ECONOMIA SOCIAL

Una fábrica recuperada que espera por su sello propio

La Cooperativa 25 de Septiembre era, en sus orígenes, una empresa de confección de lencería. Quebró y las trabajadoras se hicieron cargo de ella a partir del trabajo solidario. Por Daniela Pinardi- Cana 5 Telesol.
jueves, 24 de septiembre de 2015 · 08:51
Por Daniela Pinardi
Canal 5 Telesol

Recuperar una fábrica, ser dueños y tener marca propia, es el deseo de las mujeres y los hombres que trabajan en la Cooperativa 25 de Setiembre. Era inicialmente una empresa que confeccionaba lencería y quebró con la crisis. Ante la necesidad de mantener la fuente de trabajo, un grupo de mujeres decidió unir voluntades y empezar a producir.

Quienes forman la cooperativa hoy llegaron cuando ya estaba conformada la empresa, algunas mujeres, como Mabel Jofré, la actual presidenta, leyeron la convocatoria en un matutino local, y asistieron en busca de  trabajo. En ese momento y  gracias a una licitación que habían ganado, empezaron a fabricar guardapolvos  y necesitaban costureras que supieran manejar máquinas específicas. El gobierno nacional envió lo necesario para cambiar la matriz de producción. Atrás quedo la lencería y fue ganando espacio  la confección de guardapolvos, ambos y ropa de trabajo.

A lo largo de seis meses, la tarea fue ininterrumpida. La necesidad del Estado de proveer guardapolvos para niños, copó la capacidad de producción. Sin embargo, un día la demanda cesó y las trabajadoras debieron ampliar el espectro y salir a buscar qué producir para seguir trabajando. "Publicamos en los diarios que cosíamos y empezamos a recorrer las empresas ofreciendo nuestro servicio y así, llegó una marca sanjuanina de ropa de trabajo y algunas proveedoras mineras, pero la tarea no era constante”, explica Mabel con serenidad detrás de una Overlok mientras interrumpe la tarea para atender al equipo de Tiempo de San Juan. "Aun no lo es. Ahora cosemos las prendas que ya vienen cortadas, hasta cumplir con cada uno de los pedidos que nos hace la empresa Retama”. Lo aclara, consciente de que la marca es conocida y en su expresión se lee el orgullo de saber que cada prenda de trabajo con ese logo ha pasado por sus manos. "La prolijidad, precisión y calidad son nuestro sello, por eso confían en nosotros y no defraudamos”, dice sonriente y aunque no lo aclara, también sabe que ese es el capital más importante de la pequeña fábrica.De hecho, si es necesario, las trabajadoras pueden llegar a permanecer en sus asientos hasta once horas por día, si lo que hay que hacer tiene una fecha de entrega muy próxima. 

Formar parte de una cooperativa no es sencillo. De las más de cuarenta personas que la integraban inicialmente, hoy quedan diez. Siete mujeres y tres varones. "La gente no entiende el trabajo solidario, solo llegan al lugar y quieren saber cuánto van a cobrar. La actividad en el taller es irregular, a veces hay mucho para hacer y otras poco, depende. Pero el compromiso con el otro y el trabajo en equipo, a veces es difícil de comprender y no es para todos”, afirma la presidenta. Mabel trajo a dos de sus hijos a la cooperativa. "Uno de mis hijos empezó a trabajar acá muy jovencito, le estábamos enseñando a coser y se atravesó un dedo con una aguja, al contrario de lo que creíamos, volvió al otro día, a veces ordenaba, planchaba o cosía. Nunca dejó de venir, hasta hoy, a pesar de que tiene otro trabajo, viene a darnos una mano en lo que necesitemos.”. El integrar a su familia, explica su compromiso con esta empresa de la economía social. Y tan suya es, que, con el puñado de compañeras y compañeros, busca diariamente extender la producción y sumar más aun en tiempos difíciles. "En enero veníamos con Analía, Secretaria de la organización, y no había trabajo, ni siquiera nos alcanzaba para pagar los servicios, la luz y el gas, pero mirábamos el galpón con las máquinas y decíamos, es una fábrica textil, no podemos dejarla caer, y al poquito tiempo empezaron a llegar encargos, y así vamos día a día”.

La fábrica es más que un lugar de trabajo para este grupo que encontró en ella una salida laboral, ya que también es un lugar donde el cooperativismo se entiende en el sentido más profundo. "A veces alguna compañera llega con problemas de su casa y la hora de la merienda se extiende un poco más, porque nosotros entendemos que primero está la persona”, dice Analía Chávez. "Cuando encontré este trabajo, supe que era para mí”, explica la Secretaria de la organización, quien llegó hace poco, pero sabe que, por su forma de ver la vida, no podría estar en otro lado. 

Hoy funcionan en calle Abraham Tapia a metros de Circunvalación. Cuando uno traspasa el portón amarillo, en el que puede leerse Fecoagro, la Federación que les presta las instalaciones y de la que forman parte,  se encuentra con una imagen que sorprende. Hay una veintena de máquinas de coser que esperan con sus hilos dispuestos a dar la puntada inicial del día. A un costado hay un trabajador que confecciona prendas y se escucha una radio encendida. En el fondo están Mabel y Lidia.  Las dos mujeres que, sin importar si hay más o menos tarea para realizar, están siempre detrás de los carreteles y las agujas. La imagen es imponente. Hay camisas y bombachas de gaucho, pantalones y mamelucos, algunos dispuestos para la entrega. Atrás quedaron las cerca de cuarenta personas que iniciaron la tarea en la fábrica recuperada. Hoy son solo diez, tres varones y siete mujeres que desempeñan la tarea diariamente entre las nueve de la mañana y las tres de la tarde. Tienen la marca propia AgeCuyun, que significa Mujeres de Trabajo, el sello las define. Si bien por ahora esa marca no puede lucirse en ninguna prenda porque no tienen el capital inicial para comprar las telas, no pierden la esperanza y se atreven a soñar.

La economía social se construye desde una concepción del trabajo que se aleja de los principios que impone el capitalismo en su versión más despiadada. Se trata de una mirada que humaniza las relaciones laborales destacando el valor de la solidaridad y el trabajo en equipo; también democratiza la toma de decisiones ofreciendo oportunidades más justas. La Cooperativa 25 de Setiembre es un ejemplo de ello. En sus máquinas de coser las mujeres y los hombres que la integran confeccionan cotidianamente sus sueños.

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