Luciano Riveros fue el gran protagonista de la final del Torneo Apertura de la Liga Sanjuanina. Con 13 goles en la fase regular y 2 en la final, guió a Unión de Villa Krause al título. Sin embargo, la consagración tuvo un condimento especial y emotivo: del otro lado, con la camiseta de Colón, estaba su hermano Juan Ignacio. Fue la primera vez que se enfrentaron en una instancia decisiva y la emoción atravesó cada jugada, cada minuto y cada abrazo final.
“Este título significa muchísimo. Muchísimo porque creo que todo lo que pasó a mitad de año... le pusimos siempre el pecho, siempre buscamos las formas para salir adelante, porque tuvimos muchas cosas. Tuvimos un cambio de técnico y medio que nos decaímos, pero nos juntamos a hablar entre semanas y quedamos en que le siguiéramos metiendo, porque teníamos un lindo plantel”, contó Luciano apenas terminó el partido, con el aliento todavía entrecortado.
Más allá del logro grupal, su actuación personal fue determinante: dos goles en una final y el corazón puesto en cada pelota. “Bueno, los nueve siempre quieren hacer goles, así que mi idea... y bueno, los nueve, todos, dentro de todo, quieren hacer goles. Así que gracias a Dios hoy se me pudo dar”, expresó.
Pero no todo fue festejo. Enfrente estaba su hermano, su sangre y una infancia compartida con una pelota entre los pies. “Un momento por ahí no tan feliz, porque de aquel lado lo tengo a él y sé que lo siento también. Pero también estoy orgulloso de mí porque gracias a Dios hoy se me pudo dar el campeonato”, dijo Luciano, con la mezcla justa de respeto y emoción.
La historia entre los hermanos Riveros empezó desde chicos, llevados por su papá, que también fue futbolista, a los entrenamientos en Sportivo Rivadavia. Claro que con el correr de los años cada uno fue forjando su propio camino, siempre respirando fútbol y dejando en claro la admiración de uno por el otro. Y eso se vio reflejado este domingo en Pocito, cuando el otro fue rival en la final más importante de sus vidas.