troesma

A dos décadas del adiós a una figura emblemática

Osvaldo Pugliese junto a su legendaria orquesta típica, creó un lenguaje musical único e irrepetible, además de un formato de gestión cooperativa ejemplar. A 20 años de la muerte del genial pianista, su vida y su música continúan siendo inspiradoras.
sábado, 25 de julio de 2015 · 13:30

Podría parecer mentira que esa figura delgada, de voz aguda, anteojos gruesos, sonrisa apacible y genuina humildad encerrara una tenacidad y convicción inquebrantables. Pero pocas personalidades en la historia del tango y de la cultura argentina lograron construir una obra tan amplia, audaz y en plena evolución sin perder su estilo.

Osvaldo Pugliese y su orquesta típica –su herramienta expresiva y también de militancia– crearon un lenguaje musical único e irrepetible. También un formato de gestión cooperativa día a día más influyente. A 20 años de la muerte del pianista, director, compositor y arreglador, su vida y su música continúan siendo apasionantes, publica Tiempo Argentino. 

Pugliese no nació por generación espontánea. Su padre era un flautista aficionado y su hermano Roque tocaba el violín y componía. Mucho después, ese linaje se extendería con su hija Beba, también pianista, y su nieta Carla, bandoneonista. El clima de época, a principios del siglo XX, tenía al tango en ascenso y al pequeño Osvaldo ya apasionado por la música.
Antes de los 9 años, empezó a tocar de oído un violín y a los 15 ya participaba de un trío. Hasta que un día volvió a su casa y se encontró un piano: "Para que comiences a estudiar, atorrante", le dijo compinche su padre. Pugliese estudió y se incorporó a toda aventura musical que estuviera a su alcance.

En los años '20 participó de diversos proyectos que, entre otros, incluyeron tocar con la bandoneonista Paquita Bernardo, sumarse a la orquesta de Pedro Maffia y armar un sexteto con Elvino Vardaro. En esos tiempos compuso "Recuerdo", uno de sus tangos más emblemáticos, que rápidamente le dio nombre y prestigio. "Marcó un nuevo camino en la composición del tango. Encierra un concepto moderno en su estructura armónica y en el imprevisto desarrollo de la línea melódica", opinó Julio De Caro. 

A sus 80 años, se hizo realidad el sueño suyo y de su hinchada: tocar en el Colón.
Luego, Pugliese probó sumarse a otras agrupaciones –una incluyó fugazmente a Alfredo Gobbi y Aníbal Troilo– y pasó por la orquesta de Pedro Laurenz. Pero su deseo estaba muy claro, y tras varios intentos y las dificultades propias de todo comienzo, en 1939 logró estabilizar su orquesta típica en el Café Nacional y en 1943 concretó su primera grabación. Nunca más abandonaría ese formato.

Su orquesta desarrollaba una clara herencia decariana y cierta velocidad dominante en la época –la influencia de D’Arienzo era muy poderosa–, pero de a poco ya comenzarían a asomar aspectos claves de su estilo. Con el tiempo, Osvaldo Ruggiero (bandoneón) y Enrique Camerano (violín) fueron creciendo como intérpretes, compositores y arregladores, y resultaron determinantes en el lenguaje de la orquesta. Cada uno, a partir de su temperamento y creatividad, forjó junto a Pugliese modos expresivos únicos. Ruggiero compartió más de 28 años en la orquesta y es considerado uno de los bandoneones fundamentales de la historia del tango.

Organismo vivo
Para muchos, el cenit estético de la orquesta fue en los '50 y '60. En ese período se consolidaron todos los elementos dinámicos y compositivos del lenguaje pugliesiano. Pero la orquesta siempre fue un organismo vivo –en contraposición a otras que permanecían inalterables por décadas– y casi todas las etapas tienen su encanto. El mayor clasicismo de los años '40 –con la voz del mítico Roberto Chanel– resulta entrañable, así como la renovación de 1969 ofrece una frescura y variantes armónicas muy atractivas.

