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María Cristina Olivares (26) y Carina Baginay (33) nunca se conocieron, pero tenían una historia en común: siendo jóvenes, con niños chicos, y una vida por delante, les dieron muerte zambullidas en un círculo de violencia trazado por el amor, la pobreza y afecciones psicológicas que no le permitieron zafar por sí solas de esa realidad. René Robledo (32) y Miguel Angel Palma (24) tampoco se conocieron, pero tal vez lo hagan en la cárcel de Chimbas: es que ambos están presos, salpicados por la sangre del crimen de sus ex mujeres, a la espera de que la justicia les defina su futuro.
Carina Baginay tenía 3 condenas a su favor, tras las golpizas que le dio René Robledo, quien recibió distinto tipos de penas por esos hechos, según informaron en el Segundo Juzgado de Instrucción, donde investigan el crimen como un homicidio, sin agravamiento por no existir un vínculo legal entre ambos. Las causas con sentencia están en el Primero, el Segundo y el Tercer Juzgado Correccional, el fuero donde se tramitan los delitos por lesiones, cuyas penas no contemplan la prisión efectiva. Los jueces le habían prohibido que se le arrimara a ella.
Incluso, la justicia había citado y notificado a Carina de esa medida, para que hiciera uso de ese derecho para proteger su integridad y la de sus hijos. Pero sus necesidades económicas, la de sus 6 hijos con vida –tenía una niña de 4 años que falleció electrocutada hace 6 años en la Villa Montes Romaní-, ella lo volvía a ver. Así lo cuentan su madre, Norma Allende, y su hermano mayor, Marco, quienes le dijeron a Carina una y mil veces que lo mejor era que se separara de René. En los últimos días Carina les había hecho caso y se había ido de su casa en el barrio Siete Colores, en Rawson, al Cabot, en Concepción. Pero ella lo seguía recibiendo. A veces, con su consentimiento; a veces, por la violencia que él usaba para que lo recibiera por la fuerza. Hasta que el lunes 13 de agosto último, él la fue a buscar a la casa de una amiga en Concepción, le tiró de los pelos, le pegó trompadas y la metió una puñalada mortal que le quitó la vida.
-Consecuencia: él preso, ella muerta y seis niños sin sus padres, al cuidado de su abuela materna, con un infierno familiar de por vida.
María Cristina Olivares tenía una condena a su favor, la del Primer Juzgado Correccional contra Miguel Ángel Palma, después de que un día le dio una paliza y la amenazó con matarla. Como en el caso de Carina, también a Cristina le notificaron que Palma tenía prohibido acercársele a ella y a sus tres hijos. Cristina también abandonó el hogar que tenía con Palma, donde lo había sorprendido siéndole infiel con Rosa Videla, la principal sospechosa de haberle quitado la vida de 140 puñaladas. Como Carina, Cristina se fue a lo de su padre, Antonio Olivares, quien también le dijo una y mil veces que no lo viera más a Palma.
Pero Cristina prefirió no escuchar esos consejos, se mudó a otra humilde vivienda cerca de sus padres y se seguía viendo con Palma. Igual que Carina, ella decía necesitar de su ayuda económica, del afecto del padre a sus hijos. Hasta que la noche del 7 de julio último, Cristina fue masacrada de 140 puñaladas cuando iba a buscarlo a él. Todavía se investiga cómo fue, pero se sospecha que la amante de toda la vida de Palma, Rosa Videla, la asesinó de 140 puñaladas instigada por Palma. Aunque hay testigos que vieron a un hombre de una fisonomía muy parecida a la de Palma junto al cuerpo de Cristina en una camioneta.
-Consecuencia: él preso, ella muerta y tres niños sin sus padres, al cuidado de sus abuelos maternos, con una tormentosa vida por delante.
Hay una sola diferencia entre ambas historias: Cristina Olivares había recibido asistencia social y psicológica de una oficina creada para ese fin en el Ministerio de Desarrollo Humano del gobierno provincial. Carina Baginay nunca recibió esa asistencia.
Sin embargo, las dos tuvieron un mismo y trágico final.
Sin control
El Órgano Coordinador Provincial de Seguimiento, Evaluación y Prevención de la Problemática de Violencia Familiar rige en la provincia desde el 2009 pero nunca funcionó porque el Ejecutivo y el Judicial nunca designaron a sus miembros Sí lo hizo el Legislativo y el Ministerio Público.
El inciso D del artículo 57 de la Ley de Violencia Familiar dice expresamente que el órgano deberá “evaluar en forma permanente o periódica aquellos casos concretos que por su gravedad e implicancia social merezcan un tratamiento interinstitucional”.
El nuevo hogar de los niños, hasta sin puertas
La pobreza en la que quedaron los seis hijos y el nietito de Carina Baginay es escalofriante. Con solo pararse frente a la casa del barrio Cabot, en la calle Lisandro Sánchez, se tiene una pincelada de las necesidades: una manguera con agua va desde la vereda hasta una pileta ubicada en la puerta de entrada de la vivienda de dos plantas. Esa pileta es la que usan para lavar los platos, vasos y cubiertos. Atrás, una cortina amarilla cuelga del marco de la entrada principal. Llama la atención que la casa no tiene puertas.
“No tengo ni para una puerta. Hace 6 o 7 meses que vivo así. Hace unos años me entraron a robar y quemaron la casa para no dejar huella y me quedé sin puertas. Lo solucioné, pero otro día que no estaba en la casa me entraron de nuevo y me llevaron hasta las sillas la manga de delincuentes y drogados que andan por aquí”. El crudo relato es de Norma Allende (57), la madre de Carina Baginay, la mujer asesinada.
Norma no tiene pareja y con ella viven dos hijas (tenía 5 contando a Carina) y 3 nietos. Ahora también tiene en su casa los 6 hijos de Carina y el bisnieto que le dejó. Es decir que con ella ahora viven 13 personas en su casa.
El miércoles último fue el cumpleaños de uno de los hijos que Carina, el varón que cumplió 7 años. Los otros chicos tienen 2, 9, 14 y 16 años. Y ésta última es la que tuvo un bebe de 4 meses que también está viviendo con Norma en una casa donde no tienen ni sillas para sentarse.