En cada edición de la Vuelta a San Juan hay postales que se repiten y ya son parte de la tradición deportiva. Una de ellas es la de Juan, el heladero del deporte sanjuanino, ese personaje entrañable que siempre aparece donde está la carrera, arriba de su moto 110 negra, con la caja de telgopor bien sujeta y cargada de palitos de agua y bombón.
En la Etapa 7, Juan volvió a decir presente y no de cualquier manera. Cargó nafta y se mandó un viaje de 143 kilómetros para llegar hasta la Cuesta de las Vacas, el punto geográfico más emblemático de San Juan y uno de los lugares elegidos por los fanáticos para seguir la competencia bien de cerca. No necesitó GPS: la hoja de ruta la tiene de memoria, después de décadas acompañando al ciclismo local.
Con su clásica corneta, Juan se abrió paso entre la gente y el movimiento de la carrera. Vendió helados, charló con los sanjuaninos y, fiel a su estilo, andaba apurado, casi dirigiendo la marcha de los ciclistas mientras la caravana pasaba por la cuesta. Una escena tan espontánea como auténtica.
En diálogo con Tiempo de San Juan, Juan contó su historia con la misma simpleza con la que recorre rutas y montañas. "Hace 40 años que estoy en esto. Siempre vendí helados y lo voy a hacer hasta que me muera", dijo sin vueltas. Su vida está ligada al deporte sanjuanino, al esfuerzo y a la pasión de estar siempre presente, haga calor, viento o kilómetros de más.
El heladero en moto de la Vuelta a San Juan: hizo 143 kilómetros para llegar a la Cuesta de las Vacas
Embed - Juan, el heladero en moto que hizo casi 143 kilómetros para llegar a la cuesta de las vacas