Entre las medidas de prueba que ordenó el juez Benito Ortiz,
del Primer Juzgado de Instrucción, para investigar el crimen de Juan Pablo
Ortiz en manos de su mujer, Guadalupe Ojeda, está la práctica de muestras de ADN
en el cuchillo usado, en las uñas de la mujer y en el cadáver de la víctima.
Pero esa medida, clave para avanzar en la investigación, frenó el avance de la
causa. El motivo no es nuevo: en San Juan no hay dónde cotejar el ADN.
Ya ocurrió lo mismo en casos de alto impacto social. Por
ejemplo, en ese mismo juzgado pasó con el caso de Ariel Tapia, el niño que el 1
de diciembre de 2012 había desaparecido y luego fue encontrado sin vida y en
estado de descomposición adentro de una heladera abandonada.
Llevó meses saber que al niño le habían dado un golpe en el
mentón que lo había dejado inconsciente, que lo creyeron muerto y que lo
escondieron en la heladera, donde murió asfixiado, debido a que San Juan no
tenía el instrumental ni los científicos para auxiliar al juez en la
investigación. Por ese motivo debieron recurrir a Salta. Aún hoy ese crimen
está impune.
Ese es uno de los tantos casos, tal vez el más emblemático.
Pero ocurre con frecuencia y a todos los jueces penales.
Si bien San Juan recibió hace 5 años instrumental para un
laboratorio referente en Cuyo, recién en abril del 2016 se inauguró el edificio
que debía construir la Corte de Justicia. Pero hubo fallas de cálculo y costó dar con el personal científico. Por eso el
Laboratorio Forense no funciona a pleno, con el instrumental más
sofisticado, como el de cotejar muestras de ADN, según pudo confirmar Tiempo de
San Juan.
Mientras el instrumental esperaba en cajas, mientras se
construía el edificio para el Laboratorio Forense, los jueces penales debieron
seguir recurriendo a la Universidad Nacional de Cuyo de Mendoza, a Córdoba o a
Buenos Aires cada vez que debían usar el ADN como prueba en una investigación.
Hubo un tiempo que el científico sanjuanino Manuel Rosales
Fritz, una eminencia nacional en ADN, aliviaba bastante a la justicia penal.
Pero el instrumental de ADN montado en el Hospital Rawson se
averió hace más de un año y los jueces no pudieron seguir recurriendo a Salud
Pública del Gobierno Provincial para que los auxiliaran. Al parecer, están a la espera del proveedor.
POR QUÉ ES IMPORTANTE
En el crimen de Juan Pablo Ortiz, el juez Benito Ortiz
quiere asegurarse que en el cuchillo usado en el crimen exista el ADN de
Guadalupe Ojeda, la pareja de la víctima y sindicada por todos como la
homicida.
Pero el juez también quiere asegurarse científicamente si
debajo de las uñas de la mujer hay ADN de la víctima fatal; y si en los
rasguños del cadáver del fallecido hay ADN de la presunta asesina.
Todo eso le ayudará al juez Ortiz a saber si, por ejemplo,
el crimen fue a sangre fría o si la mujer se habría defendido de un ataque.
Esa situación puede cambiar la calificación legal y una
eventual condena el día de mañana.
Pero para todo eso hace falta cotejar las muestras de ADN
obtenidas y eso, por ahora, llevará tiempo porque el juez Ortiz deberá recurrir
a otras provincias.