Una nueva mutación del coronavirus volvió a encender las alarmas en Estados Unidos, luego de varios meses de relativa estabilidad. Se trata de la variante NB.1.8.1, que ya fue detectada en distintos aeropuertos del país a través de controles aleatorios y que viene impulsando una suba de casos en países asiáticos como China e India.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasificó como variante “de interés” y, según su informe más reciente de mayo, NB.1.8.1 ya representa el 10,7% de los casos a nivel global, con un crecimiento acelerado en diversas regiones. En el Pacífico Occidental pasó del 8,9% al 11,7%; en América, del 1,6% al 4,9%; y en Europa, del 1% al 6%, todo en apenas cuatro semanas.
En Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) confirmaron hasta ahora poco más de 20 casos, aunque reconocieron que la falta de un sistema de detección regular impide conocer la verdadera dimensión del contagio. “Posiblemente haya muchos más casos aún no informados”, advirtieron.
Los especialistas recomiendan un seguimiento estricto. Según el inmunólogo y microbiólogo Subhash Verma, profesor de la Universidad de Nevada en Reno, esta variante tiene un comportamiento particular: “Evade la protección de los anticuerpos inducidos por las vacunas conocidas o por infecciones previas”.
“Esta variante tiene mayor probabilidad de propagación que las más recientes”, explicó Verma, aunque aclaró que no hay evidencia de que cause cuadros más graves. “En general, los síntomas son dolor de garganta, malestar general y tos”, detalló. De todos modos, el científico advirtió que es pronto para sacar conclusiones definitivas, sobre todo por el aumento de hospitalizaciones en el extranjero.
Por su parte, la pediatra infectóloga Amy Edwards, de la Universidad Case Western Reserve, alertó que NB.1.8.1 presenta una capacidad aumentada para adherirse con mayor fuerza a las células humanas, lo que también potencia su transmisión.