Pero, ¿de qué se trata el estilo Pugliese? De un abanico de recursos que incluyen variantes rítmicas, como el estilo "yumba", con acento en los tempos uno y tres del compás, el 3-3-2 y las formas camperas, entre otras, Además, el manejo caprichoso del tiempo (con los famosos rubatos, donde se aceleraba o hacía más lento el tempo hasta en el mismo compás), la dinámica en el volumen (se tocaba muy fuerte, pero también se jugaba mucho con los contrastes), los espacios solistas (el lucimiento de Ruggiero y Camerano, pero también los diálogos y contrapuntos), el sonido perlado del piano de Pugliese (nunca ostentoso, siempre ajustado y creativo) y las variaciones de bandoneón de gran musicalidad.

"Cuando entré la orquesta lo tenía todo", puntualiza Víctor Lavallén, bandoneonista de la orquesta entre 1959 y 1968. "Sonaba como nadie -agrega- pero el maestro siempre nos pedía más. Yo me animé a arreglar gracias a él. Sumamos, pero siempre dentro del estilo."

Algunas de las composiciones más celebradas de Pugliese fueron "La Yumba" (himno y suerte de declaración estética de la orquesta), "Negracha" y "Malandraca" (dentro de las más rítmicas), "La Beba" (dedicada a su hija), "Adiós Bardi" y la mencionada "Recuerdo" (entre las más líricas). Ruggiero se distinguió con "N.N." y "Yunta de oro", Emilio Balcarce con "La Bordona", e Ismael Spitalnik con "Bien milonga", entre muchas otras composiciones y otros autores de la orquesta.

Pero si en el tango los arreglos adquieren casi una dimensión de nueva composición, en la orquesta de Osvaldo Pugliese alcanzaron un brillo particular por la riqueza de variantes del estilo y el aporte de los músicos. Mario Demarco, Spitalnik, Alcides Rossi, Victor Lavallén, Julián Plaza, Emilio Balcarce, Rodolfo Mederos, Juan José Mosalini y Daniel Binelli, entre muchos otros, supieron dejar su huella. Alcanzaron gran reconocimiento las versiones de "Emancipación", "Nochero soy", "La mariposa" (admirada hasta por Piazzolla), "A mis compañeros", "Marrón y azul", "A los amigos", "Gallo rojo", "El andariego" y "Zoom", entre otras.

En buena parte de este recorrido y hasta 1983, Pugliese sufrió persecuciones, prohibiciones y reiteradas detenciones por su militancia en el Partido Comunista. Padeció vedas para tocar en la radio (fuente de ingresos y visibilidad notable para las orquestas de la época) e incluso para tocar en vivo. "Era una lucha feroz para tener trabajo. Porque la orquesta viajaba al interior y muchas veces no dejaban tocar a papá y otras ni a la orquesta. Parecía que nos querían matar de hambre. Mi mamá fue un gran puntal en esos momentos", revela Beba Pugliese.

Más allá de tantas dificultades, don Osvaldo nunca bajó los brazos. Su actividad militante también incluyó un gran protagonismo en la creación del Sindicato Argentino de Músicos, y cuando las compañías discográficas comenzaron a darle la espalda al género fundó el sello Stentor y hasta creó un boliche para tocar que bautizó (como no podía ser de otra manera) La Yumba. Las deudas con las repetidas dictaduras militares nunca fueron saldadas, pero sí se resolvió el conflicto con el primer peronismo: el maestro junto a su orquesta tocaron en los festejos populares por la vuelta de Perón a la presidencia, en 1973. El mismísimo líder del justicialismo le dijo: "Gracias por perdonar" y estrecharon fuertemente sus manos.

Crisis y oportunidad
Para mediados de los años '60, la popularidad del tango había sufrido una fuerte caída. La industria apostaba a modelos globales, y expresiones grotescas como El Club del Clan ganaban el centro de la escena. Esto determinó una crisis laboral que golpeó a la escena y en particular a las formaciones grandes. La orquesta de Pugliese padeció su sangría más profunda. Ruggiero, Lavallén, Herrero, Balcarce, Rossi y Plaza formarían el Sexteto Tango y también se llevarían al cantor Jorge Maciel. Fue un golpe duro para el maestro. Pero se sobrepuso y en sus propios términos.

