El Papa León XIV inauguró el 2026 con un mensaje cargado de cercanía y profundidad espiritual desde la Plaza de San Pedro, donde se dirigió a miles de fieles reunidos para el rezo del Ángelus en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y en el marco de la 59ª Jornada Mundial de la Paz.
Con un saludo afectuoso de Año Nuevo, el Pontífice invitó a vivir el comienzo del calendario no como una rutina que se reinicia, sino como una oportunidad concreta para darle un nuevo sentido al tiempo. Señaló que abrir un año sin el deseo sincero de paz y amistad entre los pueblos sería un simple acto formal, vacío de significado.
En su reflexión, León XIV retomó las enseñanzas del Jubileo que llega a su fin, al que describió como un período que educó en la esperanza y en la conversión del corazón. Según explicó, ese camino espiritual propone transformar el resentimiento en perdón, el sufrimiento en consuelo y las buenas intenciones en acciones visibles.
El Papa subrayó además que Dios eligió entrar en la historia humana de manera concreta, haciéndose hombre, para ofrecer un futuro distinto. En esa línea, destacó que el mensaje cristiano impulsa a construir un mundo más abierto, donde nadie quede excluido y donde el otro sea recibido como un hermano.
Al poner la mirada en la figura de María, protagonista de la jornada litúrgica, recordó su rol como primera morada del Verbo. Desde ese ejemplo, llamó a reconocer el valor único de cada persona y a defender la vida humana como un don sagrado, especialmente en un contexto marcado por la violencia y la indiferencia.
Finalmente, León XIV convocó a una oración común por la paz, no solo en los territorios atravesados por guerras y pobreza, sino también en los hogares y comunidades golpeados por conflictos cotidianos. Encomendó ese pedido a la intercesión de la Virgen María y alentó a comenzar el año con la certeza de que la esperanza cristiana sigue siendo una fuerza capaz de sostener incluso en tiempos difíciles.