Cuando Fabián se planta a hablar de música todavía sobresale ese niño que paraba la oreja ante tanto esplendor musical. En la actualidad su foco se encuentra en Limbo, su nueva expresión musical. Por Oscar Ponce.
Con un café de por medio y a medida que la entrevista avanzaba se empezó a tejer la red del pasado por la cual hicimos un viaje en el tiempo. Viajamos a Ensenada en la frontera con EE.UU para echarle un vistazo a su niñez musical en México, luego los recitales adolescentes de la secundaria en San Juan y la formación de Desnivel. Cuando Fabián se planta a hablar de música todavía sobresale ese niño que paraba la oreja ante tanto esplendor musical. En la actualidad su foco se encuentra en Limbo, su nueva expresión musical.
-¿Cuál es tu primer recuerdo en cuanto a la música?
-Mi viejo era guitarrero del Folklore y mi abuelo de parte de mi vieja tocaba el redoblante en la banda militar, a mi mamá le gustaba Sandro, Palito Ortega. En mi casa siempre hubo música: folklore o tango, que le gustaba a mi vieja. Yo tenía una vida normal, hasta que mi viejo consiguió un laburo de enólogo en México, te estoy hablando de 1975, mi vieja, mi hermana y yo nos vamos como al año que se va él. Estamos prácticamente en la frontera con EE.UU, la ciudad se llama Ensenada, allí había un puerto, con mucha gente que hacía un nuevo deporte, el surfing, eso me cambió la vida totalmente. Tenía 7 años y estamos hablando del ‘75 o ‘76 los surfing escuchaban una música muy diferente.
-¿Cómo fueron los comienzos con tu primera banda?
-Eso sucede mucho después. Ya en el ‘83 nos venimos todos a la Argentina. Llegando a Buenos Aires veo un afiche en blanco y negro de un flaco que con el sombrero se tapa la cara, con un bajo puesto, y decía Charly Garcia en el Estadio Ferro. Quise comprar el disco pero era carísimo. Luego cuando llego a San Juan me encuentro con un primo de mi edad y me empieza a pasar música nacional en fiestas privadas. En la época de la secundaria había salido el disco Piano Bar y escuchábamos Soda, Sumo. En la escuela Normal me empiezo a relacionar con gente que quería tocar la música que le gustaba, allí armamos Desnivel, junto con Luís Dávila y Sergio Cortez, pero al principio éramos como quince, en una despedida de año al salón de al normal lo llenamos, habíamos contratado al sonido a Carlos Vargas, él en ese momento laburaba con el grupo La Gente. Cuando nosotros llenamos dos veces, ellos se sorprendieron, luego que comprimimos a 4 integrantes, el Chichón Hernández nos empieza a invitar a tocar con ellos. Allí cantaba una amiga Maria José Ortiz ella era la única mina del rock de San Juan. Por la experiencia de Desnivel y haber estado en Chile, nos profesionalizó muchísimo, cuando fuimos allá ganamos como 10.000 dólares de ahora. Allí definimos que íbamos a ser músicos los tres y hasta hoy somos todos músicos.
-¿Cuál es tu nuevo proyecto?
-Se llama Limbo y está formada por Rodrigo Pérez en voz y guitarra; Marcos Aciar, en guitarras y efectos, y yo me encargo de los teclados, secuencias y grabaciones. Estamos influenciados por el rock y tecno inglés ya que nos basamos en amalgamar nuevos y viejos sonidos que van desde un espectro dance, la música tecno/industrial y el rock. Nos presentamos por primera vez el 30 de abril en Hand Free (Libertador entre Jujuy y Aberastain). Están todos invitados.