La 41° Vuelta a San Juan tuvo un desenlace épico con Cristóbal Baeza Muñoz como protagonista. El chileno hizo la diferencia y sacudió la clasificación general. Con un golpe de fuerza implacable, le sacó más de un minuto a Tomás Contte, pasando a liderar la general con 9 segundos de ventaja y asegurándose la victoria final en la competencia más prestigiosa del calendario sanjuanino. La última jornada, corrida el 1 de febrero, fue un circuito urbano de 144,6 kilómetros con nueve giros completos al anillo de Circunvalación, que cerró la 41ª edición de manera histórica. Su nombre se metió entre los mejores. El rey de la Vuelta: el pibe del palo del triatlón que rompió un maleficio de 43 años.
Lo más curioso de la carrera de Baeza es su origen deportivo. Antes de consagrarse en la ruta, fue triatleta de élite desde los 6 años, destacándose como juvenil y alcanzando un 8º lugar en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires 2018. En agosto de 2025, tomó la decisión de dejar el triatlón para enfocarse por completo en el ciclismo de ruta, motivado por su familia que vio su gran potencial sobre la bicicleta. Antes de su triunfo en San Juan, ya había avisado de su talento con buenas actuaciones en la Vuelta a Costa Rica, logrando podios en etapas, y en la Volta de Santa Catarina en Brasil.
Con este triunfo, Baeza Muñoz se convirtió en el segundo chileno en ganar la Vuelta a San Juan, después de Víctor Caro en 1983, quien fue el primer extranjero en conquistar la competencia, apenas un año después del triunfo inaugural del bonaerense Eduardo Trillini en 1982. La victoria del chileno no solo marcó un hito histórico, sino que también consolidó su exitoso paso del triatlón al ciclismo de ruta, dejando una marca imborrable en la historia de la carrera.