Por Gustavo Martínez Puga
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Tras el paso de los dos contadores del Arzobispado por el Cuarto Juzgado de Instrucción, donde el juez Benedicto Correa les imputó el delito de administración fraudulenta, se ventilaron detalles del manejo de la limosna de los files católicos. La desaparición de unos 700.000 pesos hizo que la máxima autoridad de esa religión, Alfonso Delgado, los denunciara.
Ante esa situación, es de esperar que la versión de los dos contadores tienda a sacarse de encima la responsabilidad que les cupo a cada uno. Ambos quisieron declarar el último viernes y lo hicieron extensamente. No quedaron detenidos porque ya antes habían sido eximidos de prisión por ser un delito excarcelable.
Aunque en el juzgado informaron que, al menos Juan Brozina, el contador y ex administrador, llevó una versión bastante estudiada y no admitió que le hicieran muchas preguntas. Eso no implica ninguna ilegalidad, ya que el imputado ni siquiera está obligado a declarar.
Quien sí reveló públicamente más detalles del manejo del dinero en el Arzobispado fue el tesorero Néstor Tapia. A través de su abogado defensor, Ricardo Lorenzo, el profesional siempre hizo saber al juez que quería dar su versión de los hechos. Para la Justicia ese gesto es tomado a favor del imputado.
De acuerdo a la versión de Tapia, las últimas maniobras del administrador Brozina fueron por demás sospechosas.
Tapia llevaba 12 años como tesorero del Arzobispado. Cuando entró Brozina, hace poco tiempo, cambió el sistema tradicional de recibos en papel al percibir la recaudación e hizo poner un programa informático que hizo hacer con un amigo suyo.
Ese programa informático podía ser operado en forma remota. Es decir que físicamente no hacía falta que estuviera presente en el Arzobispado para acceder a la computadora y ver cuánto dinero ingresó, por ejemplo.
En el Arzobispado, según Tapia, el control del dinero se hacía con ese programa que implementó Brozina, en primer lugar, y recién después los datos eran cargados a otro programa que es inviolable, el Tango.
De esa manera, Tapia apuntó a que no pueden responsabilizar a él por el faltante de dinero porque era Brozina quien tenía la última palabra y quien había decidido cómo iba a ser el manejo.
CÓMO RECAUDABAN
También se conoció cómo era la recaudación diaria, y con ese dato se entiende cómo puedo haber desaparecido 700.000 pesos.
Dijeron que la recaudación era diaria. Los sacerdotes llegaban con el dinero y las entregaban al contador o al tesorero. Solían ir, en promedio, cuatro o cinco sacerdotes por día y cada uno llevaba entre 9.000 y 12.000 pesos.
Según Tapia, antes el sacerdote pedía a cambio un recibo de papel para tener una justificación de que él había entregado la plata de la limosna de los fieles. Y se hacía otro recibo en el que constaba la plata que el cura había traído y había ingresado al Arzobispado.
Pero hubo un par de decisiones que hicieron cambiar ese sistema. Según Tapia, una fue una orden de que no querían en el Arzobispado que se juntaran más de tres personas en la fila. Si eso ocurría, les pedían menos burocracia y más velocidad. Y el otro fue el cambio de sistema que implementó Brozina, cuando se dejaron de dar los recibos de papel.
DÓNDE GUARDABAN
El dinero de la recaudación de la limosna era guardado en una pequeña caja fuerte que tenía el Arzobispado.
Según se conoció el viernes en Tribunales, la llave de esa caja fuerte era guardada en un libro. Y el acceso a la misma no era una sola persona. Tapia hizo saber que de esa caja fuerte se sacaba dinero para gastos corrientes, por ejemplo.
El registro del dinero ingresado a la caja fuerte era el que Brozina hacía, primero a través de su programa informático, el que luego volcaba al Tango.
De acuerdo a lo informado por Tapia, el sistema de depósito bancario del dinero de la recaudación no era riguroso, ya que ése trámite se hacía con lo que iba quedando en la caja fuerte.
QUIÉNES ACCEDÍAN
Al parecer, el acceso a ese dinero de la recaudación no era del todo privado. Tapia se sacó responsabilidad de encima diciendo que, por ejemplo, eran varios los que sabían dónde se guardaba la llave de la caja fuerte. Y que a él le pasó de haber dejado las cosas de su escritorio ordenadas de una manera y hallarlas desordenadas a su regreso.
Tapia se define como una persona profesante de la religión católica. Sufrió un ACV que le dejó cierta dificultad para movilizarse. Y se mostró indignado e impotente con la denuncia que le hicieron en su contra.
Primero el Arzobispado lo echó. Se lo comunicó vía telegrama. Y luego el contador se enteró por los medios de la denuncia penal en su contra.
El caso de Brozina habría sido distintos: aseguran que un día se fue del Arzobispado y no regresó más. Dicen que eso ocurrió después de una fuerte discusión. "Parece que se fue antes de que lo echaran”, hicieron saber en Tribunales fuentes de la defensa de Tapia.
A diferencia de Tapia, Brozina salió a toda prisa de Tribunales para evadirse de los periodistas. No dijo una sola palabra públicamente sobre el escándalo que lo tiene en la mira.
Dato
Monseñor Alfonso Delgado denunció personalmente ante la Fiscalía de Instrucción N° 4 de Ana Lía Larrea el faltante de dinero del Arzobispado perteneciente a la recaudación de la limosna.
