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La historia de Marcela Salas: Cinco días de verguenza - Por Omar Garade

Esta nota fue publicada el 6 de octubre de 2011 por el periodista de Tiempo de San Juan, Omar Garade, y refería a una causa similar de deceso, en 1995, que se intentó ocultar por razones de posición social de uno de los involucrados.
sábado, 15 de agosto de 2015 · 13:41

Nota publicada el 6 de octubre de 2011

Cinco días de vergüenza

El encubrimiento es una de las particularidades de los últimos grandes casos policiales en San Juan. La muerte de una bella joven chimbera en 1995 fue una clara muestra de cómo "la máquina de tapar” se puso en funcionamiento. Si se siguiera el mismo procedimiento que se lleva en la actualidad con el caso María Marta García Belsunce, esta conducta sería llevada a juicio.

Se tardó exactamente cinco días en saber cuál fue la causa de la muerte de Marcela Salas, una joven de 17 años que falleció un lunes a la madrugada en la cama de una hotel de alojamiento en la zona del Acceso Este de Capital. Durante esas jornadas los servicios de policía, judicial y de salud de la provincia realizaron unos de los papelones más memorables en la historia más reciente.

La primera noticia que se tuvo del caso es que Marcela apareció muerta en la habitación Nro. 7 del hotel alojamiento Week End. Su novio, Santiago Mazzei, que por esos días tenía 19 años, fue encontrado desvanecido en el baño del lugar y según se dijo, "agonizante".

Siguiendo con esta primera versión que dio la policía sanjuanina, también se dijo que quien dio la voz de alerta fue el dueño del establecimiento, Arturo Bretillot, luego de entrar a la habitación para ver porqué se demoraban en salir después de terminado su turno. También en esas mismas horas se dijo que lo único extraño en la escena del crimen fue un envase de gaseosa y un fuerte olor nauseabundo, cuya procedencia no se pudo determinar.

Esta primera versión, que se dio a conocer el lunes por la mañana, apenas pocas horas después de haber ocurrido el hecho, fue coronada con la hipótesis de los investigadores de que se trataba de "un pacto de amor" entre los novios para quitarse la vida, ya que sus familias no aprobaban la relación. El muchacho provenía de una familia bien posicionada política y socialmente de Rivadavia y la chica, de una humilde familia del barrio Los Tamarindos de Chimbas. Esas diferencias sociales habrían sido las razones que sus parientes utilizaban para prohibirles que se vean, situación que los habría llevado a querer suicidarse juntos. No lo lograron, ya que la única víctima fatal fue Marcela, porque Santiago, a pesar de su grave estado seguía vivo en una cama del Hospital Rawson. Mientras tanto, en ese primer día los médicos de la morgue local, aseguraban que por más que revisaban y revisaban el cuerpo de la joven, no podían encontrar la causa de la muerte.

El martes la idea del pacto de amor comenzó a desvanecerse. Sobre todo por las declaraciones de la familia de Marcela, que aseguraba que no había ningún problema en la pareja de su hija con Mazzei, que eran unos novios normales y que se querían mucho. Por su parte, la familia del "agonizante" Santiago evitaba cualquier contacto con la prensa, al tiempo que en el hospital ya corría el rumor de que el ex rugbier y novato jugador de fútbol no estaba tan grave como se decía.

A estas alturas, la hipótesis del pacto de amor suicida había perdido entidad por completo. La policía seguía con sus investigaciones e hizo analizar el envase de gaseosa, buscando en la posible presencia de algún veneno asesino, una segunda hipótesis que fuera más creíble que la primera. Los resultados fueron negativos: no había nada tóxico en el líquido sobrante. El pacto de amor se derrumbaba definitivamente y para peor aún, se supo que el hermano del novio sobreviviente había llegado a la habitación del hotel antes que el dueño del lugar y la policía misma.

Desde la Morgue ubicada a un costado del Hospital Marcial Quiroga, se insistía que a pesar de los "esfuerzos", las causas de la muerte seguían sin conocerse.

El miércoles la investigación viró hacia el olor nauseabundo y la posible intoxicación con gases. Se buscó en todas las cañerías de la habitación algún rastro de un posible asesino invisible. El "ingenio" de los investigadores llegó hasta el punto de experimentar encerrando unas ratas dentro de la habitación durante una noche, para ver si al otro día estaban vivas o si morían intoxicadas.

El rumor de que la salud de Santiago Mazzei no era todo lo preocupante que se decía cobraba cada vez más fuerza. El traslado a una clínica privada, el Instituto Médico San Juan, desde el Hospital Rawson parecía confirmar que la familia buscaba construir un cerco de privacidad alrededor del joven, aunque aseguraban que lo que querían era una mejor atención médica.  Aparentemente un diputado provincial, candidato a intendente y pariente de los Mazzei,  el médico Salvador Lo Cascio, era el que llevaba adelante esta estrategia.

