La bioquímica francesa Jessie Inchauspé, conocida como “la diosa de la glucosa”, puso el foco en un aspecto poco considerado de la alimentación: el orden en que se consumen los alimentos. Según explica, esta secuencia puede influir directamente en los niveles de azúcar en sangre y, en consecuencia, en la energía, el apetito y la salud metabólica.
Lejos de ser un detalle menor, la especialista sostiene que no solo importa qué se come, sino también cómo se estructura cada comida. Sus recomendaciones, basadas en evidencia científica, buscan reducir los picos de glucosa, un fenómeno que puede tener efectos negativos en el organismo incluso en personas sin diagnóstico de enfermedades.
En ese sentido, Inchauspé advierte que monitorear la glucosa no es exclusivo de quienes tienen diabetes. Mantener niveles estables puede ayudar a prevenir enfermedades y mejorar distintos aspectos de la salud, como la calidad del sueño, la energía diaria, la piel e incluso la fertilidad. La glucosa es una fuente esencial de energía para el cerebro, el corazón y los músculos, pero cuando se producen picos elevados el cuerpo atraviesa procesos como inflamación, estrés celular y glicación, un mecanismo asociado al envejecimiento. Entre los efectos más comunes aparecen el cansancio, el hambre y los antojos, mientras que a largo plazo pueden derivar en patologías como la diabetes tipo 2.
Uno de los principales aportes de la científica es la idea de que la secuencia en la que se ingieren los alimentos modifica la forma en que el organismo absorbe la glucosa. Contrario a la creencia de que todo se mezcla por igual en el estómago, explica que comenzar las comidas con vegetales permite que la fibra actúe como una barrera que ralentiza la absorción de azúcar en sangre. Luego, incorporar proteínas y grasas, y dejar los carbohidratos para el final, contribuye a evitar subas bruscas.
El enfoque que propone no se basa en restricciones estrictas, sino en la incorporación progresiva de hábitos. Reducir el consumo de azúcar, especialmente en el desayuno, sumar pequeñas estrategias como ingerir vinagre antes de las comidas o moverse unos minutos después de comer son parte de una rutina que apunta a estabilizar la glucosa y mejorar la salud general.
Así, la especialista plantea una mirada distinta sobre la alimentación cotidiana: pequeños cambios en el orden de los alimentos pueden generar un impacto significativo en el bienestar a largo plazo.