El crimen que conmocionó a la provincia por el estado en el que encontraron el cuerpo sin vida de Yamila Pérez en un descampado en El Mogote, descuartizado y desollado, se acerca a la verdad.
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SUSCRIBITEEl crimen que conmocionó a la provincia por el estado en el que encontraron el cuerpo sin vida de Yamila Pérez en un descampado en El Mogote, descuartizado y desollado, se acerca a la verdad.
Según pudo saber Tiempo de San Juan, el principal sospechoso del homicidio a sangre fría, Evaristo Molina, se quebró y confesó haber sido el autor del asesinato de la mujer con la que mantenía una relación sentimental, además de hacer uso de sus servicios sexuales.
El hombre de 67 años sindicado como el cliente de Pérez permanece detenido en la Estación Central de Policía y, allí mismo, admitió haber sido él quien le quitó la vida a la muchacha de 27 años con la que tenía también un romance.
Acorde a la información de fuentes allegadas al caso, el vendedor de garrafas le habría confirmado a un compañero de celda la atrocidad que cometió y le habría dado detalles sobre cómo la ejecutó.
Tras tomar conocimiento de los dichos y en una rápida acción por parte del juez Guillermo Adárvez, se solicitó la presencia del testigo clave en el Tercer Juzgado de Instrucción, quien declaró ante el magistrado.
El testigo cuyo apellido inicia con la letra A (se resguarda su identidad para no entorpecer la investigación) declaró que Molina le contó cómo había asesinado a Yamila.
Este jueves por la mañana se espera que el confeso homicida dé el presente en el palacio de Tribunales y sea indagado por Adárvez. Por lo que se pudo saber, no prestaría ningún tipo de declaración hasta tanto saber qué delito se le imputará por la causa que se lo investiga.
Como lo había adelantado este mismo medio en anteriores ocasiones, el acusado del repugnante hecho suma varias pruebas en su contra: dos que lo sitúan en el lugar donde se halló el cuerpo y una que lo compromete aún más.
Las dos primeras son la receta oftalmológica a su nombre encontrada a pocos metros de los restos y las imágenes de las cámaras de seguridad que registraron su vehículo circulando en la zona horas previas al hallazgo. La última corresponde a los rastros de sangre descubiertos en el interior del automóvil. Un cotejo de ADN lo complicaría por completo.
A pesar de su probable silencio o su posible negación ante el cuestionamiento, la declaración de un testigo sumado a la cantidad de pruebas en su contra alcanza para que el juez tome la decisión de procesarlo, resguardado en un grado de certeza.

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