a 30 años de la guerra

Los kelpers hicieron su propio acto por el 2 de abril

Un acto cívico-militar convocó en Puerto Argentino a la comunidad de isleños, que reivindicó su defensa de las islas en 1982 y volvió a rechazar los reclamos de soberanía de la Argentina.
lunes, 02 de abril de 2012 · 08:16

Como si el tiempo avanzara contra reloj, los voluntarios locales se reunieron en el viejo cuartel general, sobre la calle John. Allí, hace 30 años, se habían autoconvocado en plena madrugada para resistir el inminente ataque de las tropas argentinas. No eran 32, como entonces. Ayer eran 18 veteranos que desfilaron a paso marcial por las calles de esta capital. Todos vestían boinas verdes, corbata azul con el mapa de las Malvinas grabado y una medalla con la imagen de la reina colgada de la solapa del saco.

En una movilización civil y militar con pocos precedentes, y ante la presencia de las autoridades políticas locales, la comunidad kelper reivindicó ayer la defensa británica de las islas y rechazó el reclamo argentino por la soberanía del territorio. "La Argentina es un vecino grande, que está cerca, pero lo que vemos desde aquí es más que nada hostilidad", sentenció ayer Peter Biggs, comandante en jefe del servicio de defensa de las islas Malvinas desde hace 10 años.

El viento soplaba tan fuerte que se llevaba las palabras. "God save the Queen", entonaban los isleños. Muchos de los asistentes al acto no conocían la letra del himno que menciona a la reina Isabel. Salieron del apuro al recurrir a un panfleto alusivo a la actividad de la jornada, que había sido distribuido antes del acto por una colaboradora del gobierno.

A menos de 100 metros de la casa del gobernador de las islas, donde hace tres décadas se izó victoriosa la bandera argentina, los vecinos y los funcionarios oficiales homenajearon a los voluntarios "por su coraje y determinación en el día de la invasión". Fue una ceremonia de cuña netamente británica, a la que asistieron unas 200 personas, ni siquiera un décimo del total de la población malvinense.

La conmemoración fue breve. Todo ocurrió en el cruce de Ross, la arteria principal, y la calle Margaret Thatcher, sobre la Bahía de Stanley. Los asistentes se congregaron alrededor de una pirámide de mármol en la que se lee "En memoria a los que nos liberaron". Participaron vecinos de todas las edades, las autoridades del gobierno y un puñado de militares que sobresalían con sus atuendos camuflados, como si la guerra siguiera en vilo.

Hubo un oficio religioso ecuménico y se mencionó sólo una vez a la Argentina de manera puntual y directa. Fue cuando el párroco leyó una carta del comandante Peter Biggs, que acusó al Ejército argentino de tenerlo bajo arresto en Fox Bay hasta el 14 de junio, la fecha en que se firmó la rendición. Además, Biggs agregó a modo de consejo: "Ser agresivo no le rinde a la Argentina". Luego, Gavin Short, uno de los actuales ocho miembros de la asamblea legislativa isleña y uno de los viejos voluntarios, dejó una ofrenda floral al pie del monumento.

El gobernador, Nigel Haywood, elegido y enviado desde Londres por la reina, luego agasajó a los veteranos con un té en su casa, a donde no permitieron el ingreso de los medios de prensa argentinos ni británicos.

Ayer, Haywood no hizo referencia en público al conflicto, pero hace cinco días, en una entrevista con la agencia de noticias AFP, se opuso de manera tajante a negociar la soberanía de las islas . Aquella vez, hasta desafió con llamar a un referendo entre los isleños para conocer la decisión de la comunidad. Confiado y desafiante, el gobernador arriesgó: "Ya sabemos cuál será el resultado. Esto no es parte de la Argentina".

MIRADAS HOSTILES

Sin presencia de argentinos, más allá de la de un puñado de periodistas y dos turistas, se percibía ayer un aumento de la sensibilidad por la visita de gente de nuestro país. Hubo miradas hostiles y expresiones que avivaron la tensión generada por el 30° aniversario del conflicto bélico.

"Es molesto que los argentinos insistan en el reclamo de soberanía cuando antes no se acordaban de las islas", se endureció Gerald Cheek, un isleño que ayudó con el escuadrón aeronáutico durante los 74 días que duró la guerra de 1982. "Militarmente, la Argentina no es una amenaza, pero puede atentar contra nuestros intereses económicos", intuyó Cheek.

A decir verdad, nadie aquí sospecha de una reacción militar de la Argentina. Es más, la presidenta Cristina Kirchner ya advirtió que guiará su política a través de la paz y la diplomacia.

John Fowler llegó a las islas desde Inglaterra en 1971. Recordó ayer que nadie durmió en la víspera al desembarco de las tropas argentinas. El gobernador lo había advertido de un inminente ataque militar y él debió refugiarse con su hija de tres años y su esposa, que por entonces estaba embarazada. Sus evocaciones al inicio de la guerra le nublan la vista. Fowler dirige ahora el periódico Penguin News, el único medio de prensa escrito de las islas. Ayer, Fowler contó que los isleños sienten "desconfianza" hacia los argentinos y que "todos preferirán mantener la defensa británica" del territorio.

Tal vez algunos de los 3142 habitantes de las islas esté sumamente pendiente del discurso que dará hoy Cristina Kirchner a unos 500 kilómetros de aquí, en Ushuaia. La reacción kelper ya se conoce de antemano: se negarán a dialogar con la Argentina. Así quedó demostrado ayer, en una jornada a la que ellos recordaron con tristeza y a la que definieron como "invasión".

INTIMACIÓN DE LA ARGENTINA A LOS BANCOS

La Argentina amenazó con demandar a varios bancos británicos y estadounidenses si asesoran a sociedades que buscan petróleo frente a las islas Malvinas, archipiélago objeto de tensiones entre Londres y Buenos Aires, informó ayer el diario británico Sunday Telegraph. En una carta enviada a varios bancos, la Embajada argentina en Londres advirtió que esas sociedades deben tener en cuenta, "cuando den su opinión, evalúen los riesgos", que existe una "disputa por la soberanía [de las Malvinas] y las consecuencias de una exploración ilegal en busca de hidrocarburos" frente a este archipiélago. "Las sociedades directa o indirectamente implicadas" en esas actividades podrán ser objeto de "acciones administrativas, civiles o penales, como lo prevén las leyes argentinas en la materia", advierte este documento.

(Fuente: La Nación)

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