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Opinión

Operación distancia, en marcha y con tonada cordobesa

Poco tiempo por delante y muchas decisiones por tomar. En la provincia, ya queda firme la primera: prudente despegue de la Nación. Juntos pero no revueltos. Las fotos sugestivas.

Por Sebastián Saharrea 20 de agosto de 2022 - 10:23

Alejandra Vigo es sanjuanina de nacimiento y cordobesa por adopción, como tantas mujeres que emigraron a estudiar y rearmaron su vida. Personal y política. Con el antecedente bien latente de su coterránea Olga Ruitort, también sanjuanina de nacimiento y de reconocida trayectoria política cordobesa. O en los varones, nada menos que Ramón Bautista Mestre, ex gobernador con el honor de una de las nuevas calles más bonitas de Córdoba Capital bordeando el Suquía.

Vigo viene de reconocida familia de un comercio de vidrios y es hoy nada menos que senadora nacional. Nada callada ni quieta, encima. Mujer picante, de intervenciones vibrantes en la Cámara Alta de la Nación y con vida política propia, es además la esposa del gobernador cordobés Juan Schiaretti.

Una peronista a la cordobesa, o columna vertebral del cordobesismo. Esa acepción tan bien puesta para definir a una variante del partido del general que se las ingenia para mantenerse como espacio de poder en una provincia donde el término peronista suele parecer un insulto.

Acuñada por el propio José Manuel De la Sota cuando debió tomar distancia de los colores peronistas que bajaban de la Nación de la mano de Néstor Kirchner, y que en Córdoba generaban urticaria. Así nació el cordobesismo, una versión peronista diluida en la idiosincrasia mediterránea que le sirvió no sólo para encumbrar a De la Sota sino a su sucesor Schiaretti.

De buena llegada al PJ, pero respetando las distancias. De llegada oscilante incluso al kirchnerismo, pero sin mezclar los trapos. De fluidas relaciones con el macrismo, pero conociendo que son sus más fuertes rivales internos. Intimidad con Massa, con quien incluso llegó a disputar una interna presidencial. Buenos vínculos, pero equidistantes de todo el mundo, así sobrevivieron.

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Hasta ahora, que Schiaretti no puede repetir como candidato a gobernador y se dedicó a armar juego político en todo el país. Está la propia Olga, que conoce al cordobesismo como cuasifundadora, que sostiene que Schiaretti –con quien está distanciada- quiere arreglar con Juntos por el Cambio para ser vicepresidente. Está el posible sucesor de Schiaretti, el intendente Martín Llallora, que cultiva relación fuera de la patria chica de Rodrigo, San Juan incluida (con un intendente en especial).

Por lo que fuera, difunden sus bondades en todo el país como expresión superadora de un país partido. Ni peronismo puro ni oposición caníbal, sería la fórmula. Le falta rodaje, es cierto, pero intenta imponerse como expresión confiable en tiempos críticos. En ese contexto, Alejandra Vigo viajó a su provincia natal y mantuvo calurosos gestos con el anfitrión Sergio Uñac.

Al sanjuanino y a un importante grupo que lo rodea no le disgusta el modelo de Schiaretti en Córdoba. Lo ven como una opción superadora a la división nacional, con el nada despreciable condimento de una gestión provincial muy valorada. Aunque en su propia provincia no la tendrá fácil con el armado de Cambiemos entre el radical Rodrigo de Loredo (yerno de Aguad) y el macrista Luis Juez. Por eso, complicado el camino interno, el cordobés buscará expandir la receta a todo el país.

Para hacerlo, su virtud es también su problema: ni tan lejos ni tan cerca de los dos polos políticos antagónicos. Schiaretti habla y se lleva bien con Alberto, no se lleva de los pelos con los K –al menos en público-, pero ese no es su lugar. También tiene buen trato con Macri –incluso trabajó en Socma-, pero es sapo de otro pozo. Ni chicha ni limonada, como dicen los mayores de 60.

Sí aparece como una buena fórmula para referenciarse con distancia de Alberto y el gobierno nacional, aun estando con los pies adentro como Sergio Uñac. Los gobernadores ya vienen teniendo esas tensiones hacia adentro con el presidente, como el día en que se reunieron en las vísperas del último cambio de gabinete y prácticamente lo intimaron a que apretara el acelerador y no demorara un minuto más en la designación de Sergio Massa. En un encuentro nada cordial, en el que comentaron que hasta volaron los ceniceros.

No es que los gobernadores tengan pasión por el nuevo ministro de Economía, para nada. Sino que veían –y siguen viendo- cómo la parsimonia presidencial les va limando el capital político que ellos deben defender en las provincias poniendo el pecho.

Cada síntoma de degradación económico y político a nivel porteño demora segundos en aterrizar en los distritos. Y hay muchos ejecutivos provinciales que defender, como el caso de San Juan. Eso es lo que intentaron hacer pesar los gobernadores casi con desesperación. Parece que aquella vez fueron escuchados: Alberto anticipó a un jueves lo que tenía pensado para después de un fin de semana. Y así es como construyen esa difícil relación política, semana a semana.

Desde San Juan, la relación política que se teje con Alberto es de cordialidad y corrección. Buenas vibraciones con los ministros nacionales, mejor con unos que con otros. Como es lógico. Pero siempre tratando de no atarse una roca al cuello.

Hoy, la gestión presidencial no descolla. Se calcula que mantendrá encendida la mecha electoral con su posible reelección, al menos para no perder autoridad sobre el final del mandato. Si consigue enderezar el rumbo, tal vez refloten sus aspiraciones. También lo harían las de Sergio Massa, ese es otro atractivo capítulo para esta novela.

Lo concreto es que hasta ahora, pertenecer a la escudería oficial a nivel nacional no es precisamente una suerte. Sergio Uñac lo conoce mejor que nadie, igual que sabe que debe cuidar los modales para no ser descortés con nadie. Seguir apoyando en público. O mandar a votar en el Congreso en favor del equipo. Pero queda claro que el operativo despegue aparece ya como una cuestión de supervivencia propia.

En Córdoba se votará para gobernador en abril. Allí se conocerá si el cordobesismo es una fórmula ganadora o si sucumbe ante la amenaza amarilla. Igual que Salta, otra provincia del equipo oficialista preocupada antes que nada por salvar la propia ropa. Si le va bien, será una buena señal haber ya establecido vínculos con tiempo.

A no ser que San Juan también concurra a elecciones provinciales para esos días, bien adelantados de los comicios nacionales. Sobre lo que todavía no hay datos concretos, sólo especulaciones. Pero eso es motivo para la próxima entrega de esta serie.

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