Ariel: Tras la sospecha de la madre, investigan un ex policía
El juez Ortiz mandó a pedir copias de las actuaciones investigativas judiciales de un accidente de tránsito que ocurrió la noche en que el niño desapareció. Por Gustavo Martínez Puga.
El manto de sospecha sobre el accionar policial que tiró Alejandra Silva, la madre de Ariel Tapia, el niño de 11 años que el 1 de diciembre desapareció y fue hallado muerto sin vida en una heladera abandonada cinco días después, no quedará en la nada.
Sin embargo, la sospecha principal sigue siendo el círculo íntimo del menor.
El juez del Primero de Instrucción, Benito Ortiz, quien investiga el homicidio del menor, se hizo eco de las declaraciones que Silva hizo en la edición del 6 de abril a Tiempo de San Juan: “Hemos adjuntado una copia de la publicación periodística al expediente. Y he ordenado pedir una copia de las actuaciones judiciales en el juzgado correccional en turno en ese momento para ver qué se investigó sobre el choque que provocó la muerte de un muchacho en una moto y ver si pudiera llegar a ver algún vínculo con la muerte de Ariel. No vamos a dejar ninguna posibilidad sin investigar, a pesar de que no veo con claridad que haya una relación directa entre una cosa y la otra”, informó el juez Ortiz a Tiempo de San Juan.
En sus declaraciones, la madre de Ariel dejó en evidencia sus sospechas de que la desaparición y la muerte de su hijo, podría estar vinculada al accidente de tránsito que ocurrió a pocas cuadras de su casa y a poca distancia de donde fue hallado el cadáver del niño.
Ariel desapareció en la tarde-noche del sábado 1 de diciembre. Y el accidente se produjo algunas horas después, el domingo a las 2 de la mañana. Ocurrió en la calle Colón y Albarracín de Godoy, cerca del terreno baldío en el que funciona una metalúrgica en la que estaba la heladera abandonada y en ese caso intervino el Tercer Juzgado Correccional.
Allí, un policía retirado, de 46 años y de apellido Pérez, conducía un auto y chocó a un joven de 18 años, Diego León, quien murió el día 4 de diciembre por las consecuencias del impacto que sufrió cuando viajaba en su moto. Los vecinos, y ahora su madre, siempre sospecharon que el accidente podría estar relacionado con la desaparición y muerte del menor.
Tal vez el principal motivo de la sospecha sea el desprolijo accionar en la investigación policial, ya que la autopsia reveló que el niño murió el domingo en la tarde y el cadáver se descompuso por el encierro en la heladera que la policía no revisó a pesar de que se supone que rastrilló todo la zona.
A todo el mundo siempre le llamó la atención que la policía no buscara al niño en la heladera abandonada, ya que estaba a unos 60 metros del fondo de la casa de Ariel. Se supone que el cuerpo fue puesto allí el domingo a la tarde, después de que recibió un golpe en el mentón y le provocó un desmayo. Además, en la tarde del día jueves, una comisión policial de la Seccional 29 –la misma que hizo las actuaciones en el accidente de tránsito- llegó y fue derecho a la heladera, hallando el cadáver.
Alejandra Silva, que no estaba en su casa cuando la desaparición porque había ido a un recital de Sabroso en el club San Martín, tiene su hipótesis: “Yo digo que el niño vio algo grave, corrió y no lo dejaron llegar”. Y precisó cómo fue ese momento en que se supone que Ariel desapareció: “Me llama por teléfono mi hijo mayor, Ezequiel (19), y me dice que Ariel no estaba por ningún lado; que en la calle Colón había habido un accidente de tránsito y que iba a ver si no era Ariel. Justo en ese momento fue cuando mi hijo desapareció. Al lunes siguiente, la camioneta de la policía de la Seccional 29 estuvo parada al lado de la heladera, en la metalúrgica, y no vieron nada. ¿No se les dio por buscar ahí?”.
El círculo íntimo sigue en la mira
La investigación policial y judicial siempre estuvo centrada en el círculo íntimo de Ariel. Y lo sigue estando: al menos no tomó estado público que el juez Ortiz haya tomado medidas que orienten la investigación en otro sentido.
Siempre fue un verdadero enigma cómo pudo haber desaparecido el menor de su casa sin que nadie lo viera caminar por las calles del Barrio Angelita, en Santa Lucía, siendo que era un chico que conocía su barrio como la palma de su mano y estaba acostumbrado a salir a jugar y a tener amigos en ese sitio.