En medio de estos rumores, la familia de la víctima (sobre todo su hermana melliza, Analía) se impacientaba cada vez más por la falta de precisiones por la causa de la muerte de Marcela. Las autoridades policiales todavía aseguraban no saber nada.

El jueves, al abrir la puerta de la habitación del hotel alojamiento, las ratas del experimento de comprobación de gases tóxicos, salieron vivitas y coleando del lugar. Otra pista que se caía y obligaba  los investigadores a empezar de cero otra vez. Descartaron el pacto de  amor, la intoxicación con una bebida y la intoxicación con gases. A cuatro días de la muerte de Marcela Salas, la policía, el fiscal y el juez seguían con las manos vacías, y ahora no solo la familia de la joven se impacientaba, sino también toda la opinión pública.

Ese   mismo día, hacia el final de la tarde, un periodista y un fotógrafo lograban retratar a Santiago Mazzei en la cama de una clínica céntrica, quien con cara de sorprendido ante el flash daba cuenta de su muy buena salud en ese momento. Algo totalmente distinto al cuadro de agonía en el que se afirmaba que se encontraba, apenas tres días antes.

El viernes cambió toda la historia.  Las explicaciones que se conocieron arrojaron luz sobre la razón real de la muerte, pero ensombrecieron aún más la investigación de un caso que ya tenía tres hipótesis fallidas. Un reconocido médico forense de Córdoba llegó a la provincia para dar otra opinión sobre las razones de la muerte de una de las mellizas Salas. Lo primero que comentó el profesional cordobés fue que estaba sorprendido de que los especialistas locales no hubieran detectado de inmediato las señales en el cuerpo de la joven, que indicaban claramente lo que le había sucedido.

El doctor Héctor Cámara aseguró que el cadáver presentaba una dilatación del ano mayor al del puño de una mano de un adulto y muy similar a la base de un envase de gaseosa de vidrio. Explicó que esa dilatación producida en forma sorpresiva causó un reflejo vagal que detuvo el funcionamiento del corazón, lo que finalmente causó la muerte.

Su consideración más importante tenía que ver con que la víctima no se esperaba semejante dolor y fue eso lo que le produjo el reflejo vagal. Es decir, no hubo consentimiento de la víctima para un acto que poco tenía que ver con una relación sexual habitual para una pareja de novios. La violencia ejercida en ese acto estaba más cercana a un hecho criminal que a un simple accidente.

Al conocerse algunas precisiones de lo que había sucedido esa madrugada de lunes en una habitación del Week End, gran cantidad de preguntas que se hacía la familia, el periodismo y la opinión pública se transformaron en fuertes sospechas. ¿En qué estado real de salud estaba Mazzei cuando murió su novia? ¿Estaba el novio en sus cabales o intoxicado con algún tipo de sustancia? ¿Cómo pudo realizar una llamada telefónica para avisarle a su hermano lo que le sucedió, si estaba agonizando? La policía y las autoridades de salud ¿hicieron algún examen toxicológico a Mazzei, al momento de encontrarlo junto a un cadáver? ¿Por qué llegaron al hotel alojamiento, antes que la policía, el hermano de Mazzei, Bretillot y la ambulancia? ¿Cuánto tiempo estas personas estuvieron junto al cadáver, antes que llegaran los peritos policiales? ¿Qué evidencias y rastros importantes se pudieron ocultar en ese tiempo que estuvieron solos? ¿Para qué la familia Mazzei ocultó a su hijo, primero en una habitación del Rawson y luego en una clínica del centro? ¿Qué papel cumplió el entonces diputado provincial y ex funcionario del gobierno bloquista, Salvador Lo Cascio, en el cerco de protección que se montó alrededor de Mazzei, con su internación forzada?

Increíblemente, todas estas preguntas fueron púbicas. Los distintos medios de comunicación se hicieron eco de ellas y las repitieron hasta el cansancio. Entonces, la pregunta más importante de todas es porqué las autoridades judiciales de San Juan, además de juzgar a Santiago Mazzei por la muerte de su novia, no investigaron ni judicializaron a todas las otras personas que de una u otra manera, entorpecieron y desviaron la investigación en lo que puede llamarse los cinco días más vergonzosos de sistema de seguridad, justicia y salud de la provincia de San Juan.

Esos mismos policías, fiscales, jueces, políticos, médicos y forenses continuaron y continúan todavía hoy ejerciendo sus cargos y profesiones sobre la dignidad de Marcela Salas, el misterio de su muerte y la increíble suerte de un Santiago Mazzei, que sólo fue condenado por un homicidio culposo. Lo que significa que Marcela sólo fue un accidente en su vida.

 

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