Es que Ricardo Martínez tiene el toque del
Rey Midas, y, literalmente, convierte en oro lo que toca. Comenzó a trabajar en
exploración minera en los '90 en el Valle del Cura y fue parte del grupo de
geólogos que descubrieron Veladero, la mina de oro más grande de San Juan. Ese
grupo es el mismo que descubrió el yacimiento José María, en el norte
sanjuanino, el que junto con Los Helados, en Chile, forman Constelación, el
proyecto minero más grande que Pascua Lama.
La historia del descubrimiento de José
María es para el asombro, con altas dosis de trabajo, de suerte y también de
fe.
"Por entonces no había huellas ni
caminos ni nada. Pasamos muchos días haciendo muestreos a pie, ni siquiera a
caballo, con andinistas trepados con sogas, fue un laburo terrible. Del 2002 al
2007 se invirtieron 50 millones de dólares de pura exploración", contó
Martínez.
El grupo de geólogos de la firma Deprominsa
realizaba exploraciones en otras dos zonas lindantes, Batidero y Vicuña (hoy Filo del Sol). Los
geólogos iban a atravesar la zona a pie en busca de nuevas evidencias y
Martínez les dijo que fueran con la topadora y así hacían huella, que además
después servía para circular en camioneta. Así lo hicieron y mandaron la
topadora, pero la máquina se fue cerro abajo sin control, el conductor puso el
escarificador para frenarla un poco y en esa trinchera que hizo en su camino
los geólogos vieron brotar la piedra verde, indicio de cobre.
"Está todo tapado con roca molida que
no deja ver abajo, hay que hacer trinchera para ver roca de mineralización, no
es ir y ver nomás. Empezás a sentir ese
'olorcito', es como ver el humito y saber que allá están haciendo asado",
explicó el geólogo.
El tema es que Deprominsa tenía contrato con
los dueños de dos áreas diferentes y esta mineralización estaba en el medio y
era de otro dueño. Martínez lo buscó y negoció con el propietario de ese campo
un contrato de exploración y ahí nació José María, a fines de 2003.
Los geólogos eran Patricio Jones, en la
oficina de Buenos Aires, en San Juan coordinaba Martínez donde estaban los hombres
con los que empezó Veladero, Jorge Achem, Alfredo Pérez, Max Lamotte, luego se
agregaron otros. A partir de José María empezaron a explorar El Potro, en La
Rioja, y hacia Chile también empezaron a pedir propiedades. "Se armó un
gran conglomerado de proyectos con más de 25 áreas anómalas que tenía la
empresa. Se empezaron a desarrollar evidencias concretas y proyectos
individuales. El segundo más grande es Los Helados, del lado chileno, pero muy
cerca de José María, en esa zona habían explorado pero la habían desechado porque
estaba lejos y no habían encontrado evidencia", contó Martínez.
"Yo me termino yendo de la empresa en
el 2007 porque me peleaba con los gerentes de Canadá porque no querían seguir
perforando José María, decían que era muy chiquito, que no iba a tener
potencial. Era un conflicto donde uno ve algo y el otro no lo ve. Lo
abandonaron unos años pero por suerte volvieron en 2011 y trabajaron en Los
Helados y en José María con más énfasis. Mientras que a Filo del Sol, que era
Vicuña, acaban de hacerle otra empresa, Filo Mining", agregó.
¿Por
qué el nombre José María?
Ricardo Martínez quería ponerle Don Emilio
a ese promisorio yacimiento descubierto. Don Emilio en honor a Monseñor Emilio
Bonell, sacerdote y vicario de la Prelatura del Opus Dei en la Argentina
durante tres décadas. El cura era el único que desde 1996 había subido varias
veces a Veladero donde confesaba y daba misa los 8 de diciembre, "era el guía
espiritual de ese equipo de gente”. Cuando Ricardo le contó que quería ponerle
su nombre al yacimiento, Bonell le dijo: "no, de ninguna manera. Esto se
lo tenemos que encargar a alguien que esté más arriba" y así le pusieron
José María en honor a José María Escrivá de Balaguer, creador del Opus Dei y
hombre de quien Bonell había sido discípulo y amigo.
"Don Emilio quiso ir a José María pero
los médicos no lo dejaron, ya estaba viejito. Todos los mineros de esa época lo
conocen porque venía siempre, era un ser humano espectacular. El decía que
seguía rezando, que le sigamos poniendo fichas a eso", aseguró. Bonell
falleció a los 78 años.
