Doble homicidio

La capital del crimen perfecto

El violento asesinato de la abogada y su hija en el 2002 está todavía impune. Es uno más de los tantos casos policiales que se pueden enumerar en San Juan que no tienen culpables. A casi diez años del hecho, Jorge Verdú tiene una hipótesis de lo que pasó y asegura que la justicia nunca lo quiso escuchar.
sábado, 10 de diciembre de 2011 · 18:57
Faltan un poco más de nueve meses para que se cumplan los diez años del doble crimen de la abogada Ana Gómez y su hija Natalí Verdú. Diez años para que dos de los asesinatos más violentos que recuerde la sociedad sanjuanina sigan impunes sin ningún culpable a la vista. Diez años de lo mismo, diez años de injusticia e inoperancia por parte de las autoridades que tienen como obligación investigar este tipo de casos.

Sería rápido hacer la lista de la cantidad de casos como este hay en San Juan (basta tan solo con releer todos los números del Tiempo San Juan desde su aparición), para darse cuenta que algo no funciona tanto con el Poder Judicial de la provincia, ni con la Policía de la provincia. Se podría llegar a decir que cualquier crimen que escape al protocolo de lo pasional o meramente accidental, difícilmente sea esclarecido por estas dos instituciones.

Es decir que de alguna manera los criminales nos llevan la delantera y que estamos desprotegidos cuando se trata de un asesinato más o menos planeado. Aparentemente las autoridades no tienen ni el conocimiento, ni las habilidades, ni los elementos, para enfrentar hecho de este tipo, por lo tanto no sería descabellado nombrar esta provincia como la capital del “crimen perfecto”.

Pero lo más increíble, y tomando el caso de la abogada y su hija como ejemplo, es que las autoridades en estos casi diez años no han salido a informar públicamente ni una sola vez de que están haciendo al respecto. Si siguen hipótesis nuevas, si hay nuevos detenidos, si hay nuevas pistas. Nada en todo este tiempo. Ni siquiera se sabe si todavía lo tienen en cuenta como un caso para seguir investigándolo.

No se sabe porqué no lo hacen. Será de pura vergüenza por tener que decir a la opinión pública que durante todo este tiempo no lograron un mínimo avance. Será para cuidar sus puestos de trabajo y no dar muestras públicas de su inoperancia. Pareciera que solo juegan a que los términos de los crímenes caduquen, para que los casos en sí sean olvidados, y salir airosos de su poca profesionalidad.

Los únicos que no se callan son los familiares de las víctimas. Es el caso de Jorge Verdú, pareja de la abogada y padre de Natalí, quien tiene una hipótesis sobre como murieron su mujer e hija, y que aparentemente el juez de la causa se niega a seguir. Si la hipótesis de Verdú es descabellada y no tiene sostén, no lo sabemos. Y no lo sabemos porque el magistrado encargado nunca salió a decirlo públicamente. Nunca dio una explicación al respecto. Y es su obligación como funcionario público, más allá que se escondan bajo la frase “los jueces hablan con sus sentencias”.

Pero repasemos los hechos del caso, para poner en el tapete la importancia de lo que todavía no se puede explicar: El 5 de septiembre de 2002, por la tarde, apareció muerta de dos tiros (uno en el pecho, otro en la sien derecha), la abogada Ana Dulcínea Gómez  (49). Junto a ella, también su hija Natalí Verdú Gómez de 16 años. El caso sorprendió por lo violento y porque, según se dijo entonces, las víctimas fueron ejecutadas con un sello mafioso.

El crimen ocurrió en una vivienda de Avenida Libertador casi Rawson, en Capital. Había sido comprada hacía pocos días por la abogada.El primero en llegar a la casa fue Emanuel, el hijo de Ana Gómez, a quien su madre había quedado de pasar a buscar. Al no llegar, fue a la casa y cuando abrió la puerta, encontró todo revuelto y se fue a buscar a su padre, Jorge Verdú.

Cuando volvieron, entraron a las habitaciones y allí encontraron a las dos mujeres muertas.
En principio, se descartó el móvil del robo,ya que no faltaban joyas, ni siquiera las que Ana y Natalí tenían puestas en ese momento. Sí se advirtió un gran desorden, como si alguien hubiera estado revolviendo papeles. También habían destruido la computadora que había en la casa.

A los pocos días, la Policía reveló que la abogada tenía tres tiros en la cabeza y uno en el costado izquierdo del abdomen, mientras que a Natalí le dispararon cinco veces en la cabeza y una en el pecho.

También se supo que a Ana la encontraron boca arriba en su cama, con una cuellera de tela cubriéndole los ojos. A Natalí la encontraron en la otra habitación, también tendida en la cama, con una bolsa plástica tapándole la cabeza. La madre tenía las manos atadas hacia atrás con un cable, y los pies, con una media fina. La joven también estaba atada, pero  el mismo cable que le sujetaba las manos, le envolvía el cuello.

La misma fuente policial confirmó que no faltaban bienes en la casa, que no hubo violencia para ingresar a la casa, que tanto el televisor como el equipo de música estaban encendidos y que la joven murió 40 minutos antes que la madre.

