La familia López Fernández es la propietaria de la firma Gualtallari, elabora agua mineral y saborizadas y a un año de su lanzamiento logró competir en un sector fuerte. Tecnología de punta y controles permanentes, son los pilares de este desarrollo.
Por Viviana Pastor.
La firma Gualtallari, que en huarpe significa ‘aguas que cantan’, comenzó hace apenas un año a envasar y vender agua mineral y hace 9 meses se agregaron las aguas saborizadas bajo la marca Vertiente del Sol. Se trata de una firma en la que trabajan todos los miembros de la familia y cuya gerencia recayó sobre Viviana Fernández, la mamá.
A pesar de su corta vida, la empresa ha logrado posicionarse en el mercado y es proveedora de importantes empresas de servicios mineros; mientras que el consumidor individual también puede encontrar estos productos en algunos supermercados locales de San Juan y La Rioja. Sin embargo, Fernández es consciente de que les queda mucho por crecer.
El negocio promete: en el país mueve más de 3000 millones de pesos anuales. El agua saborizada tuvo el mayor crecimiento en el mercado de bebidas sin alcohol, el consumo per cápita pasó de 0,8 litros a 19 litros en los últimos siete años. Hoy se concentra en un público joven de entre 18 y 35 años.
Entre las primeras marcas, ahora compite este producto sanjuanino. Dicen que son los primeros en sacar al mercado agua saborizada, aunque Palmares había presentado ya su agua con té verde, antioxidante; y dos isotónicas.
El establecimiento de la familia López Fernández, ubicado en calle América y 10, en el Médano de Oro, no tiene nada que envidiarle a las más modernas plantas de las marcas nacionales e internacionales. Está diseñado especialmente para el envasado de bebidas, tiene comedor para los empleados, baños para varones y mujeres; y toda la tecnología de punta, tanques y máquinas de acero inoxidable. La pulcritud es total en la fábrica. Una ingeniera en alimentos controla todos los días el agua envasada; y como todo el proceso está automatizado, se necesitan pocos empleados.
Las máquinas trabajan medio día y se envasan unas 12.000 botellas que alcanzan para satisfacer la demanda actual. La gerente dijo que si bien hay mucha competencia en el segmento de aguas saborizadas, “estamos muy orgullosos porque llevamos muy poco tiempo y ya estamos muy bien en el mercado, logramos posicionarnos”.
Y agregó que “para nosotros es muy bueno, pero queremos seguir avanzando más; para el futuro estamos proyectando la fabricación de una gaseosa, cuyo nombre ya está registrado, D10”, dijo Viviana. También hay planes para sumar bidones de agua de 12 y de 20 litros para dispenser, “porque es algo que pide la gente”.
En la empresa, todos los miembros de la familia cumplen un rol y si bien Viviana es la cabeza visible, también participan su marido Andrés, y sus hijos María del Valle, de 25 años, Andrea, de 23 y Gonzalo de 18.
Una vieja idea
En 1979 se construyó el pozo para el surgente, el agua sale sola sin necesidad de una bomba eléctrica y está a 370 metros de profundidad; por entonces el análisis determinó que era de muy buena calidad y fue catalogada como agua mineral. En 1996 la familia compró la propiedad con la expectativa puesta en el agua que brotaba con fuerza de ese surgente, los análisis químicos seguían afirmando que el agua era excelente, “sabíamos que teníamos que hacer algo con el agua”, dijo Viviana.
En el 2008 nació la firma Gualtallari SRL, y la familia empezó lentamente y “muy desde abajo”, construyendo el establecimiento que hoy tiene casi 600 m2 cubiertos y adquiriendo la mejor maquinaria. En septiembre de 2011 se inauguró la planta, y el acto contó con la presencia del gobernador José Luis Gioja.
“Después de 3 años de iniciar la construcción, invirtiendo los ahorros de toda la vida y algún crédito, pudimos inaugurar. Esa fue una etapa de bastante sacrificio, pero vamos a seguir sumando, ahora tenemos que comprar un autoelevador”, contó Viviana.
El agua no tiene aditivos y es 100 % natural. Fernández explicó que es agua atermal, que surge a una temperatura constante de 19º todo el año; con valores en sodio muy bajos, 45 ml de sodio, “eso hace que se destaque del resto de las aguas minerales y por eso la etiqueta lleva la leyenda ‘bajo en sodio’. Cuando el agua sale del pozo pasa por un filtrado y ozonizado, no tiene otros agregados”, señaló.
Para la elaboración del agua saborizada, la familia utiliza “la mejor materia prima nacional (fructosa de maíz, edulcorantes y saborizantes), fuimos muy cuidadosos al momento de seleccionar y muy consientes de que queríamos salir con un producto de óptima calidad”, destacó.
El agua se envasa en botellas de 600 cc, para darle un plus al consumidor cuando el resto de las empresas envasan agua en 500 cc; y también se envasa en 1500 cc y 2250 cc. El agua saborizada sale en envases de 600 cc, y 1500 cc y en los sabores naranja-durazno, manzana, pera, citrus y pomelo.