La provincia de Córdoba estaba entre las reticentes a aceptar cierres estrictos dispuestos por el gobierno nacional para mitigar los efectos de la pandemia de coronavirus.
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SUSCRIBITELa provincia de Córdoba estaba entre las reticentes a aceptar cierres estrictos dispuestos por el gobierno nacional para mitigar los efectos de la pandemia de coronavirus.
Con una posición ambigua, en la posición de líbero entre el apoyo a la administración de los Fernández y la oposición, Schiaretti siempre adhirió al slogan de sostener la economía cuidando la salud, apoyando como outsider el juego político de Mendoza y CABA contra las medidas dispuestas por el gobierno nacional.
Hasta este viernes la provincia mediterránea había implementado una cuarentena morigerada, en la que se permitía casi toda la actividad comercial "no esencial" bajo protocolos determinados, y estaban autorizadas las reuniones familiares y los deportes.

Pero los números de la pandemia en Córdoba alarman, y al gobernador no le quedó otro remedio que anunciar este viernes que desde el lunes se suspenderán por dos semanas las clases presenciales, las reuniones familiares y sociales, además de otras actividades, porque, afirmó, “estamos atravesando el momento más difícil de la pandemia”.
Los argumentos son "la segunda ola” que golpea fuerte a toda la provincia, y el nivel de ocupación de las camas de Terapia Intensiva, que tiene al sistema sanitario cordobés a punto de estallar.
El gobernador descansó la responsabilidad en los consejos de científicos y “el equipo de salud de la provincia" que lo asesoran.
Al cierre de las actividades antes enumeradas, se suma la prohibición de circular entre las 20 y las 6, a excepción de los trabajadores considerados "esenciales".
