River consiguió un poco de oxígeno tras clasificarse a la final de la Copa Argentina luego de vencer a Deportivo Morón en Mendoza. La fatídica eliminación ante Lanús de la Copa Libertadores e inmediatamente el golpe en el Superclásico ante Boca habían dejado a los de Marcelo Gallardo tambaleando. Incluso el DT salió a confirmar su continuidad para generar un golpe de efecto y cambiar la energía. El clásico ante Avellaneda frente a un Independiente con la cabeza en la Sudamericana era una prueba para confirmar ese cambio de aire.
Ariel Holan paró un equipo alternativo, el martes enfrentará a Libertad de Paraguay por la primera semi de la Copa y en los primeros minutos se notó que el andamiaje del Rojo estaba improvisado. River era más y jugó los cinco minutos iniciales en el área rival: dos tiros libres, un córner y una media vuelta de Ignacio Scocco presagiaban un gol tempranero de la visita.
Sin embargo, a los 18 minutos se produjo el quiebre del partido. Amorebieta envió un pelotazo largo para el pique de Lucas Albertengo y Germán Lux cometió un blooper. El arquero salió lejos, falló en el cálculo y tomó el balón con sus manos cuando se dio cuenta que se había pasado y que el delantero se iba derecho para el gol. Silvio Trucco lo expulsó y River se quedaba con diez.
Gallardo, que había decidido por segunda vez no concentrar a Augusto Batalla (no fue buena su actuación en el 0-4 ante Talleres), mandó a la cancha a Enrique Bologna y sacrificó a Nicolás de la Cruz.
(Fuente: Clarín)