El pasado miércoles Germán Ariel Arrabal, un empleado
municipal de 45 años, fue condenado a 13 años en prisión por violar de manera reiterada
a su hijastra desde los 6 a los 13 años. El hombre sometía a la niña de manera
habitual y la pequeña, como mecanismo de protección, se desmayaba durante los
abusos, lo que no frenaba a su padrastro.
Según pudo conocer la justicia durante el juicio, la niña
llegó a tener pensamientos suicidas, se auto agredía físicamente y mostraba un
fuerte grado de afectación psicológica. Fue la menor la que terminó denunciando
el hecho con una tía, a la que le contó lo que pasaba en su casa y aseguró que
la madre no hacía nada.
Durante el juicio los psicólogos aseguraron Arrabal tenía
conductas psicopáticas y que "consideraba al resto como cosas”. Además, la
menor también lo denunció por golpearla a ella y a sus hermanos con una ojota
con un clavo.
Para el juez de la Sala, Maximiliano Blejman, todo esto
quedó probado y se trataba de abusos gravemente ultrajantes, por lo que le
dieron el castigo que pedía el fiscal Manini. La defensa había solicitado sólo
6 años de prisión, alegando que el abuso había sido uno sólo, pero no aceptaron
esto.