UN MAMíFERO DE LA EPOCA DE LOS DINOSAURIOS

Cronopio de dientes largos y afilados

Esta criatura recientemente descubierta era muy parecida a la que vemos con un ataque de nervios constante, protegiendo una bellota, en la película La Era de Hielo. Pero lo que convierte a este hallazgo en algo singular es que se hayan descubierto dos cráneos completos de la especie.
jueves, 05 de enero de 2012 · 09:00


Para que nos ubiquemos, Cronopio tiene una antigüedad de unos 95 millones de años. En esa época, los mamíferos eran criaturas pequeñas, casi diminutas. Cronopio no medía más de 15 a 20 centímetros de largo desde la punta de la nariz a la cola. El cráneo medía apenas tres centímetros, y no mucho más grandes eran los demás mamíferos de la época.

El lugar donde vivían es actualmente una zona llamada La Buitrera, por ser una serie de cañadones con nidos en las laderas. Es una especie de paraíso de fósiles, ubicado en el noroeste de la provincia de Río Negro. Pero en tiempos de Cronopio, la zona era un valle de vegetación pobre, surcado por ríos y arroyos estacionales que desaguaban en un lago. No muy lejos se podía ver el cambiante desierto con dunas movedizas. No existía todavía la Cordillera de los Andes, pero ya había algunos volcanes que auguraban los movimientos tectónicos que moldearían la cadena montañosa que hoy divide a América del Sur.

La llamada “Era de los Dinosaurios”, la era mezozoica, no sólo vio nacer, vivir y morir a cientos de especies de dinosaurios sino que, también, vio pasar y evolucionar mamíferos.

Nos originamos más o menos en la misma época hace unos 240 millones de años. Pero los que se convirtieron en reyes del planeta fueron los dinos. Los mamíferos se mantuvieron como criaturas pequeñas, casi seguro con hábitos nocturnos.

Si bien, lo más probable es que no se cruzasen con los dinosaurios, tal vez sí pueden haber compartido hábitat con el dinosaurio carnívoro más grande conocido, el Gigantosaurus, que vivía por aquellos tiempos en la misma zona de Cronopio. El más grande de los saurópodos, dinos herbívoros, fue el Argentinosaurus, que también vivió en la misma zona, pero algunos millones de años antes.

Pero hace 65 millones de años los dinosaurios desaparecieron de la Tierra, junto con miles de especies en un evento de extinción masiva. Los mamíferos no sólo sobrevivieron sino que se adaptaron para cubrir todos los nichos que los reptiles gigantes habían abandonado. Pero si bien ambos grupos coexistieron durante 175 millones de años, se sabe muchísimo de los dinos, mientras que de aquellos mamíferos se conoce poco. Es por eso que un hallazgo como Cronopio es un gran aporte paleontológico.

CAZANDO FOSILES EN LA PATAGONIA

La Argentina, lo dicen paleontólogos de todo el mundo, es un paraíso de fósiles. Pero eso no significa que uno se encuentre con el superhallazgo a cada paso, ya que para que no pase de ser un fósil que puede adornar algún estante, debe ser analizado en el lugar, así se puede saber qué tipo de roca lo alojaba, qué antigüedad tenía, en relación con qué otros fósiles y rocas estaba, etcétera.

La Argentina viene siendo visitada por paleontólogos internacionales desde el siglo XVII. Incluso, según una tesis del famoso paleontólogo Niles Eldredge, fue en la Patagonia donde Charles Darwin encontró fósiles que le hicieron pensar en cómo sería el motor de la evolución, la selección natural.

Volviendo a Cronopio, su hallazgo fue parte de las expediciones que Sebastián Apesteguía viene realizando en La Buitrera desde 1999, con importantes descubrimientos de dinosaurios, e incluso la famosa serpiente con patas en 2006, y el cocodrilo terrestre en 2005.

Pero el pequeño mamífero fue descubierto en diversas etapas por un equipo de exploración de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, de la que forman parte el Conicet y la Universidad Maimónides, en colaboración con el Field Museum de Chicago.