Con la gran ayuda del bandoneonista Arturo Penón, Pugliese comenzó a convocar a jóvenes de gran talento como intérpretes y arregladores. Algunos de ellos fueron Mederos, Binelli, Mosalini y Mauricio Marcelli. Esta etapa también fue muy formativa e influyente para numerosos músicos de la actualidad.

"Ensayamos casi un año antes de salir a tocar. Todos juntos y por fila de instrumentos. Trabajábamos desde las marcaciones más básicas a los rubatos más complejos. La música de don Osvaldo tiene tantas particularidades que así lo exige. Un sesionista jamás podría tocarla", detalla el bandoneonista Mederos (69/74).

Marcelli (69/73), primer violín de esa etapa, agrega: "Hicimos un gran esfuerzo para aprender y continuar el estilo. Y después sumar alguna influencia nueva, propia de nuestra mirada, que era la de gente más joven. Creo que se notan novedades armónicas y rítmicas. Pero todo eso se logró por el estímulo de Osvaldo."

Muchos tangueros abrazan fervorosamente las composiciones o versiones instrumentales de la orquesta, y no tanto los cantados. En muchos casos, estos no alcanzaron la misma excelencia y el paso del tiempo fue más cruel con ellos. Pero muchos lograron el favor popular. Para el propio Osvaldo, "tanto Chanel como Morán fueron los dos cantores que se enchufaron profundamente en la manera, su forma y contenido". Pero Jorge Maciel también tuvo mucha llegada popular y Miguel Montero, Alfredo Belusci y Abel Córdoba, entre otros, supieron encontrar su camino.

"Para mí, la orquesta de Pugliese fue la máxima expresión del tango de todos los tiempos. ¡Se me ponía la piel de gallina de sólo escucharla sonar atrás mío! Cantar con el maestro era una gran responsabilidad y placer", confiesa Abel Córdoba, quien estuvo 32 años en la orquesta.

A sus 80 años, el 26 de diciembre de 1985, Osvaldo Pugliese hizo realidad el sueño suyo y de su hinchada: tocar en el Colón. Fue una reparación histórica y una fiesta. La orquesta seguiría su camino con varios cambios de músicos, pero la misma convicción. Su última presentación fue en la Casa del Tango, el 25 de junio de 1995. Un mes más tarde, el corazón de don Osvaldo dijo basta. Dejó una obra descomunal de más de 450 grabaciones, un estilo único y un ejemplo de convicciones practicadas todos los días. Sin dudas, Pugliese es pasado, presente y futuro. 

La mirada de las nuevas generaciones
Julián Peralta
"Es mi favorita entre las grandes orquestas. Soy fanático. Sus características innegables son la polenta, la entrega, la militancia. Hay dos momentos que me resultan fundamentales: el ajuste y la intensidad de la década del '50 y los arreglos y la modernidad de los años '70. Tuve la suerte de escuchar tres veces en vivo a la orquesta. La última fue en El Bandoneonazo. Creo que fue una de sus últimas fechas en vivo, cuando yo ya estaba metido en el tango."


Yuri Venturín
"De las orquestas clásicas, la de Osvaldo Pugliese es la que más me gusta, por potencia y personalidad. No sólo nos influyó, sino que fue nuestro punto de partida estético-musical (en la Orquesta Típica Fernández Fierro). A partir de allí, hemos mantenido ciertos elementos, dejado de lado otros y desarrollado algunos más específicos. Pero nuestro ritmo es netamente pugliesiano. Su convicción política y el formato de cooperativa con el que trabajaban también son enseñanzas muy valiosas."


