Escribió sobre la crisis hídrica en Mendoza

Leé la última nota de Bustos Herrera publicada hoy en Los Andes

El agua, su falta y mala administración en Mendoza, fue el tema del último artículo del periodista mendocino Gabriel Bustos Herrera, quien falleciera en la noche del sábado. Se publicó hoy en el diario Los Andes de Mendoza. Entrá a esta nota y leé el artículo completo.
domingo, 15 de abril de 2012 · 10:42

El agua no es sólo del campo

Con Ley de Suelos –2 años de atraso en su gestión concreta– y el balance hídrico cuenca por cuenca, Mendoza está ante la oportunidad histórica de decidir regionalmente su destino productivo y social, región por región. Una suerte de federalismo interno, hoy ausente.

Por Gabriel Bustos Herrera - Especial para Los Andes

En Mendoza el agua es para regar el campo, "es para las fincas"; se da por presión histórica. Es "irrigación", es regar. Tanto, que -según los informes técnicos históricos- entre el 75 y el 80% del caudal de nuestros ríos va a los surcos.
 
Desde el ya colapsado río Mendoza -que no tiene ninguna posibilidad de expandir el área productiva- pasando por las limitaciones del Tunuyán en el Valle de Uco y la cola del Este productivo. El panorama no es mejor en el sur del Diamante y el Atuel.

Medio siglo de atraso. El problema -ancestral- es que regamos con métodos tan antiguos, que "de cada 100 litros de agua que se deriva de nuestros diques y canales al riego, sólo llegan efectivamente a las raíces no más de 30 litros". Apenas un 15% de nuestra superficie agraria productiva riega con métodos modernos que le permitan ahorrar o bien usar el agua cada vez más escasa. El resto, prácticamente riega como nuestros huarpes o los milcayac.

Mendoza tiene una absolutamente deficiente capacidad de atesorar agua en embalses de reserva (sobre todo en el Norte, donde no puede atesorar ni un cuarto del agua de la demanda agrícola del área del río Mendoza), no tiene más del 15 o 20% de su red de canales convenientemente hormigonados en la red primaria y secundaria de la provincia; carece de la infraestructura para entregar agua por presión entubada en la puerta de las fincas y -creo que es lo más grave- tranqueras adentro no hay ni medios técnicos ni cultura del riego moderno (goteo, aspersión y otros métodos) que le permitan al productor, sobre todo a los más pequeños (que son el 80% de los productores vitícolas y frutihortícolas) regar de tal manera que utilicen menos de la mitad del agua hoy dilapidada en precarios surcos de arena.

Si Mendoza, 50 años atrás, hubiera emprendido una política permanente, inmodificable, con la cual hubiera transformado infraestructura y cultura como para ahorrar por lo menos la mitad de lo que dilapida en las arenas, hoy en lugar de usar el 80% del agua de sus ríos en el campo, podría estar usando entre el 30 o 40%.
 
Y si tranqueras adentro hubiera conseguido incorporar a sus pequeños productores al riego moderno -que además sería por demanda del productor y no por oferta ocasional como ahora-, cada 100 litros que se derivaran al riego agrícola llegarían 100 litros por medio del goteo, la aspersión u otros métodos. Cada gota a su destino.

Como he contado otras veces, tuve la suerte inmensa de ver grandes procesos de transformación en Israel, en el sur de Francia y en España. He insistido en que los del sur francés -la ex Cenicienta francesa- en 40 años dieron vuelta la situación del área del Ródano-Lanquedoc, de tal manera que hoy han construido un ducto desde Toulouse a Barcelona a través de los Pirineos y les venden agua a los catalanes.

En el sur francés, donde moran las cooperativas, el 94% de los productores riega con métodos modernos y tienen el 95% de su red de canales presurizados. En España siguen en lo mismo y hasta discuten las transferencias de agua entre cuencas de ríos vecinos en distintas regiones, según las necesidades de cada una de ellas.

Ley de Suelos y balance hídrico. No sé qué entusiasmos habrá despertado en realidad en el seno político de Paco Pérez -que pide que no le hagan ruidos en la línea- pero hace unos días supe que iban a poner sobre su escritorio y el de sus asesores (proveniente desde la presidencia del PJ en los bloques de la Legislatura), una propuesta de estrategia para complementar la Ley de Suelos (que nos llevó 16 años de debate y choque de intereses y hoy está casi en estado cataléptico) y apurar el balance hídrico por cuenca.

