será subastada

La mansión del narco más importante de la historia argentina, por dentro

Valuada en más de 2 millones de dólares, un recorrido por la casa que fue decomisada por la Agencia de Administración de Bienes del Estado.
sábado, 26 de septiembre de 2020 · 10:05

Uno compra una casa usada con todo lo que hay adentro. Quizás sea una buena oportunidad para los coleccionistas de memorabilia de historias del crimen. En la vieja mansión del abogado Carlos Salvatore sobre la calle Melián al 2100 en Belgrano R, donde vivió con su familia durante 15 años, hay algunos recuerdos entre los ambientes y la pileta con hidromasaje con hojas muertas y agua sucia. Queda la vieja caja fuerte en uno de los pisos superiores, oculta en un mueble del playroom con las marcas de fuego y soldadora: alguien, claramente, intentó abrirla a la fuerza. Está el título de abogado de la UBA Salvatore también, su diploma de 1983 perfectamente conservado.

Quedan botellas de champagne o vodka, huérfanas, una caja de cigarros y una cartuchera con viejos DVDs, ya casi anacrónicos. Hay una cava de vinos debajo, que quienes conocían la casa cuando Salvatore vivía lo señalan como el lugar que era su cuarto secreto, por así decirlo,. suyo y de nadie más. Y hay un poster en el suelo de una película animada, Plumíferos.

Salvatore la financió con su productora, CS, sus iniciales con varios famosos argentinos que pusieron su voz y el Estado que puso fondos. Telefe fue coproductora del film, un fracaso de taquilla que tuvo una cierta sobrevida en el exterior, con una adaptación llamada Birds of Paradise. Todos se sorprendieron cuando se enteraron, famosos, coproductores: Carlos Salvatore, hoy fallecido, era el traficante de cocaína más grande de la Argentina, el hombre detrás de los 1200 kilos de la cocaína del caso Carbón Blanco, condenado a 21 años de prisión.

La mansión, irónicamente, ya está en el mercado. Hoy, tras un juicio de lavado de activos al clan del abogado en el Tribunal Oral Federal de Chaco en donde su viuda fue condenada a 7 años y su hija fue absuelta, el Estado la subasta tras decomisarla. Es un acto de liquidación donde la contradicción es obvia, en un momento donde el mercado inmobiliario apenas se mueve y donde cualquier cosa que cueste en dólares es una incógnita.

Sin embargo, el Estado ya tiene su cotización y su precio de base: 2,3 millones de dólares. La Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), organismo que preside Martin Cosentino y que reporta directamente al jefe de gabinete Santiago Cafiero, decidió poner en venta la mansión, todavía sin una fecha firme a la espera de la decisión de un tribunal, con 815 metros cuadrados de terreno.

Silvia Susana Vallés, la viuda de Salvatore, ocupaba la casa bajo un régimen de libertad condicional, pidió quedarse allí durante la pandemia.

Ante este pedido, se le exigió el pago de tasas y servicios del inmueble a cambio de habilitar su permanencia, condición a la que no accedió y el Tribunal Fedral de Resistencia habilitó a la AABE procedieran de inmediato a tomar posesión del inmueble: fuentes cerca del caso aseguran que la esposa de Carlos Salvatore desarmaba y sustraía la casa de a poco, puertas, ventanas, mármoles y demás.

La AABE ya tiene su brochure, por así decirlo, el detalle de la propiedad incluye un subsuelo, dos niveles, deck con parrilla, persianas motorizadas, porcelanatos en cocinas y circulaciones, mármol en escaleras, todas las plantas poseen calefacción por loza radiante, más de 500 metros cuadrados cubiertos. La subasta será a través del portal Compras Públicas de la República Argentina, Compr.Ar.

Salvadore murió condenado en mayo de 2018 en una cama del hospital Argerich, un paciente cardíaco en estado grave. El Tribunal Oral Federal de Chaco le había dictado la pena en su contra por mover los 1200 kilos de droga desde la localidad de Quitilipí hacia España en, precisamente, bolsas de carbón. Salvatore no fue condenado en vivo y en directo por este delito. Vio la audiencia final desde una teleconferencia en el penal de Ezeiza, con su polar azul, una camisa, su clásico gesto adusto.

Fuente: Infobae

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