando mayor violencia hasta que Juárez utilizó la pistola Browing que portaba en su cinturón para dispararle dos tiros a su pareja en el abdomen.

Después de intentar matar a su mujer, afortunadamente, a Juárez se le trabó el arma, pero de todas maneras continuaba amenazando a la familia para que no se acercara a donde estaba Victoria desangrándose.

El momento clave fue cuando llegó el padre de Victoria, Francisco Manrique, quien al ver la escena terminó peleando contra el gendarme, ayudado por el cuñado de la joven. Este último logró quitarle el arma y salió corriendo al patio de la casa, tirando la pistola al techo del vecino. Hasta allí fue Juárez para poder recuperarla.

El gendarme no desistió y logró pasar a través de una viga que une la casa del vecino con el baño de los Manrique, una pequeña estructura que no supera los 2 metros de altura. En este lugar destrabó el arma y se quedó sentado, mientras los gritos de ayuda de los familiares alarman a todos los vecinos del barrio, que invocan a la policía y los servicios médicos.

Cuando Victoria Manrique recibió atención por parte de los paramédicos, Juárez seguía apostado en el techo con el arma lista para volver a usarla. En ese instante llegó el negociador del grupo GERAS de la policía de San Juan, el Subcomisario Heredia, con un escudo antibalas y armado para intercambiar disparos si era necesario. En el análisis posterior de la situación, algunos funcionarios de seguridad lo consideran un error operativo del negociante, por mostrar desconfianza detrás de un escudo y una pistola a la hora de entablar el primer vínculo con el agresor.  

Juárez siguió atrincherado en la letrina, rodeado por policías y otros servidores públicos que aguardaban resolver la situación. En esos momentos, se hizo presente en el lugar el Segundo Jefe del Escuadrón Núcleo de Gendarmería de San Juan, el Comandante Principal Villalba, que pidió autorización para poder hablar con su subalterno al Juez Martín Heredia Zaldo del 4to Juzgado de Instrucción y al Jefe de la Policía Luis Martínez que también estaban presentes entre las autoridades más destacadas que dirigían el operativo.

Cuando Villalba entró, lo primero que le dijo al Mario Juárez fue que “todo se ha terminado" e intentó convencerlo para que se entregue. Según fuentes cercanas, le habló de que estaba el Juez como garantía, le habló de dios y de la familia pero nada funcionó, según relató uno de los hombres que vivió de cerca los últimos momentos del gendarme.

A esas alturas nadie excepto Juárez sabía lo que iba a pasar. El final era ya un hecho para el gendarme que había empezado a despedirse por WhatsApp de sus amigos y familiares. “Chau amigo, te quiero” le dijo a un compañero de promoción que estaba en Misiones.

A su hermana y a su mamá que estaba escuchándolo desde la ciudad de Embarcación en Salta les dijo “las quiero mucho, mamá te amo, las quiero mucho a mis sobrinas, perdónenme”. No les dio tiempo para que ellas indagaran sobre lo que estaba pasando, ni siquiera se imaginaban que su hijo acababa de dispararle a su esposa y estaba atrincherado en el techo de un baño aguardando su irrevocable destino.

Mario Juarez cortó el teléfono sabiendo que ya no había vuelta atrás, la policía seguía hablando, tratando de impedir lo que ya parecía una decisión final. Tomó el arma nuevamente y se la llevó directo a la garganta, después instintivamente a la cabeza. La intención de los negociadores era desarmarlo, llevarlo vivió ante la Justicia pero no pudieron.
Según testigos, mientras tenia  la Browing cargada en la cabeza se tocaba el pecho buscándose el ritmo cardiaco. Cuando logro encontrarlo se percuto un disparo que tuvo como entrada directa el corazón y salida en la pared del vecino, donde encontraron el proyectil incrustado en la pared.

El 2do Jefe la Gendarmería fue el primero en subir al techo de corta altura y llegar a Juárez, con la intención de ayudarlo. “Lo bajaron del techo con la ayuda del grupo Geras y lo subieron a la ambulancia, pero se murió camino al Hospital” afirma un testigo de primera instancia en el lugar de los hechos.

En el Rawson intentaron revivirlo pero finalmente se confirma su deceso, ante el enojo, la impotencia y el asombro de quienes alguna vez lo conocieron y ahora esperan que Victoria Manrique salga de terapia cuanto antes.

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