El propósito es movilizar un estudio y debate fundamental para la Mendoza del futuro: con el balance hídrico -que aún no esgrimimos como el norte de todo lo que produzcamos- más la Ley de Suelos como instrumento (suelo y agua, nada menos), convocar al análisis a técnicos, científicos, universidades, organizaciones mundiales para hacernos una tomografía computada desde Malargüe a Las Heras, desde Las Cuevas hasta El Desaguadero. Una especie de replanteo de federalismo interno, en el que cada región pulse y defina su destino social y productivo.

De cuánta agua disponemos en realidad, cuenca por cuenca, superficial y subterránea; cuánto nos cuesta en agua producir un litro del buen vino que le vendemos al mundo o al enorme mercado interno; cuánta agua se necesita para producir un litro de nafta en Luján; cuánto nos cuesta en agua sembrar tal o cual producto; cuánto envasarlo y vendérselo al mundo; cuánta agua necesitaría el Sur para desarrollar la ganadería (cuya frontera se viene hacia el oeste vertiginosamente empujada por la soja pampeana); cuánta agua necesitaría un proyecto minero, serio, controlado y acorde con nuestra propias normas de prevención (recién ahora, tras 100 años de historia, vamos a saber por informática cuánto petróleo o cuánto gas sacan los petroleros de Mendoza cada día y a cada hora y cuánto en realidad nos liquidan de regalías); cuánta agua nos cuesta sostener verdes y hermosas las zonas turísticas-vitivinícolas o de montaña; dónde está; quién la tiene.

Es tan dispar, tan anárquica, tan injusta la distribución de posibilidades de desarrollo de los "modelos productivos" por región en Mendoza, que plantear esta tomografía en 2012, pensando en el siglo que les tocará vivir a nuestras futuras generaciones, de sólo pensarlo eriza la piel ya escaldada.

Bastaría ver la evolución productiva y de trabajo en la geografía de Mendoza, para asombrarse y dedicarse obsesivamente a este máximo propósito regional: el 75% de la economía y el trabajo se concentra en la pampa sojera y en Cuyo nos hemos quedado, claramente. El PBG es terminante. Mis colegas de la economía repiten cotidianamente que "el modelo agro-industrial, petrolero y turístico de Mendoza, ya no puede proponer futuro para más de 2 millones de mendocinos.

¿De que suelo, de qué agua, dónde, quiénes? Nada menos. Hace algunos años -creo que fue durante la crisis de 2001- pude conocer un trabajo fantástico que encabezaron Luis Bohm y Daniel Rada -por entonces Fundación Libertador- que desnudó casi dramáticamente las enormes y lascerantes diferencias de lo que era haber nacido en Lavalle, en Las Heras, en Malargüe, en Santa Rosa, La Paz, Alvear, en el Valle, respecto a haber venido a pelearla en el Gran Mendoza, en Maipú, en Luján.

No era teórico: eran necesidades básicas de vida digna, educación, salud, vivienda, comunicación, oportunidades. Las intendencias hoy ya no son las que sólo recolectan la basura y prenden la luz de la esquina: es ahí donde empieza la presencia del Estado y las oportunidades (la lista del éxodo rural es terminante y se expanden miserables las "villas" rojas de las ciudades).

Esto implica recursos. Presupuestos diferenciados (no los automáticos de vieja data que se aprueban cada año a mano alzada). Esto demanda saber aquello con lo que cuenta cada región en agua, suelo y recursos. Demanda un profundo e intenso debate para que cada región defina su destino. Esto significa que no hay un parámetro idéntico para Las Heras comparable al del hermoso y pujante Valle de Uco; ni de Malargüe, o Alvear, La Paz, Lavalle, Santa Rosa, en su lucha contra las arenas de los Altos Limpios, impiadosos y cegadores.

A P. Pérez, tamaño desafío -en medio de la lucha por el petróleo, la energía en general (con empresa provincial o sin ella), la inseguridad ciudadana (cruenta, indomable) y la discusión de la minería- le debe hacer ruido político en la línea.

Pero, tal vez le esté reservando un lugar en la historia. Ojalá no desaproveche esta oportunidad: tiene los instrumentos legales y técnicos para poner en marcha el gran debate de la Mendoza del futuro.

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