¿verdad o fábula?

Una mendocina asegura haber sido secuestrada por segunda vez

La buscaban desde hace más de una semana y apareció este martes tras ser soltada en unas calles del departamento de Guaymallén. El año pasado habría protagonizado una situación similar. Dice que la secuestraron y la mantuvieron atada. Leé toda la historia.
martes, 26 de junio de 2012 · 15:28

Valeria Opazo come un sándwich de miga y llora en una de las salas de la guardia del Hospital Central. Está descalza, sin demasiado abrigo, y rodeada por su mamá Liliana, su hermanita Florencia y una enfermera. El padre, Carlos, cuenta afuera una y otra vez la versión a los medios y se encarga de agradecer a MDZ la ayuda de estos días en la búsqueda.

En esa casa alejada, en el “Salitral” de Guaymallén, ya no habrá motivos para preocuparse. No importará el frío del invierno, ni el kilómetro diario que hay que caminar para llegar a la parada de colectivo más cercana. Valeria está de vuelta y con ella la tranquilidad.

“Íbamos esta mañana con mi familia en el micro y llamaron al celular de mi hija más chica, nos avisaron que Valeria estaba en Elpidio González y Reconquista de Rodeo de la Cruz. La habían abandonado con los ojos vendados. Por suerte apareció”, dijo el padre de la víctima.

Valeria come y la interrumpen, tiene que tomar el kit de emergencia y someterse a los estudios de rigor. Entre lágrimas y llamadas telefónicas se anima a mirar a los policías de Investigaciones que siguieron su caso en estos días y se baja de la camilla para abrazar a su madre.

¿Donde está Valeria?

Valeria Opazo salió el lunes 18 de su casa ubicada en la localidad Puente de Hierro rumbo a la escuela Rufo, donde estudia peluquería y cosmetología, pero nunca más volvió. Su hermana menor la vio subirse al colectivo en calle Severo del Castillo y Los Pinos, una zona de fincas del departamento de Guaymallén y fue la última vez.

A partir de la denuncia, se abrió una investigación encabezada por el fiscal Diego Lusverti, pero en ningún momento hubo novedades ni información para ensayar conjeturas. Luego la causa pasó al fiscal Daniel Carnielo.

Su madre, Liliana Toscano, se encontraba desesperada ya que una amiga de la joven le había contado que un ex novio llamado Sebastián Palma había amenazado a Valeria hace 10 días por haberle roto el corazón. “Valeria se estaba mensajeando con un chico nuevo y parece que Palma se enteró por lo que le dijo que él no le iba a hacer nada pero que iba a mandar gente para que si le hiciera”.

Valeria no se llevó pertenencias que hicieran suponer una huída o desaparición premeditada. En la habitación quedó la campera, sus cosméticos y hasta incluso los documentos. Esto sin contar que según su familia siempre avisaba a dónde iba y no se ausentaba jamás sin antes poner al tanto a sus padres.

“Como no volvía de la escuela la fui a buscar pero no estaba. Hablé con la directora, la profesora y algunas compañeras, pero nadie sabía nada sobre mi hija. De golpe no habían ido ese día a clases, o los visitábamos en las casas y los padres nos decían que no los mandaron. No quieren meterse”, dijo el padre.

Lo cierto es que una compañera que viaja en el mismo colectivo, señaló haberla visto el día lunes de la desaparición, pero que no se bajó en la parada habitual sino que siguió de largo.  Mientras que policías de Investigaciones les manifestaron a los padres haber rastrillado descampados de la zona, y no haber encontrado el cuerpo. “Mi hija está viva”, decía la madre durante su ausencia.

Valeria, ¿La chica de los secuestros?

Hace seis meses Valeria vivió una situación similar cuando caminaba por calle Severo del Castillo y un auto negro se frenó a su lado. Le preguntaron la hora y al agachar la joven su cabeza le pusieron un trapo en la cara que luego se determinó era cloroformo.

Se la llevaron, y despertó varias horas después en una habitación oscura. Se oían según su relato voces femeninas y unos hombres en una habitación contigua, pero volvió a desmayarse.

Finalmente, despertó al costado de una acequia en la Alameda, muy mareada y descompuesta, con su remera en la mano y un pinchazo en el brazo.

Tras la denuncia se constató que no había sido violada, era virgen, pero tenía un sedimento en la vulva similar a un pegamento. Debió realizarse análisis de todo tipo y pudo volver a hacer una vida normal. Un psicólogo dijo que no mentía.

Valeria de vuelta en casa

Según afirmó la joven, el lunes bajó del colectivo que la llevaba al curso de cosmetología y tres hombres que se trasladaban en un Falcón blanco, deteriorado, la maniataron y subieron en el baúl.

El viaje fue largo, tenía un vendaje que le impedía mirar, por lo cual no logró ubicarse en el momento en que la bajaron del automóvil y llevaron a una pieza donde pasaría los próximos ocho días.

Luego de atarla a una silla, y de asegurarle que este era un escarmiento para sus padres, que así no joderían, le ofrecieron agua y algo de comida que ella no quiso probar.

Fueron días y noches en esa habitación, escuchando las conversaciones de los hombres de los cuales no pudo sacar conjeturas sobre el porqué de su cautiverio. Por momentos venían a verla con los rostros cubiertos por bufandas. Nunca la tocaron ni la golpearon, y las únicas marcas que presenta son quemaduras en sus muñecas producto de las cuerdas que dice, usaron para atarla.

No había precisiones sobre el tiempo que allí permanecería o cual era su lugar en esa historia dramática, sin embargo, el día lunes por la noche cuando el caso de su desaparición ya había tomado estado público, los secuestradores le dijeron que a la mañana siguiente la liberarían.

Finalmente, fue soltada en calles Elpidio González y Reconquista de Guaymallén, donde fue ayudada por un hombre llamado Cesar Morán, que pasaba por el lugar e hizo el llamado que le daría fin a una agonía de más de una semana.

Fuente: mdzol.com

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