Quien haya tenido la suerte de sobrevolar la Quebrada de Zonda este domingo se habrá llevado una imagen difícil de borrar. No era solo una carrera de autos; era un rito sagrado. Desde el cielo, el mítico "ocho" del Eduardo Copello estuvo rodeado por una marea de colores que inundó cada rincón de los cerros, desde la zona de boxes hasta los puntos más altos de las laderas.
La tradición sanjuanina se leyó a la perfección desde el aire: esas pequeñas columnas de humo blanco que se elevaban entre las piedras no eran otra cosa que cientos de asados compartidos en familia, el combustible de una provincia que vive los fierros com mucha pasión de antaños.
Ver el Zonda una vez más desde areiba, las banderas flameando en las cumbres, los gazebos improvisados y ese despliegue de gente que parece colgarse del paisaje para estar cerca de sus ídolos, configuran una postal que no existe en ninguna otra parte del mundo.
Una vez más, El Zonda ruge y San Juan se detiene, en una muestra al país que la verdadera pasión fierrera tiene su capital en el corazón de esta quebrada.
Mirá el video del drone:
Embed - "El Zonda" volvió a rugir con el TC2000