El asesinato en Ecuador de Marina Menegazzo y María José
Coni, las mochileras mendocinas, puso en discusión la aventura del "viaje
iniciático”. Aunque cada vez más jóvenes buscan esa experiencia cargada de
adrenalina y misterios, dentro de las familias la discusión crece. Muchos
padres cuestionan: "¿Y si te pasa algo en una zona dónde no hay ningún centro
médico?” o "¿por qué no hacés un viaje más corto y usás hoteles seguros?”. Pero
nada frena la sed de descubrimiento que existe en esa etapa de la juventud. De
hecho, según la organización Mochileros.org, cada año unos 300 mil argentinos
viajan por el mundo guiándose por esa modalidad.
Algunos riesgos son parte del desafío. Del encanto. "En la
noche de Año Nuevo, con los preparativos para los festejos, no conseguíamos
lugar en ningún hostel en Bocas del Toro, Panamá, y terminamos alojados, por la
buena onda de una mujer, en un living”, cuenta Ignacio Font (22), que este
verano pasó 25 días recorriendo Panamá y Costa Rica con sus cuatro amigos del
colegio Juan XXIII de Boulogne. "Cuando caía la noche, nos habían conseguido
lugar en un barrio peligroso. Llegamos, había ratas. No nos quedamos”, cuenta.
El living los salvó. Aunque uno de sus amigos se cayó de una cascada en un
paseo y se lastimó un ojo, y él pasó su cumpleaños intoxicado después de
masticar una comida típica en un puesto callejero, Nacho no cambiaría ese viaje
por nada. Explica: "Vivimos todas las emociones posibles y nos terminamos
uniendo más”.
La aventura del mochilero se resume en una palabra:
libertad. Viajar sin hotel, modificar el itinerario – "me gustó este pueblo, me
quedo acá”– y conocer maravillas naturales con poca plata y "a dedo”. Las
fronteras se pueden cruzar a pie o arriba de un colectivo destartalado. ¿Cómo
igualar una noche en una geografía exótica, lejos de casa, filosofando sobre la
vida?
Eso le plantean a sus padres, antes de partir. Pero también
suceden tituaciones como la siguiente. "Pedro cumplió 17 y termina el
secundario. El otro día viene y me dice: ‘Pa, estoy pensando en tomarme un año
para viajar, todos mis amigos también’. Mi reacción fue mirarlo fijo y decirle:
‘El año que viene o estudiás o laburás’”, recume, contrariado, Mariano, el
padre del adolescente.
El susto familiar es lógico. Los viajeros no siempre
consiguen señal para enviar mensajes y pueden transcurrir días sin que se sepa
dónde están. "Cada vez que me comunicaba, mi vieja me pedía que me cuide ... Es
lo normal, se la bancaron”, cuenta Ignacio.
La peor noticia. El ministro del Interior ecuatoriano
informó que los cuerpos de Marina Menegazzo y María José Coni, de 21 y 22 años,
fueron encontrados en una playa de Montañita, con dos días de diferencia.
dos jovenes de mendoza fueron encontradas muertas en la
localidad de Montañitas Ecuador
Foto gentileza El Sol montañitas ecuador Marina
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Luli Chediek (22) está convencida de que "peligros hay en
todas partes, también en Buenos Aires. Solamente hay que tomar recaudos”. El
verano pasado recorrió Perú y Ecuador con seis amigas. Pasó por el pueblo donde
días atrás asesinaron a las dos argentinas. "Montañita no me gustó. El Centro
son pocas cuadras iluminadas, por eso, nunca volvíamos al hostel solas. Siempre
en grupo”, cuenta. ¿Qué significó el viaje? "Aprendí que en la vida cargás con
cosas que no son esenciales –responde–. Ahí, vivís simple. Llevar la mochila y
conocer gente alcanza”, dice.
Ana Clara Fiamberti (23) ya visitó Ecuador, Cuba, Colombia,
Venezuela y Bolivia como mochilera. "Vos sabés hasta dónde se puede arriesgar y
hasta dónde no, a qué lugares ir y a cuáles ir con cuidado. Tenés que estar
atento y te guías por los consejos de la gente local y otros que ya hicieron el
viaje”, explica. A esta estudiante de Trabajo Social en la UBA, las travesías
le permitieron entender Latinoamérica. "Descubrís cosas que no dicen las
pantallas de TV. Te das cuenta que en toda la región sufrimos cosas parecidas”,
se entusiasma.
Tomás Listovsky (19) también sintió que caían prejuicios.
Este verano partió desde Flores con seis amigos. Recorrieron, por un mes y 20
días, Turquía, India, China y Tailandia. "En todos los lugares nos hicimos
entender aunque habláramos idiomas distintos. Cuando caminaba por Beijing o
Shangai, veía escenas urbanas similares a las de Buenos Aires”, describe.
¿Cómo encarar un viaje tan lejano? Tomás responde: "Varias
veces te perdés. Pero tenés que mantener la calma y preguntar. El primero no te
responde, el segundo no te entiende, pero a la larga siempre alguien te indica
cómo llegar adónde querés”. La opción de emergencia: hacer valer los dólares
que quedan para recurrir a un baqueano con transporte o a un taxi.