A los dos días del crimen, la Policía detuvo a tres hombres: Alfredo Ríos, Antonio Fernández y Néstor Escudero, de 25 de Mayo. La vinculación que tenían con la abogada fue la venta de alambre que habían concretado unos días antes. Luego de varios días presos, el juez Guillermo Adárvez los libera por falta de méritos. Por esos días, también se empezó a hablar del faltante de unos 5.000 Lecop que la abogada había recibido el día anterior a su muerte, por la venta de unos animales en Valle Fértil.

Hasta ahí los datos que manejaron la policía y la justicia para tratar de resolver el doble crimen, algo que todavía no sucedió. Para Jorge Verdú, estos no fueron suficientes y sumó otras hipótesis que aparentemente no fueron seguidas por los investigadores.

La principal y de la que tiene más datos el comerciante, es que el novio de su hija, un joven llamado Kepi (o Kepic, o Quepi, Verdú, dice no saber cómo se escribe el apellido), fue el entregador para los criminales que cometieron el doble crimen. Su afirmación se basa en una serie de hechos y el testimonio de un policía, de apellido Rufino, que vino a verlo tiempo después del asesinato.

Natalí Verdú se había puesto de novia hacía pocos días (10 o 15) con Marcelo, un chico un poco mayor que ella, pero muy joven también. Ella se lo contó a su padre. También le contó que Marcelo la había acompañado a Tribunales a entregarle una llave a su madre y antes de entrar, él le había presentado a dos jóvenes.

Este dato es muy llamativo, ya que tiene que ver con el testimonio de Rufino sobre cómo ocurrió el asesinato. Antes de conocer la versión del policía, Verdú ya había investigado al noviecito de su hija, porque sabía muy poco de él. "Vino al velorio unos 15 minutos y lo noté muy frío, distante, como si estuviera apurado por irse", diría Verdú.

Lo que pudo averiguar fue que Marcelo pertenecía a una familia de clase media y por dichos de sus vecinos, cuando era pequeño, la madre lo vestía de niña "porque siempre había querido una hija mujer". Según Verdú, esto habría condicionado la elección sexual del joven. "Cuando Rufino vino a contarme que Marcelo estaba involucrado, yo seguí averiguando y me enteré que se movía en el mundo de la homosexualidad y la droga. Esos dos personajes que le presentó a mi hija en la puerta de Tribunales también eran de ese mundo y de hecho al menos uno de ellos habría estado implicado en el asalto y crimen de una médica, creo que se llamaba Cecilia, en el barrio Walter Melcher. Pobre mujer, estaba amamantando a su bebé cuando entraron a robarle y la mataron", dijo Verdú.

El testimonio de Rufino (del cual Verdú guarda una copia escrita y firmada por el propio policía) proviene de los dichos de un informante, quien le habría contado al uniformado que los criminales habrían entrado por la terraza o la puerta de atrás de la casa. "Encontramos un platito con un cuchillo, como si Natalí hubiera estado dándole de comer a la perrita que yo le había regalado. Estaban encapuchados, pero Natalí forcejeó con uno de ellos y pudo correrle la capucha. ‘Yo a vos te conozco’, le dijo mi nena, porque reconoció a uno de los amigos de Marcelo. Esa puede haber sido la razón por la que la mataron primero a ella. A mi mujer la querían viva para que les dijera dónde tenía guardado los Lecop que había traído de la venta de animales. Marcelo sabía de esa venta por boca de la propia Natalí, porque ella acompañó a su mamá a Valle Fértil a concretar la venta y de paso, visitar a la familia", relata el viudo.

Según esta versión, el móvil siempre fue el robo. "Lo que pasa es que esta gente, cuando están drogados, no tienen límites. Matan sin problema para conseguir lo que quieren. Así lo hicieron también con esa pobre mujer del barrio Walter Melcher. No tuvieron piedad con ella, como tampoco tuvieron con Ana y con mi hija", dice entre lágrimas. Verdú también relató que esta versión obra en poder del fiscal de la Corte, Dr. Jorge Quatroppani y que en copia escrita, fue remitida al Juzgado del Dr. Guillermo Adárvez. "Pero nunca se investigó. Adárvez siempre se empeñó en que yo tenía algo que ver y nunca hizo caso de los datos que yo le llevaba", asegura.

Escuchándolo a Verdú es muy llamativo que un solo hombre como este haya construido una hipótesis con tantos datos y posibilidades de investigación. ¿Cómo es posible que un juzgado y toda la policía de San Juan no hayan llegado a estas conclusiones o seguido estas pistas? ¿Tendrá razón este hombre que también acusa al ex jefe de policía Alcayagade haber borrado todas las pistas de la escena del crimen por el simple hecho de que un amigo íntimo del funcionario era parte de un caso de divorcio en donde Ana Gómez era representante de la mujer?.

Finalmente, ¿qué hará el poder político al respecto de este tema? ¿Seguirá mirando al costado o tomará definitivamente la decisión de profesionalizar la policía para estar a la altura de estos acontecimientos. ¿Qué hará el Poder Judicial con estos casos? ¿Se dará por vencido sin dar cuentas a la sociedad, o finalmente depurara sus filas de magistrados que tienen más vocación de permanecer en sus despachos, que de impartir justicia?

San Juan tiene la triste fama de que “de su cárcel cualquiera se puede escapar”. Ahora también podríamos agregarle que también es conocida como la “capital del crimen perfecto”.

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