Asado entre neblina y montaña: el ritual infaltable de la "etapa reina"
Ni el frío ni la neblina pudieron con una de las tradiciones más fuertes de la Vuelta. Desde temprano, los fanáticos coparon el Alto Colorado y se las ingeniaron para prender la parrilla y esperar al pelotón multicolor a puro asado y fernet.
El Alto Colorado volvió a confirmar que, en la etapa reina de la Vuelta a San Juan, el ciclismo se vive tanto sobre el asfalto como alrededor del fuego. Pese a la espesa neblina y las bajas temperaturas, la gente no dudó y mantuvo vivo el ritual que ya es un clásico: tirar la carne a la parrilla y hacer de la espera una verdadera fiesta.
Hubo mucha punta de espalda, chorizos en cantidad y parrillas improvisadas al costado de la ruta. Para ganarle al viento y evitar que el fuego se apagara, los fanáticos armaron reparos con piedras, usando la montaña como aliada. Entre brasas, humo y camperas cerradas hasta el cuello, el asado se convirtió en el gran protagonista de la mañana.
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Entre los tantos grupos que dijeron presente estuvo Antonio, más conocido como “el Huevo”, quien viajó desde La Rinconada, Pocito, junto a dos amigos exclusivamente para vivir la jornada. “Hay que venir preparado”, dejó en claro con la mesa servida: además del asado, llevó tortilla y un revuelto de huevo con perejil y ajo, bien completo para arrancar el día.
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Y como no podía ser de otra manera, el fernet tampoco faltó para acompañar la carne y hacerle frente al viento frío.
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Así, una vez más, la etapa reina no solo se corrió con piernas y estrategia, sino también con brasas encendidas, mesas improvisadas y esa pasión sanjuanina que convierte cada rincón de la montaña en una tribuna popular.