Primero se descubrió un fragmento de mandíbula, que fue completándose con dientes aislados. Pero fue en 2002 que un colaborador fijo de la expedición, el mecánico Marcelo Salinas, dio con el primer cráneo. Si bien era fragmentario, presentaba una muestra de la cavidad cerebral, el oído y la mandíbula.

Tres años después, Peter Makovicky, que buscaba dinosaurios para el Field Museum de Chicago, descubrió el segundo cráneo, muy completo.

Luego de varios años de preparación de los restos fósiles, fueron estudiados por Guillermo Walter Rougier, Sebastián Apesteguía y Leandro Carlos Gaetano, que publicaron sus conclusiones en la revista Nature.

COMIENDO INSECTOS HACE MILLONES DE AÑOS

En el artículo se describe a Cronopio como un pequeño mamífero con un cráneo de no más de tres centímetros, de hocico extremadamente alargado dentro del que se destacan los largos colmillos, algo que no ha sido visto en ningún otro mamífero de la época, y que le valieron el nombre específico: dentiacutus (diente agudo, en latín).

Otro detalle interesante de Cronopio es que su cráneo estaba armado como para masticar, ya que se notan marcas de una musculatura masticatoria especializada, a la vez que indica que Cronopio ponía más énfasis en la rotación de las mandíbulas durante la masticación, a expensas de una mordida fuerte.

Lo interesante de contar con dos cráneos casi completos es que se pudieron estudiar en detalle el oído y los molares en su sitio, no sueltos. Esto permite a los paleontólogos conocer a qué familia de mamíferos podían pertenecer, y con qué grupos actuales puede estar emparentado. Justamente los aspectos mencionados lo ubican como un mamífero “de modelo antiguo”, o sea con características más primitivas de las esperadas para el ancestro común de dos de los grandes grupos de mamíferos de la actualidad, los placentarios (primates, felinos, etc.) y los marsupiales (canguro, coala). El otro grupo mamífero que existe en la actualidad es el de los monotremas (ornitorrinco, equidna).

Cronopio perteneció a un grupo hoy extinguido, el de los Dryolestoidea, que comprendía algunas especies que se alimentaban de insectos y otras de frutos y plantas. Un grupo bastante común en la época, extendido por casi todo el mundo. Hace unos 70 millones de años, cuando la Patagonia estaba inundada por el mar, los driolestoideos eran muy comunes en lo que fue la zona costera. Al igual que casi todos los mamíferos, este grupo se hizo más grande tras la extinción de los dinosaurios.

Gracias a Cronopio se pudo descubrir que este grupo era muy diverso en cuanto a su morfología y adaptación a nichos ecológicos, razón por la cual podían vivir a la sombra de los dinosaurios gigantes y ser exitosos dentro de su nicho.

LA FORMA DE LA TIERRA

Por aquellos tiempos, la forma de nuestro planeta era muy diferente a la actual. Los continentes actuales tenían formas similares, pero ocupaban otros espacios dentro del globo debido a lo que se conoce como deriva continental, que es el movimiento de las placas tectónicas sobre las que se asientan los continentes.

Dentro de los driolestoideos, Cronopio pertenecía a un grupo exclusivo de lo que hoy es América del Sur. Pero en la era de Cronopio, el mundo se dividía en dos supercontinentes: Lauracia al norte, que incluía lo que hoy es América del Norte, Europa y gran parte de Asia; y al sur estaba Gondwana, que incluía a América del Sur, Africa, India, Antártida y Australia.

El estudio de los fósiles de Cronopio permitió especular que si el grupo de los driolestoideos se mantuvo restringido a Sudamérica durante más de 40 millones de años, podría ser que la región estuviese aislada con respecto al resto del continente Gondwana. Esto podría deberse a la existencia del llamado Mar de Kawas, que por aquellos tiempos inundaba el norte de la Patagonia.

Pero eventualmente, a fines del Cretácico y principios de la Era Cenozoica los driolestoideos se extinguirían, en gran parte debido a la llegada de los mamíferos de América del Norte, los terios, a los cuales pertenecen tanto los placentarios como los marsupiales.

Pero para esos tiempos ya habrían pasado muchos millones de años desde la propia desaparición de la especie de Cronopio, ya que a pesar de que nos hayamos encariñado con él, una especie no suele vivir mucho en tiempos geológicos.

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