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Análisis mendocino: La presión para cruzar la maldita frontera

Un periodista mendocino analiza las condiciones del cruce de frontera.

Por Redacción Tiempo de San Juan

La presión para cruzar la maldita frontera

Edu Gajardo/MDZ

@edugajardo

Si alguna vez viajaron a Chile en un micro podrán dimensionar la magnitud de lo ocurrido en Horcones. Y si lo hizo en Turbus, la medida es aún más cruda y simple: murió la mitad de los pasajeros que viajaban en el colectivo que ahora queda en la historia negra de las rutas provinciales.

 

Siendo crudos y fríos, era cara o sello, par o impar, porque las terribles estadísticas dicen que la presión para cruzar la maldita frontera y sus controles, cobró la vida de la mitad de las personas que pusieron su confianza en dos personas (los choferes) que en su cabeza tienen una imagen, llegar lo antes posible para no tener que quedar atrás en la fila.

 

Como la mayoría sabe, las filas para cruzar la frontera en ambos lados de la cordillera están diferenciadas para los ómnibus y los autos, pero en el caso de los micros ellos pueden hacer una medida real de la situación que se encontrarán en alta montaña, porque sólo necesitan calcular cuántos micros salieron de la terminal de Mendoza para saber cómo encontrarán la fila en Libertadores.

 

Es en ese momento en que muchos choferes se quedan con una imagen mental peligrosa, no quedarse atrás en la fila de las decenas de ómnibus que salen en un período de 60 minutos desde Mendoza. Algo que no sirve como excusa, porque un chofer verdaderamente profesional debe tener la capacidad de abstraerse de las presiones y tener como primera norma la seguridad de sus pasajeros, algo que en este caso -preliminarmente- parece que no ocurrió.

 

Por si usted no lo sabe, los colectivos que salen de Mendoza a Santiago de Chile o Viña del Mar salen en un rango de tiempo que va entre las 21.30 y las 22.30, muchos de ellos en el mismo horario, por lo que en el camino hacia Chile se van midiendo para -al momento de llegar a Libertadores- estar antes que la competencia en la fila, una cuestión que puede marcar la diferencia entre estar cuatro horas o sólo una en el paso internacional.

 

Esto sucede en todas las líneas de colectivos y más aún en las noches, cuando los controles en la ruta son casi nulos y sólo se detienen en los puestos de Gendarmería.

 

Como chileno conocía la historia de tragedia de Turbus en las rutas, pero siempre la separé de lo que sucedía fuera de las fronteras trasandinas, porque allá la mayoría de las situaciones se daba por la presión sobre los horarios y el poco descanso de los choferes, cuestión que fuera de Chile no debería ocurrir. Tanto así que viajé decenas de veces con esta línea, pensando que era menos riesgosa que las otras compañías. Sin embargo, a cambio de la presión de la empresa, se suma la presión de un paso fronterizo colapsado.

 

Es que siempre desembocamos en el mismo tema, el colapso y las esperas en alta montaña, las que hacen que los conductores se arriesguen innecesariamente y sientan que están en una loca carrera por llegar a los complejos fronterizos y salir pronto de ese suplicio. Y es así, porque saliendo de Libertadores u Horcones, muchas personas se relajan y sacan el pie del acelerador. Aunque no siempre sucede en el caso de los colectivos.

 

Aunque todo parece indicar que el accidente ocurrió por una falla humana y una imprudencia fatal, veamos lo que lleva a que esto ocurra, mejoremos lo que tenemos que mejorar y terminemos de una vez por todas con la presión maldita que ejerce la frontera y que convierte un viaje de placer en uno que puede resultar fatal trágico y con pérdidas irreparables.

 

Ojalá que ahora, con el dolor de 19 víctimas más en las rutas, las autoridades nacionales de ambos países -las únicas que pueden hacer cambios reales en la frontera- terminen con la locura que significa hoy pasar de un país a otro y hagan que la montaña se disfrute y no se sufra y nos tiña de luto.

 

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