-Recientemente la Secretaría de Energía dio a conocer una resolución por la cual el precio del gas natural comprimido para automóviles se ata al del combustible líquido. El gas seguirá el camino que sigan las naftas aplicándose a ambos, de ahora en adelante, la misma variación porcentual. Se entiende que serán incrementos, porque la baja, que debería ser también una alternativa, no lo es con una moneda inestable. El tema nos sirve de disparador para volver sobre el análisis de precios relativos de la gasolina entre nuestro país, el resto del mundo, nuestros vecinos y USA. Comencemos recordando que hoy el precio de la nafta en manguera ronda los 15 pesos, al margen de que se reconocen pequeñas diferencias entre marcas y estaciones de servicio. Ese monto representa, a la cotización oficial del dólar que es la única legal, 1 dólar con 76 centavos por litro. Según la información que recolecta sistemáticamente el Banco Mundial, el precio promedio en el planeta es de 1 dólar con 25 centavos por litro, con lo cual nuestro país tiene uno de los precios más altos del orbe.
-Comparando, Brasil, también caro, cobra la nafta a 1,58 dólares, Chile a 1,37 y Bolivia, el más barato de la región, a 0,70 muy parecido a USA, que cerraba el 17 de noviembre en 0,83 dólares por litro (calculado porque allí se vende por otra medida, el galón que equivale a 3,75 litros). Tres meses atrás en USA el litro costaba casi 1 dólar (0,98) que fue el valor más alto del año y luego comenzó a bajar porque el petróleo también bajó su precio internacional desde un máximo de 87,94 el barril a un mínimo de 76,76 dólares registrando un promedio en lo que va del año de 83.52 y, lo más interesante, un precio futuro cotizado esta semana para febrero de 2015 en 78,74. Sintetizando, el petróleo baja y tiende a seguir bajando y así los combustibles de uso cotidiano.
-No hay lecturas buenas respecto de lo que se nos cobra aquí. Una, tenemos el precio más alto del mundo y subiendo. Otra sería que este precio, uno de los más regulados por el Estado, tenga como referencia el dólar paralelo, en cuyo caso al precio sería un razonable 1,11 dólares por litro. Sabemos que estamos importando combustible porque perdimos la capacidad de producir lo que consumimos, pero siendo el petróleo una materia prima, tiene cotización transparente en el mercado internacional y no debería haber motivos para que el nuestro sea el único país en que el valor del producto elaborado sube cuando la materia prima baja un 20 por ciento. No ocurre lo mismo con la energía eléctrica, pero eso será motivo de otro comentario.
-Esta semana el portal iProfesional.com publicó un completo y detallado análisis de la actual situación monetaria. No falta nada ni conviene agregar nada, así que lo compartimos con nuestros lectores:
El plan del Gobierno de atacar con firmeza el precio del blue y del contado con liqui está directamente asociado con un objetivo más de fondo. Este es el de reducir las expectativas sobre una futura devaluación. Es que la administración observa que una corrección alcista y abrupta del dólar, lejos de darle más competitividad a la economía, terminaría produciendo un mal mayor. Es decir, se repetiría la situación posterior a enero en la cual el Gobierno se quedó con la peor de las combinaciones: con todos los costos y sin los beneficios de una alza del tipo de cambio. En buen romance, el incremento del billete verde sería acompañado por el resto de los precios de los bienes y servicios, de modo tal que el país quedaría más caro en dólares y encima sin ningún repunte en la competitividad cambiaria. ¿Qué es lo que hace que ahora ya no exista margen para una devaluación exitosa? Los expertos señalan varios factores que están jugando en contra. El primero es la alta probabilidad de conflictividad social: si el dólar se dispara, los sindicatos agudizarán sus reclamos por una pronta reapertura de paritarias, lo cual pondría más presión a los precios de bienes y servicios. Este era un factor que no estaba tan presente en otros momentos de la historia reciente. El otro gran tema es el déficit fiscal, la muletilla preferida por los economistas críticos. Enrique Szewach lo describe como un "círculo vicioso": "El Banco Central emite pesos, luego los retira colocando deuda por la cual paga intereses. Para eso debe emitir más pesos, entonces necesita compensar con una devaluación. Pero se encuentra con el problema de que al subir el dólar también lo hace la inflación, con lo cual se licúa el salario y se vuelve al mismo lugar". En tanto, el consultor Gabriel Rubinstein advierte: "Si no se resuelve primero el déficit fiscal y sin crédito externo, maxi-devaluar sería acelerar la huída del peso. Se generará más inflación y mayor brecha". El Gobierno coincide con estos pronósticos. "Con la idiosincrasia argentina, con una devaluación como la que quieren volver a forzar los sectores concentrados, todo lo que aumente el tipo de cambio será acompañado por un aumento de precios", sostiene Alejandro Vanoli, actual presidente del BCRA y antes de la CNV.
-Hay, además, un factor preocupante que hace que el Gobierno busque calmar las expectativas devaluatorias, "pisando" el precio del blue y del contado con liqui. Y tiene que ver con los riesgos que trae aparejado el hecho de que la sociedad le dé cada vez más la espalda a la moneda local. Es decir, la tendencia de los argentinos a desprenderse más rápidamente de los pesos que tienen en sus bolsillos. En la jerga técnica se denomina "caída en la demanda de dinero". Es un fenómeno asociado a momentos de alta inflación y que en la Argentina tuvo su manifestación más aguda hacia fines de los años '80. En aquella época se llegaba al extremo de que, aún cuando el Banco Central moderaba la emisión, la inflación igual se aceleraba. No porque hubiera más billetes dando vueltas en la economía, sino porque éstos pasaban más rápido de mano en mano (por su desvalorización). Esta mayor rotación generaba un efecto similar en los precios. Ya hay varios expertos que están dando fuertes advertencias en este sentido. Creen que, con el nivel de inflación actual y con la incertidumbre política, se está incubando otra vez este "monstruo".
-También coinciden en que una devaluación brusca podría generar una huida masiva del peso en pos de buscar refugio en otros activos. "Hay razones fundadas para temer que, con un nuevo ajuste de la divisa estadounidense, la reacción de las variables nominales sería la de una aceleración abrupta y sin rezagos", argumenta el economista Federico Muñoz. "En enero, la devaluación de casi 20% derivó en tres meses de inflación que promedió poco más del 4% mensual. En las actuales circunstancias, el pasaje de dólar a precios sería más rápido y directo. Y no puede descartarse una espiral alcista de todas las variables nominales", completa.
-En tanto, la consultora Economía & Regiones advierte que el Banco Central no tiene instrumentos para atacar en forma efectiva y permanente la caída de la demanda de dinero. "A lo sumo puede intentar contenerla un tiempo, subiendo las tasas de interés de los plazos fijos. Pero esto se termina diluyendo si no se solucionan los problemas de fondo de la economía que son, precisamente, los causales de que la gente no quiera quedarse con pesos en la mano", apunta. "Los efectos de la caída de la demanda de dinero pueden ser fulminantes, en el sentido de que operan rápidamente y suelen acelerarse", señalan. Lo paradójico de este momento es que, aunque parece haber cierto consenso respecto de lo negativo que sería una devaluación, los especialistas consideran que -en la medida en que no ingresen dólares del exterior- su ocurrencia será inevitable. Como siempre, los ahorristas entienden estos temas más rápido que los funcionarios. No por nada la demanda de dólares, en sus versiones "ahorro" y "turista", están batiendo récords.