Siete errores de Brasil que hay que evitar

viernes, 25 de septiembre de 2015 · 16:38

Atento a la crítica situación económica que atraviesa Brasil, y que está impactando en nuestro país, el  Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, elaboró un informe en el cual enumera siete errores que el gobierno de Dilma Rousseff cometió en los últimos meses, algunos de ellos con precisa similitud frente a algunos episodios que ocurren en la Argentina.

"El desenlace de la crisis de Brasil es incierto, dado el deterioro de los indicadores económicos y la fragilidad del cuadro político. Con el dólar coqueteando con la paridad de 4 reales, la inflación puede volver a repuntar y el Banco Central tener que subir más todavía la tasa de interés, profundizando la recesión", indicó el informe, elaborado por Jorge Vasconcelos.

En ese sentido, indicó que "una opción igualmente inquietante es que la autoridad monetaria se dé por vencida, suspenda el régimen de metas y el ajuste lo termine haciendo un fogonazo inflacionario. Frente a esos riesgos, nadie quiere desechar el escenario de una solución política a la crisis, acuerdos en el Congreso para realizar reformas profundas en el plano fiscal, regulatorio y de inserción externa y que, finalmente, la inflación comience a ceder, bajen las tasas de interés de mediano y largo plazo y las exportaciones repunten en forma sostenida".  

A su vez, Vasconcelos advirtió que "el curso de los acontecimientos en Brasil se habrá de esclarecer en paralelo con la definición del rumbo político en la Argentina, por lo que la agenda del próximo presidente estará impregnada por la suerte del vecino del Mercosur". 

"Para quienes creen que el problema de nuestro país sólo consiste en las escasas reservas del Banco Central, el contraejemplo brasileño es ilustrativo, ya que Dilma no ha podido evitar el profundo deterioro de la economía pese a que las reservas alcanzan a nada menos que 370 mil millones de dólares", añadió.  

A continuación, los principales factores que contribuyeron al complicado presente de Brasil.

1) La propia Dilma Rousseff reconoció semanas atrás haber reaccionado tarde frente a los indicadores tempranos de la crisis. Durante 2014, en plena campaña electoral, el gobierno hizo un discurso de continuidad por lo que, cuando quiso dar un giro, con la designación de Joaquim Levy, se encontró con el problema de no gozar del "mandato" correspondiente. Esa contradicción le dio más excusas al Congreso para boicotear las medidas propuestas. 

2) Cuando comenzaron a deteriorarse los términos de intercambio, fue un error tratar de compensar con medidas expansivas de demanda, ya que había que poner énfasis en el lado de la oferta (productividad, burocracia, infraestructura). Así, la economía se estancó pese a que los esfuerzos por reactivar hicieron elevar la deuda pública en 14 puntos del PIB entre 2013 y 2015, lo que perjudicó la calificación crediticia del país. 

3) Subestimar la importancia de contar con industrias integradas a las cadenas globales de valor. Mientras México desplazaba a Brasil como centro manufacturero de la región, Itamaraty dilataba las negociaciones con la Unión Europea, el Nafta y la Alianza del Pacífico, sin que las cámaras empresariales pusieran presión, dadas las dificultades para competir. 

4) Asociado con el punto anterior, haber actuado como si el "boom de las commodities” habría de durar para siempre. De este modo, los salarios comenzaron a desconectarse de la productividad y fueron muy pocos los sectores que pudieron compensar exportaciones en el momento en que las materias primas comenzaron a aflojar. 

5) Haber demorado reformas estructurales para quitarle rigidez a la evolución del gasto público, que es demasiado elevado para un país de desarrollo intermedio como Brasil y que, además, está dominado por las erogaciones corrientes, con inversión pública que apenas supera los 2 puntos del PIB.

6) Pese a las limitaciones del estado para realizar gasto de capital, tampoco se avanzó en los proyectos público-privados, como solución alternativa. Así, pese al boom de commodities, en los últimos 8 años Brasil retrocedió 37 peldaños en el ranking de Calidad de Infraestructura del World Economic Forum, hasta el lugar 120 entre 144 países (Argentina pasó del puesto 61 al 123). 

7) En medio de tales falencias, el Banco Central no pudo lograr una inflación de nivel internacional, despertando fundados cuestionamientos al régimen de metas en vigencia. Es que cada vez que se intentó contener los precios, se terminó recurriendo a la apreciación insostenible del real y a subas inusuales de las tasas de interés, lo que acarreó severos daños colaterales, no sólo sobre el sector privado, sino sobre el propio estado, ya que la deuda pública está atada a la Selic. A su vez, cuando se buscó alivio relajando esos instrumentos, la inflación volvió a rebotar, generando un dilema corrosivo a los hacedores de política. Si para bajar la inflación hay que recurrir al atraso cambiario y a la quiebra de las pymes y del Estado por el encarecimiento del crédito entonces, cabe preguntarse, ¿dónde está el mérito de esa política?. 

"Así, esta experiencia ha sumado argumentos para que la Argentina busque un régimen cambiario-monetario superador, no sólo al de Brasil, sino también a los aplicados antes en nuestro país. No es algo que podrá verse en el arranque de la próxima gestión, pero si en el rumbo de la transición que arranca el 10 de diciembre. Ninguna opción estará exenta de riesgos", resumió Vasconcelos. 

"Una variante es que se intente unificar el mercado de cambios, pero en este caso es clave minimizar el traspaso a precios de ese movimiento. Del otro lado, mientras más tiempo se transite sin salir de los controles, el riesgo a combatir será el de la brecha cambiaria", agregó. 

"Aunque ésta inicialmente baje, una eventual ampliación posterior tendría efectos muy negativos sobre las expectativas de inflación y las decisiones de inversión", finalizó.


 

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