José María es el proyecto de cobre en óxido
y oro en óxido, mineral que se va a lixiviar en la primera etapa. De manera
similar al proyecto Pascua Lama, Constelación es binacional con un yacimiento
de cada lado de la cordillera, y similar también en los recursos, de este lado hay
agua y lugar para la planta. Todo el mineral se traerá por túnel en cinta
transportadora. Pero es mucho más grande que Pascua Lama. "Empieza con una
explotación chica y se va autofinanciando, pero es un proyecto grande, con 50
años de vida y una rentabilidad muy buena con una tasa de retorno de casi 17 %
después de impuestos. El costo no parece ser prohibitivo y los niveles de
producción son muy buenos, producir 180.000 toneladas de cobre es más o menos
la producción de Alumbrera", señaló Martínez.
Agregó que Constelación es hoy lo más
grande que hay dando vueltas, junto con Taca Taca, en Salta, un proyecto de
cobre pero que no tiene oro ni plata.
"Hay que trabajar muchísimo todavía.
Este es el primer ensayo económico del proyecto, lo importante es hoy que hoy
Constelación es la opción para quien no quiere hacer exploración básica. Muchos
buscan proyectos de exploración avanzada
con algo seguro en la mano. Esto es pan caliente para los inversores chinos y
japoneses que quieren algo seguro".
El
Big Bang de Constelación
Cuando comienza la historia de la gran
exploración metalífera en San Juan, a principios de los '90, llegó el grupo
Lundin, canadiense, el primero que invirtió en Argentina en esta etapa, y ganó
la licitación de Minera Alumbrera. En el '92 comenzó a trabajar con el nombre
de Musto Exploraciones y en el '93 crearon filial de exploración en el país y ahí
comenzó a trabajar Martínez en lo que era Napoleon Exploration. Con esta
empresa ganaron la licitación de áreas de reserva en San Juan, Veladero y Del Carmen.
Al poco tiempo se asociaron con Barrick y siguieron como Argentina Gold Corporation
en la exploración inicial de Veladero, para lo que armaron un equipo de casi 20
geólogos.
Con las idas y vueltas de los mercados, en
el '99 Homestake compró Argentina Gold y todos siguieron trabajando. En 2002 Barrick
compró Homestake y ahí muchos se fueron, incluido Martínez. "Ahí empiezo a
trabajar con mi ex jefe, Patricio Jones, para el grupo Lundin y armamos
Desarrollo de Prospectos Mineros SA (Deprominsa) con sedes en Buenos Aires, San
Juan y Bariloche. Después armamos Argentina Minera SA (Aminsa) bajo la misma
estructura y que terminamos comprando Patricio y yo. Con Aminsa seguimos
trabajando en Rincones de Araya y la zona sur de San Juan donde tenemos un
grupo de propiedades", contó Martínez.
Deprominsa sigue siendo de los Lundin bajo
el paraguas de distintas empresas de Canadá que van cambiando su nombre, hoy
depende de NGEx cuyo nombre proviene de un libro sobre la biografía de Adolf Lundin
quien siempre decía 'No Guts No Glory', sin tripas no hay gloria, una filosofía
de trabajo que predomina en su empresa, ahora a cargo de sus hijos.
"Con ese grupo volvemos a pedir propiedades
en el área norte de San Juan donde hacía unos años habían hecho ellos el
intento y habían abandonado porque no tuvieron buenos resultados. Cuando me
hago cargo de la exploración digo 'esto es muy bueno', y volvemos al área de Batidero
y Vicuña, porque las evidencias en superficie eran positivas pero se había
perforado poco y los resultados eran mezquinos", dijo Martínez.
Deprominsa había tenido mucha actividad en
el sur del país pero los terminaron echado de todos lados. "Nos sacaron de
Chubut, de Río Negro, de Mendoza a los palos. Habíamos construido una empresa
multiprovincial desde Ushuaia a Jujuy, pero las cosas que fueron pasando nos
fueron volcando a San Juan. Yo tenía con el presidente de la empresa en Canadá
un conflicto porque me decía que yo llevaba todos los proyectos a San Juan y yo
le decía que no, que la realidad es que los proyectos de San Juan tenían preponderancia
porque eran mejores y en los otros nos había ido mal. En ese momento me inventan un cargo y me ponen al
frente de Exploración Sudamérica, y empiezo a bollar acá, en Chile, Ecuador, Colombia,
a mirar proyectos a todos lados. Ya había empezado con Viento Andino (empresa
de transporte para la minería) en el 2007, estaba ya con la inversión agrícola
de Campo Grande (en Sarmiento). Me vi en un momento contando hormigas en la administración
de una minera internacional y haciendo inversiones de elefante en San Juan con
mis fondos. Así que un día dije: 'tengo que dedicarme a lo mío y si tengo
tiempo hago algo como consultor externo'. Ahí colgué los botines de ser gerente
internacional. Cuando les dije que me iba me ofrecieron pagarme el doble y les dije
'no muchas gracias', y me fui. Era una decisión de vida, quería estar más con
mi familia. No me arrepiento para nada, tengo excelente relación con ellos incluso
les hice consultoría en algún momento".