La reciente compra de la fábrica de galletitas Dilexis empezó a mostrar sus primeros efectos dentro de la planta. Fuentes del Ministerio de Producción del gobierno provincial informaron que se avanzó en la normalización de los haberes del personal, luego de un período marcado por demoras en los pagos.
La fábrica, que cuenta con 296 empleados, venía registrando atrasos en la liquidación de salarios y, en este sentido, el cambio de dueño significó un alivio para los trabajadores. La firma pasó a manos del empresario bonaerense Juan Carlos Crovella -vinculado al sector alimenticio- desde fines de 2025 y la transición no deja de ser turbulenta.
Según explicó Alejandro Martin, secretario de Industria a Tiempo de San Juan, no se trataba de deudas prolongadas, sino de demoras de varios días respecto de los plazos habituales fijados por ley.
“El esquema de pago se mantenía, pero no siempre se cumplía con la fecha correspondiente al quinto día hábil, como establece la normativa laboral. Los haberes se cancelaban días después”, indicó.
Las dificultades también impactaban en otros conceptos salariales. En algunos casos, los pagos se realizaban de forma fraccionada y el aguinaldo llegó a liquidarse en cuotas, una modalidad que reflejaba la situación financiera que atravesaba la firma.
Según precisó el funcionario, el proceso de regularización comenzó en enero, en coincidencia con el desembarco del nuevo grupo inversor. “Desde las últimas semanas se observa una normalización en los tiempos de pago”, señaló en un contexto de mayor tranquilidad.
Dilexis arrastraba problemas operativos desde hacía varios años, en un escenario que había generado incertidumbre interna y preocupación entre los trabajadores.
Antes del paso de timón, parte del paquete accionario estaba distribuido entre inversores privados, entre ellos Alejandro Ripani, referenciado en la industria alimenticia por su vínculo con Tía Maruca, y el grupo Argen San.
La situación en la que se encontraban estaba afectada principalmente por la caída del consumo y la dificultad para afrontar gastos corrientes, como la energía, con compromisos por varios millones de pesos.
La historia de la firma muestra que los vaivenes financieros no son nuevos. En 2022 la empresa estuvo al borde de la quiebra, situación que derivó en un acuerdo de refinanciación que permitió sostener alrededor de 350 puestos de trabajo. Previamente, en 2019, la compañía había recortado contratos y convocado a concurso preventivo de acreedores en medio de un escenario marcado por deudas millonarias.
Desde el Gobierno provincial indicaron que acompañarán esta fase de la compañía, en función de su impacto productivo y laboral. En paralelo, se espera que en las próximas semanas la firma avance con la comunicación formal del cambio de mando y los lineamientos operativos previstos para la planta.