Daniel Ruggiero
"Yo era muy chico y mi papá ya se había ido al Sexteto Tango, pero pude presenciar un show de la orquesta de Osvaldo Pugliese con mi viejo como invitado y fue increíble. La gente explotaba: los amaba a los dos. La orquesta de Pugliese fue fundamental en la historia del tango, desde lo estético a la forma cooperativa de laburar. Y no me refiero sólo a cómo repartían el dinero: cada detalle se trabajaba por decisiones conjuntas. Esa música exigía mucho ensayo, pasión y compromiso."

Testimonios desde adentro
Juan José Mosalini
"La orquesta era una institución y trabajamos con todo para hacerle justicia a ese legado. A Binelli, Mederos y a mí, el maestro nos llamaba los sediciosos porque íbamos a todos lados juntos. Viví una lección musical y de vida, con coherencia y trabajo planificado, más allá de las dificultades. Mientras otros se dejaban estar, nosotros estrenábamos un tema por mes y grabábamos un disco al año. Los más jóvenes proponíamos arreglos un poco más osados. Varios quedaban, otros se modificaban ,y otras veces decía: 'Eso suena Gil Evans: no es tango'. Estaba informado."


Daniel Binelli
"Fue una experiencia maravillosa. Pugliese tenía una gran sabiduría y nos enseñó mucho. En esa orquesta me formé como instrumentista y arreglador. Algunos arreglos que hicimos con Mederos y/o Mosalini aún siguen sonando en todo el mundo. Era una orquesta para bailar y escuchar: eso era muy especial. Tenía un manejo único del tempo: se aceleraba, frenaba y con tanto ensayo siempre caía bien. Eso le daba mucha expresividad a la música y mucho material a los bailarines. Tocábamos en todos lados, desde barrios humildes a salas importantes.”


Amílcar Tolosa
"Yo era fan de Pugliese. De hecho, en el '75 estuve a punto de probarme como bandoneonista, un instrumento que toqué hasta los 26 años y después me pasé al contrabajo. La orquesta de Pugliese tenía una gran tradición de contrabajistas, por Aniceto Rossi y después su hijo Alcides. Ellos inventaron una forma pugliesiana de tocar. Y uno humildemente tenía que sostener eso. Entre una fila de bandoneones que era una aplanadora, la de cuerdas que no era nada tímida, el violonchelo y el piano. ¡Sin amplificación ni nada! Era un hermoso desafío."


Roberto Álvarez
"Yo soy de Chacabuco. Tenía 38 años y ya había perdido la esperanza de entrar a una gran orquesta de Buenos Aires. Hasta que un día, de la nada, apareció la oportunidad e ingresé a la orquesta de don Osvaldo. Es una satisfacción que voy a agradecer hasta mi último día. Con mis amigos éramos todos hinchas de Pugliese. Debuté como primer bandoneón en el Colón; fue una noche increíble y hasta los históricos vinieron a tocar. El maestro era muy generoso, nos hacía aprender y crecer. Lo quise mucho y él me brindó mucho respeto."

El nacimiento del mito de San Pugliese
Muchos idolatran hoy a Pugliese como a una divinidad, y en decenas de teatros los técnicos han ampliado una célebre estampita para que todos los artistas lo saluden con un beso antes de salir en escena.

Hace más de dos décadas que esa estampita, al mejor estilo de San Cayetano o la Virgen Desatanudos, se convirtió en aliado fundamental de los artistas argentinos, por sus propiedades únicas para traer buena suerte, o lo que es aún más codiciado, alejar la mala.

El mito se multiplicó con la llegada de Internet, donde hay desde un sitio web homónimo (que permite "enviarle" pedidos y deseos) hasta una página de Facebook que tiene más de 86 mil seguidores.

También existe una suerte de oración que aparece por toda la Web, idéntica a la que aparecía en las estampitas repartidas en el Club Huracán durante la inauguración del IIIº Festival de Tango, en 2001: "Protégenos de todo aquel que no escucha. Ampáranos de la mufa de los que insisten con la patita de pollo nacional. Ayúdanos a entrar en la armonía e ilumínanos para que no sea la desgracia la única acción cooperativa..."

Mirá el recital completo en el Teatro Colón, en 1985.

r

Comentarios