asesinadas y atacadas por sus parejas

Talía, Yuliana y Rocío, unidas por el hostigamiento y la inacción de la justicia

Dos no pueden descansar en paz al igual que la única sobreviviente. El calvario de los que lloran a sus víctimas.
miércoles, 23 de enero de 2019 · 23:33

Rocío Villalón fue asesinada por su novio en septiembre de 2013, en Pocito. Talía Recabarren apareció muerta en Zonda el 22 de junio 2016 y días después su ex pareja confesó haberla matado. En 2018, en Rawson, Yuliana Neira recibió un balazo de su novio que no le quitó la vida pero que la dejó postrada en una cama para siempre. Dos víctimas de femicidio y una sobreviviente del horror tienen más en común de lo que a simple vista representa. 

Es que después de los trágicos desenlaces en cada uno de los casos, sus familias que debieron atravesar el dolor de perder una hija, una hermana, una amiga o una sobrina tienen que lidiar con el hostigamiento no sólo de los femicidas o agresores sino también de sus familiares, lo que hace que el duelo sea difícil de llevar y por ello acuden a la justicia en busca de una respuesta, aunque del otro lado del mostrador -según acusan- no hay una reacción satisfactoria. 

En los últimos meses, la madre de la joven zondina hallada muerta en un descampado -Anabella Recabarren- fue noticia por exigir nada más y nada menos que el asesino de su hija permanezca tras las rejas hasta el inicio del juicio, cuya condena se prevé que sea la de prisión perpetua. Desde el comienzo del calvario, la mujer denunció el asedio de la familia de Miguel Ángel Morales e incluso del mismo autor del crimen, apenas obtuvo su libertad. Para tranquilidad de los Recabaren y luego de radicar una denuncia penal por amenazas, el confeso femicida quedó detenido.   

El incidente más reciente es el que no culminó con la muerte de una joven en manos de su novio y que milagrosamente sobrevivió a los balazos de Samuel Isaac Audala Ferreyra, de los cuales una bala atravesó la médula ósea de la muchacha de 22 años por la que no volverá a caminar el resto de su vida. Internada todavía en el Hospital Rawson, a dos meses y medio del episodio que la marcó para siempre, Neira y su madre -Susana Troncoso- resisten a las visitas a escondidas de parte de los conocidos del principal acusado de dispararle, que por el momento se encuentra detenido y con varias pruebas que lo incriminan. 

Troncoso le dijo a Tiempo de San Juan que ya recurrió dos veces al juzgado que investiga el caso, el Segundo de Instrucción, para solicitar una medida cautelar que prohíba el acercamiento del entorno del ex detenido, aunque hasta la fecha no hubo alguna orden de restricción perimetral ordenada por el juez. Desesperada por la afectación que sufre su hija cada vez que el padre o la madre del acusado asisten al nosocomio, la mujer pidió algún tipo de acción por miedo y por indignación. 

La causa con vieja data y que involucra a la familia de la víctima más joven de las tres tristes protagonistas es la de Villalón, quien con 16 años terminó su vida en manos de Fernando Flores, condenado a prisión perpetua en 2015. Destrozados por la pérdida de la más chica de sus hermanos, los Villalón, su pesadilla aún no acaba. Silvana Villalón, la madre de Rocío, le contó a este medio que a pesar de los 5 años que transcurrieron recibe amenazas en la vía pública de la familia del femicida.

Atemorizada, la madre que encontró a su hija con signos de ahorcamiento, golpeada y con la mitad de su cuerpo sumergido en una acequia describió que como vive cerca de la casa de los Flores -parientes de los asesinos- la insultan y hostigan de forma constante. Indignada por lo que le toca vivir, después del dolor, expresó que no recibe apoyo de la Justicia a pesar de las múltiples denuncias realizadas. “A ellos la ley los protege a nosotros no, no nos dieron ninguna clase de protección, ni siquiera ayuda psicológica, para ellos ya está porque mi hija está enterrada”, agregó.

Vivir bajo amenaza, con temor a algún tipo de represalia a pesar del daño que ya le ocasionaron, es lo que las familias del dolor sanjuaninas -al igual que otras que no trascienden en los medios- soportan y para ello se aferraron a un sistema del que esperan un poco más. Ya que Flores saldrá en libertad con 58 años y Morales lo hará con 53, sumado a la pena que pueda recibir Audala -de entre 6 y 10 años de cárcel o algunos años más por el agravante del vínculo-, las familias destruidas no piden más que paz y justicia. 

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