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La historia de sacrificio del crack verdinegro que emociona al Pueblo Viejo

Franco Aguirre es un pibe de 16 años al que comparan con Messi y Francescoli. Vive en San Isidro, San Martín, y todos los días viaja en bondi más de 2 horas para llegar a Hilario Sánchez. Conocé su historia.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Carla Acosta

Son las seis y media de la mañana, y en la parada de la calle Zonda, en el barrio Independencia, Franco Aguirre espera por el colectivo de la línea 18. Son más de 50 minutos de recorrido para llegar a la ciudad sanjuanina, donde debe caminar unas diez cuadras para arribar al estadio Hilario Sánchez. Esto apenas es el inicio de la historia de sacrificio del crack verdinegro que emociona al Pueblo Viejo.

Franco tiene 16 años, pero parece que tiene menos. Pesa 60 kilos, mide 1.75 metros y tiene dos pies que pueden hacer destrozos en un campo de juego. Juega en la Sexta de San Martín y su DT, Héctor Naveda, y el coordinador de Inferiores, Hugo Garelli, no dudan en compararlo con Messi y Francescoli. Dicen que es un distinto y que hay que ayudarlo, pues no tiene una vida fácil.

El pibe se inició en la cantera del club San Isidro, heredando la pasión por el fútbol y por los colores del club del Este de su papá Washington. A los 10 años se sumó a las inferiores del Verdinegro y, desde entonces, viaja más de dos horas en bondi para llegar a los entrenamientos. Con una sonrisa de oreja a oreja dice que gracias a la SUBE con descuento que le regaló una tía se ahorra de pagar casi $50 diarios y, para el bolsillo de la familia –su papá trabaja en una bodega y su mamá es empleada doméstica-, es todo un beneficio.

En San Martín termina la práctica a las 11 horas, pero se queda en el club hasta las 13 horas que regresa en colectivo a su casa. Mientras tanto, para hacer tiempo, pasa minutos en el santuario del club, donde, entre otras cosas, agradece el estar disfrutando de su gran pasión: el fútbol. También almuerza, ya que la institución le brinda todos los días la comida del medio día.

Franco, por los horarios que tiene de entrenamientos, este año tuvo que abandonar la escuela. Pero asegura que rendirá libre y culminará los últimos dos años que le quedan, pese a las 8 horas que pasa fuera de casa buscando un futuro de la mano de la pelota. Confiesa que su sueño es llegar a Primera.

La sonrisa es una de las grandes cualidades del enganche de San Isidro. Cuenta su entrenador que cada vez que recibe la pelota lo hace con una expresión que está lejos de lo dramático. "Este año tengo la satisfacción de dirigirlo. Es un chico simple y juega muy bien, que cuando recibe la pelota lo hace con una sonrisa. Es un chico diferente, que hay que ayudarlo”.

Mirá cómo juega y mirá más de su historia en este video.

 

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