entrevista a josé zuccardi

Vino, política, cultura, y revalorizar el microterruño

Desde hace ya varios años, José Alberto Zuccardi encarna una de las voces fuertes de la industria del vino local. Y lo hace con una visión de la vitivinicultura íntegra y sincera, lúcida, política y nada obsecuente.
viernes, 02 de diciembre de 2011 · 12:42

José Zuccardi se ha transformado en un personaje de trascendencia internacional. Un bodeguero embajador de la Argentina. El presidente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), director de Vinos de Argentina y miembro de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), además de presidente de la bodega Familia Zuccardi, reflexiona sobre el auspicioso presente y el futuro de la actividad sin olvidarse nunca del pasado.

¿Qué es lo que ha cambiado de la industria en esta última década y a qué se debe el crecimiento?
Yo creo que no se puede hablar de la actualidad despegando este momento de la historia; porque si se hace eso, parece que la industria vitivinícola local empieza con la llegada de los enólogos extranjeros y las inversiones extranjeras; algo que suele hacerse y que es erróneo.
Luego de la etapa colonial, que es cuando llegaron las vides a América, la vitivinicultura argentina tiene tres etapas. La primera va desde independencia hasta 1930; es la etapa fundacional, cuando llegan los inmigrantes europeos trayendo consigo el conocimiento del cultivo de la vid y, fundamentalmente, el hábito del consumo de vino, lo cual no es un dato menor. Esta etapa en la que los viticultores se enfocan en producir buena calidad concluye con una crisis de excedentes en 1930, cuando mucho vino terminó derramado en las acequias de Mendoza.
En 1940 comienza una nueva etapa relacionada con el crecimiento del consumo nacional: vastos sectores de la población se integran al disfrute cotidiano del vino y así se llega, en la década de1960, aun nivel de consumo de94 litrosde vino per cápita anuales. Esto termina a principios de los 80 con otra gran crisis excedentaria y la erradicación de más de 100 mil hectáreas de viñedos.
Y la tercera etapa comienza a principios de los 90 con lo que podemos llamar la internacionalización de la vitivinicultura argentina, en la que nuestro país se abre al mundo incorporando conceptos relacionados con la calidad, y en la que empezamos a participar del mercado internacional de vinos. Pero esta etapa es consecuencia de las anteriores y no se puede hablar de la ella separada del pasado, porque es una visión sesgada. Nuestra vitivinicultura no se fundó sobre los empresarios extranjeros y los flying winemakers; esa es una ecuación tramposa que le quita profundidad a nuestra industria
 
¿Entonces podemos hablar de una evolución?
Sin dudas. Es importante hablar de la industria con todos sus matices, y esto nos remite a una vitivinicultura que no es estrictamente del Nuevo Mundo, como la de Nueva Zelanda, Australia o Chile, enfocadas a la exportación y no hacia sus propios mercados. Enla Argentinaes diferente porque sus raíces están muy ancladas en el Viejo Mundo, en el cual el vino es parte de la alimentación y la cultura de los pueblos.
Y hay que tener en cuenta que actualmente, en esta etapa que implicó un crecimiento cualitativo y de exportaciones, más del 70% de nuestra producción se consume fronteras adentro. El Malbec y el Torrontés que hoy podemos exportar se cimentaron sobre el consumo interno.
 
¿Qué tenemos hoy que no teníamos antes?

Básicamente dos cosas. Una es que estamos en un momento en el que se reconoce una institucionalidad en la industria. Hoy hay una vitivinicultura con un plan vitivinícola con objetivos al año 2020, con instituciones, con un plan estratégico financiado con aportes del propio sector. Wines of Argentina, Vinos de Argentina y las asociaciones de pequeños productores son organismos de carácter colectivo que dan un marco institucional; y esto antes no existía.
Y otro factor clave que hoy tenemos es gente que entiende en profundidad el proceso cualitativo del vino. Hoy tenemos una nueva generación de agrónomos y enólogos que entienden el vino de otra manera. Yo creo que el patrimonio que nos va a guiar en un futuro es el conjunto humano que hoy tenemos. Y esto, además, está acompañado de un mercado que conoce y está ávido de probar vinos e interesado en la calidad.
 
¿Qué características tiene esta industria que está tan ligada a la identidad de los argentinos?

Un poco es este aspecto de la cultura del vino argentino vinculada a los inmigrantes, en la cual el vino es más que un negocio, es un producto que desde siempre fue parte de la alimentación y la cultura de los inmigrantes, que se ha mantenido en el tiempo, que hemos heredado, y que le da características muy particulares. Entonces, no sólo es una actividad comercial, sino que tiene raíces en la cultura y en la alimentación del pueblo. Cuando hablamos de vino, hablamos de una de las pocas cosas que cortan transversalmente a los argentinos, como el asado, el mate o el fútbol, que no son propiedad de una clase social o cultural.
Y otra característica muy propia de la industria local es que hay jugadores de todos los tamaños. En otros países está concentrada en pocas empresas, mientras quela Argentinatiene un grupo grande de productores y bodegas que le confieren un carácter diverso.
 
¿Cómo ve la decisión de la Presidenta de declarar al vino Bebida Nacional?
Me parece un tema fundamental; es algo que refleja una realidad porque reconoce un estatus del vino enla Argentina. Lodestacable es que el decreto no inventa nada, sino que le reconoce su carácter cultural y alimentario, lo que evita que esté sujeto a gravámenes como en algunos países que lo consideran una bebida alcohólica o un elemento suntuario. Y eso es un reconocimiento importante.
 
¿Qué le falta al vino argentino para seguir en esta senda de crecimiento?

Hoy estamos enfocados en un camino cualitativo. Tenemos que trabajar en un mayor conocimiento de nuestros terruños y en las distintas características de cada uno de ellos. La posibilidad de encontrar una relación entre las diferentes variedades con los distintos territorios y micro terruños es un aspecto que le va a dar profundidad a nuestra vitivinicultura.

Por Giorgio Benedetti

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