Día de la Industria Sanjuanina

Raúl Cabanay: la calera que llevará por siempre el nombre de sus mujeres

Es jachallero, se dedicó a la minería no metalífera y cuando se jubiló le llegó la propuesta de su vida. Caleras San Juan hoy abastece a todo el país y hasta exporta.
lunes, 13 de septiembre de 2021 · 07:10

Cuando Raúl Cabanay pensaba dedicarse a la familia, a las serenatas, a los amigos y a tomar buenos vinos, le llegó la propuesta de su vida. Primero dijo que no, pero tres años después no pudo negarse. Este jachallero aceptó la invitación de Daniel Van Lierde y se convirtió en el 2013 en socio de la empresa calera más importante de la provincia: Caleras San Juan. Hoy, tienen más de 180 empleados, dos hornos de tecnología suiza y ambos bautizados con los nombres de las mujeres de su vida: su esposa y su hija. 

Raúl se sabe la historia de la empresa en la que trabaja de memoria. El nacimiento de la firma se remonta a 1952, cuando un industrial mendocino llamado Florencio Casales decide producir cal en San Juan y arma un emprendimiento que se llamaba Carbometal. Instaló cuatro modernos hornos para la época y hasta planeó hacer una planta de cemento, que se iba a llamar Cemento Huarpe. Aún están en Caleras San Juan aquellas maquetas que quedaron en el olvido cuando Casales se murió. Cuarenta años después, el socio de Cabanay, Van Lierde, compra la quiebra de Carbometal y rebautiza la empresa.

Caleras San Juan anduvo a los tumbos. Van Lierde no es sanjuanino y decidió producir cal para la construcción, una de las más complicadas para introducir en el mercado. ¿Cómo llega Cabanay? Este jachallero es ingeniero en minas, durante años estuvo al frente de la calera TEA, en Albardón. Supo poner en marcha hornos de gran tecnología y recorrió el mundo en busca de las mejores estrategias de producción para la cal. Su experiencia era clave para que Van Lierde sacara adelante Caleras San Juan pero Raúl se había jubilado en el 2010 y pocas ganas tenía de volver a trabajar. 

"En el 2013 Daniel me logra convencer para que sea socio. Me quiso asociar en el 2010 y no quise, había tomado la decisión de dedicarme a una vida simple, que siempre la tuve, una vida muy afectiva, dedicada a mi familia y a mis amigos, a la guitarra y a tomar unos buenos vinos. Estuve tres años así, hasta que me convenció en el 2013. Hay dos versiones del convencimiento, la mía es que me agarró de vacaciones y sin tomar vino y la de él, que dice que agarré la empresa porque mi hija menor se fue a estudiar a Córdoba. Un poco y un poco debo decir", contó el empresario. 

Cuando aceptó, tenía en mente hacer un cambio de estrategias dentro de la compañía. Apostó por dedicarse con más fuerza a las cales industriales y a la mejora de la tecnología. "Caleras San Juan venía con muchos problemas financieros, empezamos a reordenar los números, primero ser creíbles con nuestra propia gente porque consideramos que el recurso humano es nuestro pilar", contó.

A pesar de no contar con el dinero para cambiar toda la tecnología se implementaron cambios pequeños, como encamisar los hornos y se pasó de producir 30 toneladas diarias de cal a 45. En el 2013 la empresa llegó a producir 99.000 toneladas de cal al año y apenas cuatro después alcanzaron las 231.000 toneladas. Fue así como el sueño máximo cobró vida: comprar un horno Maerz. 

"En minera TEA instalamos uno de estos hornos en 1987, yo lo puse en marcha al horno, había visto estos hornos en Europa. Con mucho esfuerzo, logramos un crédito de 7 millones de dólares a pagar con dos años de gracia y diez años de plazo para devolver el dinero", contó Raúl. Ese primer horno, que cambió a la compañía, lleva el nombre de su esposa, Nilda. El horno posibilitó producir 300 toneladas diarias, contra las 30 que producían inicialmente. Luego, en abril pasado, inauguraron otro horno Maerz, que lleva el nombre de su hija Ailén. 

Pero los planes no se detienen allí. Es que Raúl es un hombre que se plantea muchos desafíos y aspira junto a su socio a tener cuatro hornos funcionando en el 2025. El otro gran objetivo es que la empresa siga siendo argentina. Hubo coqueteos y ofrecimientos de firmas de varios lugares del mundo interesadas en comprar Caleras San Juan pero tanto Cabanay como Van Lierde quieren que quede en manos de sus familias. Justamente uno de los hijos de Raúl es geólogo y está al frente del área de operaciones. 

Hoy la firma destina gran parte de su producción al mercado interno, alimenta a la industria de la siderurgia, la usan en Buenos Aires para potabilizar el agua y hasta exportan a Chile. Incluso, inauguraron una bodega de cales para almacenar el producto y después comercializarlo. 

Cabanay dice que están con problemas para sacar otro crédito internacional porque falta seguridad jurídica en el país. "El país no da seguridad jurídica, cuando empezamos a hacer nuestras proyecciones de venta, tratamos de tomar todas las previsiones posibles, podríamos soñar mucho más, el Estado nos complica mucho la vida, sobre todo a los pequeños", opinó. 

Raúl dice que es un plus ser sanjuanino para gerenciar una empresa dedicada a la minería, que sueña con comprar dos hornos más. De lo que está seguro es que va a continuar en la vorágine de la diaria, de la cantera, eso sí, comiendo punta espalda de vez en cuando bajo los árboles que hay en la planta sarmientina.

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